Dialéctica del empalme ocluido;
parafernalia abrasiva de la puesta en soneto de J.L. Serrano

Ronel González Sánchez

Derrumbar el protocolo de lo posible
Óscar Borge

 

Si aún es cierto que “La postura de renuncia es la prolongación de la política de muerte de la poesía”1, como afirmó en una autoentrevista el escritor y matemático francés Jacques Roubaud, miembro del constrictivo y agitador OuLiPo de la década del 60 del pasado siglo, el holguinero J. L. Serrano (Estancia Lejos, 1971), es un corrupto (y corruptor) político que, además de suscribir un rocambolesco Tráfico de influencias2, participa en la misión de pulverizar territorios, pacíficos y amotinados, de la kamikásica y nada novedosa tendencia universal de asesinato del Poema, con personales procedimientos cíclicos de

de fluctuantes fracciones periódicas que encajan en el ars combinatoria y panóptica del soneto.

Aventajado discípulo de los juegos de lenguaje (Sprachspiel), de Wittgenstein y de la concepción lúdica de la cultura de Huizinga, Serrano evolucionó de una obra decimística apegada a las causalidades de la tradición hacia una sonetíada circunspecta, que parte de los vivarachos arabescos de El yo profundo y bulle en la artesa metastásica de su Trilogía acéfala (Más allá de Nietzsche y de Marx, Geometría de Lovachevski y Los perros de Amundsen), a la manera de un vigil Pablo Picasso que antes de ser un cubista profuso fue un disciplinado figurativo.

Acerca de la evolución de su escritura, el poeta dijo en una entrevista:

[…] Escribir décimas o sonetos posee una estructura similar al suicidio. No obstante, yo asumí tal riesgo. Aposté por un tipo de escritura en crisis. Decidí establecerme en un territorio verbal muy dañado, muy erosionado, por el conservadurismo institucional y el laboreo inconsecuente de unos pocos. Percibí que en lo formal no había que dar ninguna batalla. La décima y el soneto son excelentes artefactos. Sus mecanismos son inmejorables. A principio de los noventas los poetas se empeñaban en actualizar la décima descoyuntándola, retorciéndola, añadiéndole o restándole sílabas o versos. Boberías. La verdadera guerra había que echarla con los contenidos y no con las formas. Por eso es que […] como bien apuntas, introduzco tópicos relacionados con las ciencias, la enfermedad, la literatura, el alcohol, Dios. Nada de eso había entrado en la décima. En mi tercer libro, Examen de fe, comienzo a experimentar con rimas extrañas, esdrújulas principalmente, para sacarle de la cabeza al lector un poco de sinsontes y horizontes. Trato de cerrar a toda costa la grieta que separa la escritura métrica del verso libre. Porque querámoslo o no, hay una terrible fractura. Mis escritos se encuentran mucho más influidos por el verso libre y la narrativa contemporánea que por la llamada escritura silábica […]3

De una pasión desmedida por la obra de César Vallejo, Rubén Darío, T.S. Eliot, la novelística de Alejo Carpentier, la trova cubana, los ensayos de Octavio Paz, Jorge Luis Borges, Harold Bloom, la filosofía occidental y la heterodoxa cancionista de Joaquín Sabina, hasta el interés por vanguardias artísticas como el dadaísmo, el surrealismo, el arte minimal, el pop y el op art, la poesía y el arte experimental norteamericanos, la periférica y vertiginosa narrativa de Charles Bukowski, los performances, happening e instalaciones, pero sobre todo el espíritu Global-Art-Fusion y cínico de Joseph Beuys, reciclado por la obra pictórica del holguinero Rubén Hechavarría Salvia y un método assemblage que representa la aniquilación por sobreabundancia de los referentes en los poetas cubanos José Lezama Lima, Ángel Escobar y Carlos Augusto Alfonso. Todo engrosó el ávido y perspicaz espesor caníbal-carnavalizante, multitextual, plurirrítmico, de inquietante ingeniosidad, dilatada ironía, cinismo a todo riesgo, humor corrosivo, aunque estrambóticamente rimático y, a la larga, de duración apabullante.

Te invito a leer, en voz alta, el soneto titulado “Introducción a la demencia”, incluido en el volumen de 2005 El yo profundo, perteneciente al instante en que el sujeto intentaba expresar, desde la barthesiana cámara de ecos o The anxiety of influence de Bloom, la paulatina comprensión de los postulados de la postmodernidad, pero a la usanza lírica.

Algo tremendo se nos abalanza.
¿Con qué métrica ocurre? ¿Con qué rima?
¿Pulsar qué cuerdas? ¿El bordón, la prima?
¿Espiritar el cuerpo con qué danza?

