"Nunca nada es para siempre"

Entrevista con la escritora argentina Esther Andradi

Amir Valle

Esther Andradi es una escritora argentina que confiesa vivir espiritual y físicamente entre Berlín y Buenos Aires. Ha publicado testimonio, cuento, microficción, poesía y novela. Sus crónicas sobre cultura, migración y memoria circulan en diferentes medios de América, España y Alemania. Mantiene vivos los lazos de una comunidad de escritores afincados en países diferentes con distintos idiomas y tradiciones literarias. Tradujo la poesía de May Ayim al español. Editó, entre otras, la antología Vivir en otra lengua, presentando escritores y escritoras de diferentes países de América Latina residentes en Europa. Ha publicado tres novelas: Tanta Vida, Sobre Vivientes y Berlín es un cuento. Mi Berlín. Crónicas de una ciudad mutante, en su edición alemana, es su libro más reciente y el motivo de esta entrevista.

Esther Andradi - Foto: Graham Hains.

Esther Andradi – Foto: Graham Hains.

Llegaste a Berlín en 1983 con 27 años y, salvo tu regreso por unos siete años a tu país entre 1995 y el 2003, eso significa, en tu caso, casi media vida en este país. Se impone entonces una pregunta: ¿Qué pervive humana y culturalmente en Esther Andradi de argentina y que hay de alemana?

Vivo entre mundos, un espacio que atraviesa el ser argentina o alemana. Vivo, leo, trabajo y me comunico en alemán y en español, pero escribo en español. El ejercicio de la traducción del alemán al castellano es un placer que me permito siempre que puedo. Pero el país de mi infancia permanece intacto en mi corazón, nací en el campo, y cuando tenía seis años mi familia se mudó a Ataliva, un pequeño pueblo de la pampa santafesina. Fue una maravilla para mí. Mi papá administraba el bar de la Sociedad Italiana, el único lugar del pueblo donde había cine una vez por semana, donde se presentaban las compañías de radioteatro, donde se hacían las fiestas populares. De ahí vengo,y aunque ese mundo ya no está, existe en mi memoria y marca mi literatura.

 

En tu biografía hay un detalle curioso: emigras a Perú en 1975 y es allí donde publicas tu primer libro. ¿De qué trata ese libro? ¿Por qué fuiste a parar a Perú y cómo recuerdas esos años?

1975 fue un año muy violento, la previa de la peor dictadura que asoló Argentina. La mayoría de las personas de mi generación emigraban a España, yo en cambio “no quería irme lejos”, salí por “tres meses” a Lima con el propósito de conocer “la socialización de los medios de comunicación”, proyecto que había iniciado el gobierno de facto del General Velasco Alvarado en 1974, y  tema de investigacion para mi tesis en Ciencias de la Comunicación.  Apenas llegué, el “Chino” Velasco, como le llamaban, fue destituido por otro general, y comenzó el derrumbe del proceso de cambios del Perú que yo había ido a conocer. Unos meses más tarde se produce el golpe militar en Argentina… y me quedé en Lima. La política me llevó al feminismo, y con la periodista Ana María Portugal escribimos Ser mujer en el Perú un libro pionero del feminismo moderno en el país.

Se trata de una recopilación de catorce testimonios de mujeres de diferentes sectores sociales, algunas muy conocidas, como Magda Portal, la extraordinaria poeta vanguardista de los años 20, militante política y feminista. La primera edición se agotó en semanas, la segunda en meses.  Los años peruanos son mi „doctorado“ en la vida, un tiempo intensísimo como extranjera y como mujer. Viví el desmoronamiento de la sociedad peruana feudal a fines de los setenta, estuve en el desierto y en los Andes y en la selva amazónica, conocí los monumentos arcanos de las civilizaciones antiguas: no soy la misma después de haber visto como el sol se filtra en la tierra para iluminar los sobrerrelieves de la serpiente en las ruinas de Sechin…

 

Usualmente los argentinos emigraron a Europa en períodos de dictaduras, y especialmente en la última, de 1976 a 1983. Sin embargo, tú llegas a Europa justo ese 1983. Y, hasta donde sé, también usualmente los argentinos emigraban en mayoría a España o Francia, ¿por qué Alemania?

