En cada cosa duerme una canción

Sobre Floreced mientras. Poesía del Romanticismo alemán, de VV.AA

Jorge de Arco

Floreced mientras. Poesía del Romanticismo alemán
VV.AA.
Edición bilingüe de Juan Andrés García Román
Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2017

 

“Soledad de los bosques,/ que me recreas/ hoy tanto como ayer/ en tiempo eterno,/ ah, sentir tu recreo,/ soledad de los bosques (…) Soledad de los bosques,/ de nuevo me recreas./ No hay nada que me dañe,/ no habita aquí el rencor./ Aún sentir tu recreo,/ soledad de los bosques”, escribía Ludwig Tieck (1773 – 1853) hace ya más de dos siglos. Junto a él, una extensa nómina de autores conforma la sugestiva antología de poesía del romanticismo alemán que ha preparado, traducido y prologado Juan Andrés García Román y cuya edición ha estado al cuidado de Jordi Doce.

Se trata de un volumen necesario y revelador, pues se echaba en falta un detallado compendio de la trascendente repercusión que trajo consigo este movimiento. Y no sólo dentro de las letras germanas, sino en el marco de la literatura europea.

En su amplio y personal estudio, García Román se extiende en un somero análisis de las circunstancias que permitieron, alentaron y consolidaron esta nueva estética. Las nefastas consecuencias de la Guerra de los Treinta Años, los efectos contradictorios de la Revolución Francesa y la idealización de las artes -poesía, música, pintura…- como mejor manera para reinventar un mundo cómplice y común, fueron dibujando un escenario propicio para sostener este radical cambio de tendencia.

“El mundo debe ser romantizado. Así redescubriremos su sentido originario (…) El proceso está en vías de revelarse. Romantizo cuando doy a lo común un significado superior, al familiar una apariencia misteriosa, a lo conocido el valor de lo desconocido, a lo finito la apariencia de lo infinito”, dejó anotado Novalis en unos de sus fragmentos (1797 – 1798).

Las tesis románticas otorgaban, a su vez, suma importancia, a la idea de restaurar la unidad perdida entre el hombre y su entorno. Para ello, era fundamental cultivar el alma y potenciar desde lo más hondo del espíritu todos los sentidos. Se pretende instaurar una fe que alimente la posibilidad de crear un microcosmos interior y solidario. Y desde tales premisas, desplegar una naturaleza moral que consolidara los valores fundamentales del ser humano.

El “alumbramiento de una biblioteca popular”, o lo que es lo mismo, hacer que toda creación no fuera un proyecto individual, sino una realidad colectiva, se convirtió en otro de los logros del romanticismo alemán. Al hilo de tal reflexión, García Román escribe: “Los románticos se aprovecharon de una época en la que el apetito lector (avance de la burguesía, más horas dedicadas al ocio, mejora y expansión de la imprenta…) se multiplicaba exponencialmente y supieron hacer de sus textos un diálogo con su propia recepción, algo inaudito en la historia de la literatura. La suya fue una jugada maestra porque convirtieron en coautores de sus poemas (y en actores de sus novelas y sus dramas) a aquellas masas populares ansiosas de novedades”.

El volumen se abre con los poemas de August Wilhelm Schlegel, nacido en 1764, y se cierra con Heinrich Heine (1797 – 1856). Entre ellos, un amplio elenco de relevantes poetas: Ernst Moritz, Friedrich Hölderlin, Fiedrich Schlegel, Novalis, Ludwig Tieck, Wilhelm Heinrich Wackenroder, F.W.J. Schelling, Philip Otto Runge, Friedrich de la Motte Fouqué, Clemens Brentano, Karoline von Günderrode, Achim von Arnim, Bettina von Arnim, Justinus Kerner, Ludwig Uhland, Joseph von Eichendorff, Gustav Schwab y Wilhelm Muller.

Para la edición, se ha tenido en cuenta la belleza y dignidad de los textos junto con la plural diversidad de propuestas. Los poemas aparecen ordenados de manera cronológica y, con buen criterio, se ha evitado verter con rima los versos.

La diversidad de metros y estrofas -glosas, sextinas, sonetos, madrigales- y el grato son que acompaña a los textos, hacen que la lectura del libro se convierta en un verdadero disfrute lírico.

“Los románticos fueron al fin los trovadores de la nueva Alemania”, apunta el antólogo. Y a fe que, en muchas de estas páginas, queda constancia de su amena música, de su armónica sinfonía.

Quede, como ejemplo, el lúdico decir de Eichendorff en su poema “Varita mágica”: “En cada cosa duerme una canción,/ en cada cosa sueña que te sueña,/ tú di tan sólo la palabra mágica/ y el mundo se alzará y cantará”.