
Por mucho que se afirme lo contrario, yo seguiré pensando siempre que todos los pueblos tienen cualidades que hacen a sus gentes parecerse entre sí y, al mismo tiempo, diferenciarse de otros pueblos, afines o lejanos, tanto da. En estas cualidades particulares de la nación entran sus virtudes y sus defectos, y la relación entre ellos determina en mucho el paso hacia el progreso. Los cubanos tenemos, por supuesto, una buena cantidad de ambos, aunque me parece que los segundos abundan un poco más entre nosotros. Si no fuera así, Cuba sería un país próspero, que no lo es; y la gente de todo el mundo seguiría llegando a sus costas para vivir y trabajar allí, que tampoco es el caso. Como se sabe, ocurre más bien lo contrario. De manera que no voy a hablar de los defectos, pues no quiero que esta nota se haga demasiado extensa. Además, las virtudes son más agradecidas. Leer más…