Las historias de Élmer Mendoza

Sobre su vida y obra

Hamlet Alcántara

Hamlet Alcántara, escritor mexicano.

Hamlet Alcántara, escritor mexicano.

 A finales de la década de los 90, Élmer Mendoza saltó a la fama con su primera novela Un Asesino Solitario, y quizá muchos podrán pensar que su obra empezó en ese momento, pero el escritor sinaloense ya tenía reconocimiento en su estado natal.

Por aquellos años, Élmer no era identificado precisamente como novelista, pero sí como cuentista policiaco. Un excelente cuentista policiaco, que ya retrataba la influencia del narcotráfico en Sinaloa y lo hacía cuando el tema no estaba en la agenda política nacional.

Eran tiempos cuando los “gomeros” eran solo un problema local, aunque ya amasaban fortunas y eran los personajes centrales de los corridos, los cuales, por cierto, todavía se tocaban en las radiodifusoras.

Hay dos piezas claves en la carrera de Élmer que lo definen. Dos obras que no están en las librerías y que deberían estarlo por su valor literario, con aquella frescura con la que Edgar El Zurdo Mendieta apareció y atrapó la atención de miles de lectores. Con el sello narrativo que lo llevó a convertirse en uno de los escritores reconocidos de la actualidad.

Cada respiro que tomas es una de esas joyas literarias. A saber cuántos ejemplares existan de este libro publicado en 1991 por el gobierno de Sinaloa, a través de la Dirección de Investigación y Fomento de Cultura Regional (Difocur), que ahora es el Instituto de Cultura.

Este libro formó parte del programa “Narcotráfico, Sociedad y Cultura” en diciembre de 1991, ocho años antes de que editorial Tusquets catapultara a Élmer como uno de los mejores novelistas del género negro en nuestro país, con esa trama en la que una especie de mercenario llamado Jorge Macías es contratado para asesinar a un candidato presidencial durante su gira por el norte del país.

Con su novela Un Asesino Solitario plantea la hipótesis de que al candidato presidencial lo iban a asesinar en Sinaloa y no en Tijuana, como finalmente sucedió. Claro está que solo se trata de una obra de ficción, que de alguna manera asemeja el asesinato de Luis Donaldo Colosio en 1994.

En cambio en Cada respiro que tomas el escritor sinaloense ofrece seis relatos. Desde Camelia La Texana hasta Malverde, pasando por el Cochiloco y Lamberto Quintero. Sí, los corridos esos que en su momento interpretaron los Tigres del Norte o Antonio Aguilar, pero desde otra óptica.

Clínica Santa María es el título de uno de estos relatos y para quienes conocen Culiacán, la capital sinaloense y sobre todo a su autor, el relato toma otro sentido desde el momento en que Élmer describe esa zona ubicada en una céntrica colonia donde se encuentra la clínica Santa María y la capilla del Carmen, ambas en la calle Francisco Villa.

Quienes han escuchado el corrido de Lamberto Quintero, que interpretaba Antonio Aguilar, es inevitable que al leer a Élmer vengan a la mente los versos “Clínica Santa María/ tú vas a ser mi testigo/ dos días después de su muerte vuelven a sonar los tiros”, pero además del hospital y la Iglesia donde oficiaron la misa del narcotraficante, la canción no dice que ahí también está la escuela primaria Josefa Ortiz de Domínguez, que en aquellos años era exclusiva para niñas, pero Élmer si lo atestigua en su relato.

No solo eso, también atrapa al lector cuando describe a uno de los asesinos que minutos antes de la balacera recorre las casas para decirle a la gente que se resguarde y llega hasta la primaria y hace lo mismo con las maestras y las niñas. Incluso hasta tiene un gesto de cariño con una de ellas a la que le regala una paleta para que no tenga miedo.

Élmer, quien fungía en ese entonces como director de la Biblioteca Gilberto Owen, estaba destinado para encontrar un lugar en la literatura moderna mexicana.

Eso sin contar con sus talleres literarios, donde muchos de nosotros empezamos a encontrarnos con las letras y su magia.

En 1993 llega Renato Vega a la gubernatura de Sinaloa y, como era de esperarse, se dan con los cambios a Difocur y Élmer es nombrado director de publicaciones, cargo que aún conserva y continúa con sus talleres por ser un verdadero apasionado por el fomento a la creación literaria.

Es precisamente por esas fechas cuando tuve la oportunidad de colaborar con Élmer en Difocur y ahí ambos conocimos al escritor cachanilla Daniel Sada.

Élmer invitó a Daniel a Culiacán para impartir un diplomado de novela, en el que participe como alumno.

En ese momento, Daniel Sada descubrió el talento de Élmer Mendoza, quien estaba dándole las últimas pinceladas a su primera novela y no tuvo la menor duda en recomendar esa obra a sus editores en Tusquets, casa editorial del sinaloense.

Han pasado varios años. Hoy vuelvo a recordar el corrido de Lamberto Quintero que comienza con aquella estrofa que dice “Un día 28 de enero…”, y es curioso porque precisamente Élmer estará el próximo jueves 28 de enero de 2016 en Tijuana para promocionar su nueva novela Besar al detective.