Saga literaria de alcances latinoamericanos

Sobre el libro Cuentos para antes, después y en lugar de hacer el amor , de Marco Tulio Aguilera Garramuño

Jorge Arturo Abascal

Cuentos para antes, después y en lugar de hacer el amor
Marco Tulio Aguilera Garramuño
Editorial de la Universidad Autónoma de Nuevo León, México, 2017

 

Se vistió con prisa, acaso sintiéndose espiada o sujeta a un acoso, sin abandonar una sonrisa que paseaba por sus facciones asumiendo formas que aparecían  y se disipaban como corceles negros en una noche de relámpagos. Escogió un vestido de tela impúdica y dúctil, ceñido al cuerpo como un apasionado y lento aceite, que desnudaba el inicio de sus muslos, la totalidad de sus brazos y sus hombros, el final de su espalda.

Así escribe Marco Tulio Aguilera Garramuño, pareciera que desde siempre la sensualidad y el erotismo son blancos por los que este autor puede arrojar saetas de palabras y dar siempre y sin rodeos en el blanco. Con sutileza, elegantes, sus cuentos expresan –me parece las pulsiones íntimas y vitales de su creador. Porque entre esos territorios se mueve con un desenfado literario tan inconfundible como logrado.

El título audaz y peculiar del libro que hoy nos reúne nos confirma que existe en la obra de Marco Tulio un elemento que la unifica, que le da un carácter común a periodos distintos de su formación como escritor: el erotismo, que es, al mismo tiempo, el motor que mueve a sus personajes que les da vida, el erotismo y su padre o su hijo: el deseo.

Les comparto otros dos ejemplos de esto que digo: éste más, digamos, hogareño:

Dos actitudes de Virgen sacan de quicio a Aquiles: la de descubrirse los pechos con aires de diva fatal y ofrecerlos a los labios diligentes de su marido, y la de recoger las piernas bajo las sábanas para despojarse de las pantaletas. Sólo en esos momentos puede descansar Aquiles en la certeza de que el camino hacia el polvito es irrevocable.

Virgen toma la gran cabeza de su marido y la conduce con pericia hacia los lugares que debe visitar. Dama delicada y experta, guía a su dragón doméstico a pastar a campos plagados de visiones y encantamientos, le permite el vislumbre y el goce fugaz de los nichos aromados y lo deja abrevar en su manantial más profundo.

La mujer lanzó un prolongado y feliz “¡ah!” Permaneció casi media hora con los ojos cerrados, la boca entreabierta y el cuerpo desmadejado, al tiempo que su corazón se iba sosegando bajo el oído atónito y sereno del hombre

Decía juguetón Juan Ramón Jiménez: Yo tengo  escondida en mi casa a la poesía, por su gusto y el mío. Y nuestra relación es la de los apasionados, ¿Cómo escribir poesía sin pasión? Pregunto.  Peaje ineludible por el que tiene que transitar el creador.  Pasión por la palabra  y sus abismos, por los sonidos desmenuzados en suspiros,  pasión por la mujer y por el hombre, por la vida y por el arte, pasión por el camino y sus andantes, pasión que es rabia, amor  y consecuencia, de ese talante y con esa fuerza sucede la escritura de Marco Tulio:

Aquiles sintió que lo habían desnudado de su piel desde la cabeza a los pies y gritó ¡Te amo! Que le nació ronco, libre por completo de amor propio, definitivo. Sintió que toda la extensión de la flecha de su descendencia era bañada por un río de luz y supo que había hecho honor a su esposa en el instante en que ella perdió el control de su cuerpo, quedando como un océano sin olas, relajada, en el sueño feliz del amor satisfecho.

La vida extiende su poder dentro de la literatura, y la literatura de la que hoy hablamos respira desde palabras y párrafos, desde formas y fondos estéticos por medio de personajes entrañables, vitalísimos, incluso hasta cuando provocan compasión. Veamos:

-Esta casa nos queda demasiado grande.

