Hace poco estuve mirando algunas fotos de familia. En este caso, cuando digo “familia” me refiero a mis ascendientes, de manera que las fotos son viejas y amarillentas. En una de ellas aparece mi padre con su hermano Antonio, que era su hermano gemelo (“jimagua”, decimos en Cuba) y también con varios otros integrantes de la cría menuda. De los que habían nacido por entonces, se entiende, pues los de la foto no fueron los únicos niños de la camada. La fotografía debe de tener cerca de cien años y allí todos son muy pequeños, excepto el abuelo y la abuela, que son dos personas adultas, jóvenes y fuertes. Ella no es la viejecita que en tiempos conocí; sino una mujer joven y llena de ilusiones que mira al mundo con aire soñador. El hombre es mi abuelo y es un hombre de otros tiempos. Lleva puesto un traje de principios del siglo XX y porta un mostacho como el que usaban los mambises cubanos cuando la guerra de independencia contra España. Tiene cara de lo que era, un guajiro cubano. Murió antes de que yo naciera y por eso presumo que nunca pudo imaginar que un día un nieto suyo estaría escribiendo sobre él en un paraje tan lejano a la laguna junto a la cual nació y vivió buena parte de su vida. Sé de él y de su padre –otro guajiro cubano– gracias a los relatos de mi propio padre. Esta foto de la que hablo me produce una emoción difícil de describir. La guardo con un cariño muy especial, un sentimiento que seguramente tendrá que ver con la certeza de las cosas que se saben perdidas para siempre. Y cuando la sostengo ante mis ojos y la observo durante minutos, no puedo evitar detenerme a pensar en el sentido de la vida.
Entonces me asaltan las preguntas. Surgen de improviso y me atrapan en el laberinto de mis propias obsesiones. ¿De dónde venimos y hacia dónde vamos los seres humanos? ¿Quiénes vendrán después y cómo será todo cuando pasen los años y ya no estemos nosotros, ni aquellos que vendrán después de nosotros? ¿Me recordarán los nietos y biznietos del mismo modo en que hoy yo recuerdo a mis abuelos y bisabuelos? ¿Sostendrá algún descendiente en su mano alguna foto nuestra y escribirá sobre ella?