En 1980 hice mi primer viaje a Europa. Llegué a Berlín Occidental en setiembre, había más de cien edificios ocupados, el movimiento alternativo florecía por aquellos meses, devine fotógrafa para registrar la movida  de las casas ocupadas, quería quedarme en esta ciudad, que, aunque encerrada en un muro, era un laboratorio social, artístico, diferente a todo lo que yo había conocido. En Lima tramité mi visa y el 31 de diciembre de 1982 llego a Berlín con la idea de instalarme tres años haciendo un doctorado en el Instituto Latinoamericano con el profesor Alejandro Losada. ¿Mi tema? Feminismo y literatura testimonial en América Latina. Elena Poniatoswka y “Hasta no verte Jesus mío”. Mientras formulo el proyecto de tesis para solicitar una beca, Alejandro Losada viaja a Cuba por primera vez como Jurado del Premio Casa de las Américas, y en enero de 1985 debe seguir viaje a Nicaragua para participar en un congreso. El avión de Cubana de Aviación que lo llevaba explotó apenas decolar de La Habana, todos los pasajeros murieron. Alejandro Losada entre ellos. Fue el invierno berlinés más frío que recuerdo: 20 grados bajo cero durante semanas, la nieve cubría la ciudad, los autos apenas se atrevían por las calles, el silencio era espeso. Me había quedado sin profesor, con una tesis incipiente, sin beca…me enfermé, infección de ovarios, estuve tres semanas en el hospital. Cuando me dieron de alta abandoné la tesis, decidí sacar mis ficciones del cajón y dedicarme a la escritura…

 

Fuiste una de las tres primeras periodistas que me entrevistaron a mi llegada a Berlín en 2006 y entonces me hiciste esta difícil pregunta. Así que puede considerarse este mi desquite: ¿qué separa y que une a la Esther Andradi periodista de la Esther Andradi escritora?

Como ves, debieron pasar muchas cosas para que yo me permitiera la ficción.Todo lo que sé de escritura lo aprendí del periodismo: la estructura de un texto, el peso de las palabras, a tener en cuenta un público. Además viví escribiendo como oficio, lo que no es poco. La periodista busca la precisión del lenguaje, y la escritora lo agradece.

El problema aparece cuando entran a tallar aspectos de una realidad paralela y se ingresa en la aventura de la ficción. La ficción nace del caos, me vincula con aspectos ocultos de personajes que pelean por su protagonismo en una trama de poder que ellos deciden, y en el relato de un mundo que ignoro hasta que ellos aparecen y me lo cuentan. Entonces la periodista hace mutis por el foro….

 

Mi Berlín. Crónicas de una ciudad mutante

Define Berlín… ¿qué es Berlín para el ser humano que eres?

Cuando llegué la ciudad me resultó extraña, distante, difícil de querer. No era como París con sus rincones que amé a primera vista, ni Madrid, con sus tentaciones sibaritas en cada esquina, y estaba tan lejos de la calidez de Roma. Sin embargo, como todos los amores difíciles, de pronto un día te das cuenta que ocupa tu corazón para siempre. Berlín me ha conquistado, y es parte de mí, como yo soy parte de ella.

 

Si tuvieras que resumirle tu libro a un potencial lector, ¿qué le dirías?

Mi Berlín recoge mis años de vida en esta ciudad en una treintena de crónicas. Es un libro que quiero especialmente, porque cuando tuve que releer estos textos para su publicación, me reencontraba en los tiempos de su escritura, y recordé momentos diferentes, amargos y dulces de la estadía en esta ciudad. Es un registro personal de las mutaciones de Berlín y del mundo que me tocó/toca vivir, y también el registro de mi devenir como escritora, porque a la vez que escribía esas crónicas para enviar puntualmente a algún medio de América Latina, iba escribiendo mi otra literatura, que debía esperar mucho más tiempo para difundirse. Y es una mirada sobre la vida cotidiana de esta ciudad que cambió, en instantes, más rápidamente que cualquier otra en el mundo.

La selectividad se impone: en esa Berlín que describes hubo un antes y un después del Muro. Fuiste testigo excepcional de ese trascendental cambio. ¿Qué es lo que más recuerdas de ese momento? Y no me refiero al suceso, harto conocido ya, si no a esas marcas que quedan en la personalidad cuando uno tiene la posibilidad de vivir momentos así.

Un instante histórico excepcional, que cambió el mundo la noche del 9 de noviembre de 1989.  Horas que impregnan la memoria. Pero un instante es el resultado de una sucesión de hechos que lo desencadenan. Ya en las semanas previas, veíamos los noticieros de la televisión y las discusiones políticas con el apasionamiento de un mundial de fútbol: la política era algo vivo, una materia salvaje para modelar día a día, un río en busca de su cauce, sin posibilidad de contenerlo. En esos momentos, la conciencia individual se funde con la historia. Algo similar volví a sentir en diciembre de 2001, cuando los cacerolazos de cada noche en Buenos Aires anunciaban el derrumbe del neoliberalismo en Argentina. Nunca nada es para siempre.

