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XII
¿quién sabe mi voz
que se empina
hasta el umbral de las angustias
si en cada término está también
el signo escapadizo de la mordaza?
desayuno y el pensamiento espera
mudo y horrible, junto al límite
del pavor:
digo que me he perdido
o mejor
que nunca he sido
y dicho esto
sobre las estaciones y su tránsito
queda esta rabia
que se entra por la semilla
en lo amargo del objeto
y la precariedad esmaltada de la taza
XXV
la esperanza (si lo es)
ha de ser blanca en su insólita desnudez:
a partir de hoy sólo leeré la página virgen
la no escrita.
Cómo hacer la blancura y la piedra, Dios,
sin respirar?
seré bueno una vez muerto
ahora sólo soy yo y araño y grito
y recelo del agua que viene y se disculpa
por la ausencia de los huesos
tan tristes como son por dentro, repetidos
cuando arrastran mi cabeza por la acera
y el árbol por la memoria
un dolor antiguo
es el bálsamo interior de las nubes
únicamente los maderos
debían flotar sobre las aguas
lejos de la mezquindad y este ojo derecho
casi ciego
XXVII (teatro de difuntos)
abierto está al fondo de todo
el teatro que vende la superficie húmeda
del verano
ave César, los que van a llorar
el bolsillo lleno de naipes iguales
(el reloj es un paréntesis)
y mi propio ángel que muere
son umbral que cruzo en vilo
hasta la zona del sueño y lo prohibido.
Algo sucede siempre, quién sabe dónde
el escenario y su juego
o el estar fluyendo en el desconcierto
del beso
creaturas de volúmenes exactos, precisos
- cosas pequeñas,
objetos nimios- flota
el rebaño triste.
Pongo mi nombre como quien pone
una cruz
en la pared y su precio
y volveré por la tierra:
me entraré como una raíz
(cerremos las tumbas
no vayan a regresar los muertos)
hasta el cartel que dice
Se prohíbe creer en el arcoiris
cuando llueve
el público pide lo imposible.
De "Reiteraciones o peregrino al borde de la tierra"
De bachilleres, poetas y túneles como calendarios
¿A dónde va, señor Don Quijote?
¿Qué demonios lleva en el pecho (...)?
El Quijote
Sueño huir, sin término quizás,
hasta que no escuche el grito de los gigantes en celo:
los poetastros oficiales han conquistado la ciudad,
debo cumplirme en la palabra andante
-y en el misterio del verso-,
en la cuasi ebriedad del fracaso eterno.
Canto sublime el del suicida,
que sobrevive a cuartilla de arroz frito con cerveza.
Pero aún creo en los oráculos,
en el milagro de la esperanza,
en el aleteo del relámpago,
en el infiel aroma del sexo
y en la desbandada constelación de los locos.
Esperándome estará en la ceniza
-isla que flota en mi cuerpo-,
tierra de castigo, casa en llamas,
rosa de oro, mi Dulcinea
y el aguamiel de sus pechos.
Creatura eterna de la peste, ángel de cristales,
andaré el cielo todo del espejo roto
como barco de holandés errante,
la ruta migratoria de las nubes,
el trópico de la persecución y la magia
hasta la proscripción del asombro,
los pájaros del olvido
y mi cumplido destino:
la humana voz del silencio,
que hijo seré de mis molinos.
II
Los leprosos exiliados del sueño
a la sombra de la culpa
no verán jamás el asombro perpetuo de las manos,
la alucinante agonía del sol.
¿Cómo descenderá por las esquinas del cielo
la pupila insomne de los muertos
-Heredia, Novás y un repentista sin nombre
y un caballero maltrecho-?
El carnaval como sudario
en la eterna enfermedad de la derrota,
el conjuro del llanto,
la autocrucifixión de los dioses,
son la visión de luz en los rastrojos del hambre;
no hay tertulia en el imposible café de los bares.
Vestida la rosa de indiferencia que espanta
habremos conocido la olvidada aurora
en las fronteras de la ausencia,
en la profanada palabra de los poetas muertos.
Al amor herrumbroso y desnudo
y a la locura perenne de la duda,
debemos el porvenir en el interior de la piedra,
el sexo muerto al centro preciso del deseo,
la lluvia poéticamente vertical
en una ridícula edición de provincia.
Éclairer! Éclairer!
Ampárenos el diente feroz,
la embriaguez de la estrella
y el viento colérico del desarraigo
hasta la luz y el sabor inevitable de las ruinas.
Ven conmigo a la sombra de las administraciones,
al débil, delicado color pálido de los jefes,
a los túneles profundos como calendarios (...)
Neruda
III
Soy uno y otro el espejo, la imagen y yo,
forma visible del espíritu mi vértigo roto
y el lento acabarse de cada ola
al final de la calle,
la inmoral poesía de los indiferentes,
tu nombre por el mío en este año de difuntos
de tantos veranos muerto.
Animal codificado en el polvo de las amapolas,
la burocracia juega a los dados
en las bajas ciudades,
en estas cuatro paredes absolutas:
el mundo amarillo y vacío de la deshojada mano,
la palabra redonda y gastada,
los costados sin término de los muros
donde todos los poetas –mienten los bachilleres-,
trabajan como poetas.
A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo*
como ajusticiado perro que lame la memoria.
Habito países que nunca he visitado,
parto cada vez sin haber llegado nunca.
La ecuación perdida de esta ciudad tomada
me dice que soy extranjero ante mi propia muerte;
desnudo cadáver en mi interior
Atenas ha caído pero alcanzará su precio
en la subversiva lanza de cualquier costado
o en el libro hermético
o en el sueño de los laberintos.
Sólo resta la lujuriosa escritura,
el ritual de los nombres,
el mudo grito de Munch y la ínsula de arena.
En este nunca ido año de funcionarios interminables
estaré siempre en los falsos papeles
y el fuego fatuo de los acantilados,
como cruce de caminos,
como punto cardinal del odio.
Espanto de la piedra.
Escriba que bebe el llanto de su suerte.
A veces en la noche yo me revuelvo
que ni aún escrito y muerto es dócil el verso.
* A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo
en este nicho en el que hace 45 años me pudro (...)
Dámaso Alonso
De "De las altas ciudades, poemas de miedo y exilio" (inédito)
(Matanzas, Cuba, 1953). Ha publicado los poemarios "De la desesperanza y otros poemas" (México, 1999) y "Reiteraciones o peregrino al borde de la tierra" (Autoedición del autor, Valparaíso, 2007). Es autor, en colaboración con I.S. Merlin, de "Antología de la Poesía Cósmica de Matanzas" (Frente de Afirmación Hispanista, México, 2003). Como promotor de arte ha curado y organizado las muestras "De La Habana a Buenos Aires: cuatro pintores, una visión cósmica" (2003) y "Proyecto itinerante de pintores cubanos y chilenos" (2007-2008), en galerías de La Habana, Buenos Aires, Miami y Santiago de Chile. Desde 2000 edita de manera artesanal la revista independiente de poesía "Arique". Reside temporalmente en Chile.