Algo muy triste se nos aproxima.
Pensar que con el arte nos alcanza
mientras aquello se nos viene  encima
es una espuria, tétrica esperanza.

Es inútil que corras como un galgo.
Nunca a la caza le darás alcance.
Algo terrible se desploma. Algo

que no comprenderás, siquiera en trance.
Absurdo es que preguntes: ¿Entro? ¿Salgo?
En paz descanse Dios. En paz descanse. (p.28)

Ahora atrévete a mover de lugar, con violencia, por supuesto, la mampara expresiva-estructural y pon atención, no en el amontonamiento palabrante sino en los desplazamientos inducidos. Con ojos, oídos y mente muy abiertos, te provoco para que te acerques al fárrago de las próximas máquinas de rimar que, como escribió Octavio Paz en alguna parte de El arco y la lira, no coinciden necesariamente con las de poetizar.  Se trata del artefacto titulado “R. Mutt 1917”, incluido en Geometría de Lovachevski, parodia del famoso readymade “La fuente” de Marcel Duchamp, en la que como en la segunda década vanguardista del siglo XX, sigue “cabiendo todo”.

Mundos mal explorados. El sentido
no se fabrica. Lo que nos engancha
es la forma. Miramos una mancha
de tinta y aparece el contenido.
¿Ponerle a la Gioconda unos bigotes
y acostarse a dormir? ¿Es necesario
engordar la retina? ¿El urinario
construye un pedestal sin que lo notes?
¿Por dónde escapa el aire? ¿Por qué flanco
penetran los caballos de Juan Blanco?
¿Lo mismo da dipsómano que abstemio?
¿Sacarse el número? ¿Perder la rifa?
¿Que el alma imponga al cuerpo su tarifa?
¿Que en dependencia del castigo, el premio?
¿Que han ingresado en tu corral las yeguas
de Faraón? ¿Que en tu precario rancho
has comenzado a vislumbrar el gancho
de la prosperidad? ¿Fecundas treguas
o crisis abisal? ¿Desastre en ciernes?
Baldosas transitadas por quelonios
que vencen (ampliamente) a los demonios
atrincherados bajo el sol del viernes.
Has obtenido diez entradas gratis
y estás más solo que un alfil, mutatis
mutandis, más inerme que una grulla
de papel. Un minúsculo origami
colocado en el hombro del tsunami.
La representación nos apabulla. (pp. 89-90)

Obsérvese que la nueva sonetíada de J. L. Serrano  es un gran juego de descolocación clausular, de movilidad de períodos significantes que, una vez  vertidos en la fidelidad estructurológica (que lo de fidelidad es un relativismo) por dispersión vibracional, por semantología, algo así, como polisemia fustigada, y forzada, da la impresión de que los armatostes resultantes recobran la naturaleza original de la comunicación poética y que el poema ocurre cuando en realidad los procedimientos mecánicos artesanales compulsan una actitud de ocluir las ensambladuras,  cubrir con el vector serrín los nudos o desvíos de la madera perfilada hasta el cansancio, o mejor, con limallas de la factoría los engranajes múltiples hasta que la superficie se dilate en su nueva configuración.

Nada más alejado de esta obra que concepciones modernas como las de Fina García Marruz, por solo poner un ejemplo perteneciente a nuestra tradición literaria,   al referirse a que el “Poeta es ese extraño cazador que sólo da en el blanco cuando el pájaro salta, libre. Poesía es incorporar, no destruir, tener la sospecha de que aquel que no es como nosotros tiene quizás un secreto de nuestro hombre4.”

Títulos y parlamentos de películas, expresiones-lugares comunes reelaboradas, aceitadas, descoyuntadas, fórmulas matemáticas, términos de la medicina, nombres- cláusulas versales y nombres-rimas, anglicismos, germanismos, términos traspolados de la ingeniería al arte, frases entresacadas de textos de ciencias, de los recovecos de la creación literaria, artilugios propagandísticos y del estanco kitsch, soportes visuales o de cualquier índole, enunciados aprehendidos en el sistema (con múltiples fallas y averías) de bares de la Isla, jerga under u over-ground, palabras descosidas sin otro sentido que el de ser palabras “con sustancia”, cómodas, audibles, paladeables, “y mil burundangas más” -como balbucea la editora Lourdes González desde la contracubierta de Geometría…–  ingresan en el hipnótico, esquizo y frustrante aderezo de un algoritmo indescifrable que tiende a aproximarse a la infinitud entre bisagras, embragues y tuercas que sustentan el andamiaje edificado al hipertextual modo de los internautas, “espejismo” que recibe una mixtura de ventanas y links hasta simular (o acontecer como) la insania total.