 

Algunas de tus crónicas tocan un asunto en el que Berlín parece haber sido centro siempre: el de la emigración. Tú has tenido tiempo suficiente como para tener elementos que permitan definir si en verdad Berlín es tolerante (dicen que es la ciudad más tolerante de Europa en este ámbito), si el desarrollo le debe tanto a la emigración como aseguran unos o si se ha caotizado y depauperado por ese influjo como aseguran otros. ¿Qué piensas al respecto?

El Berlín de Occidente al que yo llegué en los ochenta era un cruce de culturas: los jóvenes tenían  una fascinación por África, Asia, América Latina…pero al mismo tiempo ignoraban (casi) todo de la ciudad que estaba a un salto de langosta al otro lado del muro. Con la caída del muro entran en contacto ambas partes de Alemania. Digo “contacto” y no “reunión”, porque el proceso de unificación es mucho más complejo que un acuerdo político, como se ha visto a lo largo de este cuarto de siglo. Ambos pueblos alemanes vivieron experiencias diferentes con el extranjero, con el otro. La convivencia con el “diferente” siempre es un desafío: implica conflicto, admiración, confrontación, reconocimiento, ponerse en cuestión… hoy día el 40 por ciento de los jóvenes menores de veinte años que vive en Berlín tiene un progenitor oriundo de otro país, o ambos padres. O él mismo ha nacido en otro país… ¡pero todos son alemanes! Esta realidad forma parte de la vida de este país europeo y no hay retorno posible. A menos que se intente una politica “nacional” de preservación y proteccionismo cultural que ya no creo que funcione. Porque Alemania aprendió muchísimo de esta convivencia y de la confluencia con otras culturas. Y creció humanamente también. No todos están de acuerdo, es cierto. Incluso hubo alguien que escribió que las políticas migratorias están destruyendo Alemania. Que existan esas voces confirma la capacidad de disidencia que puede tener este país.

 

En una de tus crónicas (aunque también es referencia en otras reunidas en este libro) hablas de los estereotipos, y uno de ellos, cuando la gente se refiere a Alemania, es la de la frialdad, la racionalidad y la mentalidad estructural de los alemanes. Cuando uno lleva tiempo acá sabe que eso es insostenible (pienso, por sólo citar un ejemplo, en las diferencias entre alemanes del Norte y del Sur), pero, ¿cómo ves tú esas ideas preconcebidas generalizadoras?

Fastidia cuando alguien llega a Alemania, vive un par se semanas aquí, y vuelve a su lugar de origen consolidando los estereotipos que tenía antes de llegar. A menudo son estas voces las que se imponen, porque es más fácil afirmar prejuicios que derrumbarlos. Lo decía muy bien Ryszard Kapuściński, el gran polaco, escritor, maestro de periodistas. Recuerdo el desconcierto de un amigo alemán, que de visita en BsAs, fue a un lugar muy popular para almorzar, y quiso compartir mesa con un comensal. No, le dijo esa persona. Quiero estar solo. “¡Como era posible, si los latinoamericanos -todos- tenemos espíritu colectivo y etc etc.…”! Bueno, lo mismo pasa cuando después de vivir un tiempo entre ellos, nos damos cuenta que “lo alemán” de nuestra imaginación, está en ciertas películas, en algunas guías turísticas y en estereotipos que un sector del periodismo se empeña en afirmar, pero que no existe en la realidad. Menos mal… entonces comenzamos a disfrutar el sentido del humor, la calidez de su entrega en la amistad, o el rigor autocrítico de estas gentes, que ningún catálogo menciona.

Aunque se trata de un libro de crónicas y como tal veo una priorización mayor de la información periodística, anecdótica, sociológica e incluso urbanística, se siente una clara intención narrativa que en algunos momentos llega a ser novelada. ¿Qué puntos de contacto existen entre tu novela Berlín es un cuento y este libro?

Mi Berlín es mi mirada sobre los cambios de esta ciudad, y es el relato de esta ciudad para contar a los míos. La mirada siempre es subjetiva, pero el marco de la crónica lo da la realidad. Claro que la lectura de esa realidad también tiene miles de variables, así, la división de la ciudad se la puede contar desde tantos ángulos, y yo la conté desde el incendio de un barco llamado “Amor” anclado en un puente sobre el río Spree, muy cerca de donde yo vivía, apenas llegada a la ciudad. Lo que no podía contar en las crónicas encontró su lugar en la novela de Berlin : la invención de una realidad.

 

Finalmente, pregunta socorrida pero obligada, ¿algún próximo título en preparación?

La lengua de viaje, una recopilación de mis ensayos sobre escrituras fronterizas y otros textos nómades: la relación entre viaje y escritura, a través de las lenguas, los géneros y otras fronteras