La miró con lástima. Aunque no lo dijo, ella entendió “el mundo nos queda demasiado grande”. Pensó que tenía razón el viejo. Uno se va encogiendo, se arruga, se seca mientras el universo sigue floreciendo, las estaciones se suceden y la existencia sigue indiferente su cauce. Los viejos son como las semillas que se encogen por dentro de sus cáscaras. La sonrisa aparente y el desastre por dentro. Prefirió dejar de pensar. Otra vez el pálpito había comenzado a avanzar. Ya tenía la boca seca.

Cualquier día iba a caer sobre el piso como un árbol de tronco hueco y vacío y nadie acudiría a levantarla. No quedaría más que el polvo.

O aversión

Mi hermano tenía la particularidad de suscitar recelo, temor e incluso odio. Y es que aparte de fealdad pasmosa, cuyo origen podría entenderse en la asimetría de sus facciones y el espectáculo lastimoso de su cuerpo contrahecho, Aram disfrutaba de una serie de defectos entre los cuales la vanidad destacaba como una montaña de pico nevado en medio de una llanura sin horizonte. Tal lacra, en confabulación con una inteligencia privilegiada, lo llevó a engendrar un monstruo, hijo natural del orgullo, que nadie en su sano juicio puede soportar: el desdén hacia sus semejantes.

Pero si esto fuera poco, que no lo es, en este libro deambulan personajes hilarantes  y recursos narrativos manejados con destreza, son dos ámbitos caros y atractivos: el humor y la metaficción, va dos sendos ejemplos:

Le sugerí tímidamente que me quería bañar y ella dijo bien, chico, adelante, pero necesitaba que se retirara para desvestirme. Anda, niño, acelérate, dijo, y comenzó a quitarme la ropa, hasta el mero meollo, es decir, el calzoncillo… pues me desnudó la reina, me empujó a la regadera y ahí estoy moviendo el culín cuando siento una mano recorriéndome la espalda, era Noe que se había desnudado y estaba a mi lado con estropajo y jabón restregándome con delirio de lavandera.

“Me bañó, se bañó (sin consecuencias linfáticas) y a las 9 estuvimos bajo el árbol de mango, Noelia declamando su poesía. Hijo, aquello era el mismísimo Luzbel hembra cogiéndose a la castísima poesía que gritaba ay ay ay me duele pero me gusta, cada palabra suya parecía salir con lenguas de fuego, sangre e intestino, flora y fauna del trópico, el puro esplendor barroco en la Zona Tórrida, y fue la apoteosis,    

Las palabras salen de la página, se desdoblan, se miran a sí mismas y nos comunican lo que ven, es la metaficción una aventura narrativa sugerente, que nos arropa y arrastra hacia lo que leemos, que nos invita a entrar:

-Insisto- dijo Melissa- Dios nos está escribiendo.

-La frase es poco original. Unamuno escribió: “Dios nos está soñando ´ ¿No es lo mismo? Torcuato Luca de Tena, creo, escribió “somos los renglones torcidos de Dios”. También está el asunto de Pirandello. No sé si lo conozcas.

(Oh, Dios, esto ya es demasiado. Parece un tratado de crítica literaria filosófica, la crítica más desacreditada en West Virginia State University. No un cuento. Hay que regresar a la acción).

Los cuentos de este libro son un referente certero de la capacidad narrativa de su autor, y además nos permiten constatar la existencia de un mundo de imágenes, formas, deseos y ritos, que a través de la mirada de Marco Tulio se transforman en una saga literaria de alcances –no tengo duda- latinoamericana, en una estética de lo vivido y lo soñado. Cualquier semejanza con la realidad no es una mera coincidencia, es una búsqueda exitosa que confirma los vaivenes vitales de estos tiempos desde la potencia creadora del escritor.

Si las obras magnas trascienden a su autor- dicen los manuales elementales de estética, Cuentos para antes, después y en lugar de hacer el amor tiene, por su valor literario, por la sapiencia narrativa con la que están construidos, por la humanísima calidez que los conforma, por el jugueteo y el ritmo, por su espléndido manejo del lenguaje, auguro, tendrán una muy longeva vida, en buena hora, agradezco su existencia.