Metáforma, ojo, que no metáfora, del ensamblaje de una bomba filomoderna cuya verdadera significación alcanza sus territorios de emancipatoria intuición, que no comprensión, en la cabeza del lector, como dice en su soneto de fulminante ajedrez “Torre C4”, perteneciente a Geometría de Lovachevski, explosivo que solo estalla cuando se despliegan las tropas neuronales, sinapsis belicosa en la concreción del acto de franco terrorismo poético que se deriva del proceso de instalación del dispositivo que produce la onda de choque, supersónica para el atentado.

¿Cortar el cable azul o el cable rojo?
¿Por qué no te involucras de una vez?
Faltan once segundos. Faltan diez.
Hay cabos sueltos. Hay tornillos flojos.

Los marxistas penetran en el Soho.
Los foques se desprenden del bauprés.
Faltan cuatro segundos. Faltan tres.
¿Cortar el cable azul o el cable rojo?

Te exhortan (te conminan) a que salgas
de tu escondrijo a contemplar las nalgas
de la gran meretriz. Maldito piojo.

¿Los agónicos versus el famélico?
¿Desastre natural? ¿Conflicto bélico?
¿Cortar el cable azul o el cable rojo? (p.81)

Lo interesante de este personal método creativo es que ha sido ideado para el cableado del soneto, una estrofa supuestamente incapacitada para soportar el flujo de las energías sigloveintiuno, un preterido “recipiente” de modulación poética que por procederes miméticos y repetitivos había detenido su evolución hace mucho tiempo. Tenemos que agradecer, aunque los centros hegemónicos de poder literario no parecen estar interesados en un asunto que había dejado de ser norma, que J. L. Serrano haya llegado a las letras hispánicas a cumplir la misión de hacer estallar lo excrementoso, lo que faltaba por dinamitar en la tormenta intergenérica, intra, para y meta textual que provocó la expansión y corrimiento de las fronteras de la palabra a nivel planetario.

 

Finale presto para públicos-meta impresionables

Y, para concluir mi intrusismo dialogante en (con y contra) esta obra disidente por naturaleza, como el único tratamiento honesto que merecen los cofrades es el de ser muy despiadados, tengo la posibilidad – y no voy a malgastar el chance- de desclasificar información, no altamente sensible o confidencial como acostumbra a hacer Wikileaks, porque en materia y altura de poesía possiglo XXI ya el poeta descree de semejantes adjetivos, de acuerdo con la (des) integración que ha permitido realizar el estudio acerca de cómo se erigen los textos, J. L. Serrano, definitivamente no fue programado para ser (insertar llave a la derecha): 

Serrano es, insertar otra llave, pero esta vez a la izquierda, como debe ser: 

 

Pero que, gracias a su ELO, conquistado en múltiples torneos y batallas del idioma español, y según los últimos informes del Comité Pos-Oulípico Internacional, está clasificado para el Grand Slam de la Poesía.

Congratulations, Doc!

Notas del artículo

  1. “La poesía es difícil”. Texto digital.
  2. Serrano Serrano, José Luis, Tráfico de influencias, Ediciones Unión, La Habana, 2012.
  3. González Sánchez, Ronel, “Mi trabajo es determinar relaciones causales”, entrevista al poeta José Luis Serrano, publicada con el título "Me gusta verme como un poeta incomprendido" en el Proyecto Oralitura de Alexis Díaz Pimienta el 26 de septiembre de 2013
    http://proyecto-oralitura.blogspot.com.es/2013/09/entrevista-al-poeta-jose-luis-serrano.html
    luego apareció con igual título en la revista Amnios (13): 90-101, 2013.
  4. García Marruz, Fina, “Hablar de la poesía”, texto digital.

Del Autor

Ronel González Sánchez
(Cacocum, Holguín, Cuba, 1971). Poeta, ensayista, escritor para niños, humorista, profesor universitario. Profesor Asistente e Investigador Auxiliar. Licenciado en Historia del Arte. Máster en Desarrollo Cultural Comunitario. Ha obtenido numerosos premios y ha publicado diversos libros. Actualmente se desempeña como investigador cultural en el Centro de Promoción Literaria Pedro Ortiz y como profesor adjunto en la Universidad de Holguín. Cualquier opinión acerca de sus colaboraciones en OtroLunes, pueden hacerlas llegar a ronelgonzalezsanchez@gmail.com