

De Otro Lunes:
En el número anterior de nuestra revista (5 de 2008) hicimos mención a la publicación, en el año 2000, gracias al Programa de Becas de Traducción Literaria del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, de México, y a la colaboración y apoyo del Instituto Anglo-Mexicano de Cultura A.C. y de The British Council, por parte de la editorial Trilce Ediciones S.A de C.V, del libro La Generación del Cordero. Antología de la poesía actual en las islas británicas, nacida luego de un exhaustivo y muy riesgoso trabajo de selección, traducción y prólogo de los escritores Carlos López Beltran y Pedro Serrano.
En este número, como invitados a nuestra sección Cuarto de Visita, traemos a otros seis poetas, nacidos en Londres, a quienes ahora podemos leer gracias a la mencionada antología que, desgraciadamente, no ha alcanzado la difusión que merece por sus exquisitas propuestas que, como dijimos en el número anterior, debieran ser contempladas en todos los estudios sobre la literatura de lengua inglesa en las universidades de lengua hispana.
“La demarcación de las generaciones“
En el territorio de la poesía, una de las obsesiones del siglo XX rué la de definir, delimitar y nombrar a las generaciones. Gran Bretaña es un claro ejemplo de ello. A lo largo de las décadas, tanto críticos como poetas fueron marcando, a través de sucesivas antologías, los momentos en que consideraban que una nueva generación poética había surgido. En una de las más recientes, realizada por Blake Morrison y Andrew Motion (The Penguin Book of Contemporary Brítish Poetry, 1982), estos poetas escribieron: "Hay puntos en la historia de la literatura en los que se dan desplazamientos decisivos de la sensibilidad. Se tocan nuevas y agresivas notas; las convenciones son confrontadas o simplemente desenmascaradas como tales; las innovaciones de la forma acompañan la incursión en temas inusuales. Durante un lapso los poetas jóvenes de antecedentes y temperamentos muy diversos pueden tener la sensación, o puede que sean los críticos quienes la tengan, de que están trabajando sobre líneas similares." Esa antología intentaba justamente registrar la emergencia de una nueva generación, y sus autores, como otros antes, asumían el riesgo de que su demarcación fuese más una cuestión ilusoria, y puramente cronológica. Ubicaron en Seamus Heaney (1939) el punto de arranque, y en Paul Muldoon (1951) el de llegada. El que se trate en ambos casos de poetas irlandeses era un reconocimiento abierto de que la poesía británica estaba siendo profundamente moldeada por escritores no ingleses, provenientes de las periferias del antiguo imperio. Es conocida la reacción de Heaney — que hoy juzga él mismo excesiva — de haber rechazado el adjetivo británico para sí, escribiendo que su pasaporte es verde y jamás brindó por la Reina. Nosotros desde nuestra relativa distancia, queremos concebir lo británico aquí como un espacio comunitario, cultural y geográfico que pasa sobre las innegables divisiones políticas. Gran Bretaña en todo caso empezaba a dejar de ser un centro imperial para convertirse en un lugar de encuentro entre iguales. La nueva ruta que los antologadores señalan como promovida por aquella generación (con Heaney a la cabeza) trasciende las limitaciones que las poéticas vanguardistas de las generaciones previas habían dejado establecidas. Ante la crudeza y alta tensión emocional de la poesía que hasta entonces era considerada como frontera, de un Robert Lowell o un Ted Hughes, la generación nacida en los cuarenta retomaba elementos valiosos que habían sido dejados de lado: la riqueza expresiva de recursos como la alusión, la alegoría, la narrativa, y los monólogos dramáticos. Y reciclaba además formas y patrones de estrofas en desuso, como les habían enseñado a hacerlo, apegados a la tradición inglesa, Philip Larkin yjohn Betjeman.
Hoy que Seamus Heaney ha obtenido el premio Nobel, y que Paul Muldoon se empieza a definir como uno de los poetas indispensables de los principios de este siglo, es posible ver con más distancia y claridad (aun asumiendo sus desenfoques y puntos ciegos) el panorama delimitado por Morrison y Motion en su antología. Kilos detectaron, más que algo culminado, los primeros síntomas de un movimiento —y con este término no nos referimos a ningún impulso vanguardista, sino a algo cercano a los desplazamientos topológicos— que se ha profundizado y arraigado, ocupando el espacio de la poesía de las islas británicas, hasta transformarlo dramáticamente. Lo que en 1982 apenas asomaba sus primeras ramas con poemas de Muldoon, Douglas Dunn.James Fenton, Craig Raine, Christo-pher Reid, Carol Rumens, Fleur Adcock y Hugo Williams, es hoy un creciente y abierto árbol poético, complejo y maduro, que tiene decenas de ramas saludables, si se nos permite la metáfora, ahora botánica.
Hoy podemos afirmar con claridad que hay una carnada de poetas en activo en las islas británicas que poseen con creces todos los rasgos de ser una generación históricamente defini-toria. Los poetas que hemos antologado aquí comparten un aire de familia. Esto se debe simultáneamente al hecho llano de que son hijos de su tiempo, y al otro menos evidente de que han ido madurando en un medio donde la poesía como arte está en efervescencia y redefinición. A pesar de sus muy diversos estilos, influencias, orígenes y compromisos estéticos y vitales, estos poetas producen en quien los lee un regusto y una sorpresa similares, cuya fuente corre por encima —o por abajo— de los poemas en sí, y que podríamos definir como una "tensión de los tiempos". Es claro que las vivencias análogas de cambios culturales, económicos, tecnológicos y políticos (aunque desde lugares a veces diamet raimen te opuestos), no bastan para explicar la comunidad que aquí se destaca. Hay también un deslizamiento generacional específico con respecto a la experiencia poética; es decir, una mutación vivida de manera simultánea por los poetas que comienzan a escribir durante los años setenta y ochenta, con respecto al arte mismo. Y es a partir de ese nodo personal que vincula al poeta con el arte y sus aristas (sus zonas de origen y de influencia) de donde proceden las similitudes que percibimos como delimitadoras de este deslizamiento generacional. Rasgos que, si no existiese la factibilidad del equívoco, los llamaríamos posmodernos.
En esta antología lo que hacemos, como dijimos, es un movimiento de traslado, que se agrega al de la selección. Se trata de un doble desplazamiento. Elegir y traducir. Recorremos así, frente a la nueva poesía británica, dos ejes de libertad. Ejercemos el juicio y el oficio, escogemos y ponderamos, en dos direcciones ortogonales. Lo que hacemos es poco usual. Antologar hoy a nuestros estrictos contemporáneos, pero de otro ambiente y otra lengua. No acudimos a los poetas ya consolidados (siguiendo por ejemplo el listado de Motion y Mo-rrison), sino, prescindiendo de toda una generación, asumimos el riesgo de formar nuestra propia lista de poetas significativos cuando apenas han publicado, la mayoría de ellos, unas pocas colecciones de versos. Queremos entre otras cosas renovar y hacer más vital la imagen que en nuestros países hispanohablantes se tiene de la poesía británica, aunque el afán didáctico termina ahí. En México, por ejemplo, bajo la so-brecogedora mirada de Octavio Paz nos acostumbramos a ver como relevantes, y en consecuencia a traducirlos, a los pocos poetas aceptados por su sensibilidad. Sólo un puñado: Michael Hamburger, Charles Tomlinson, Geoffrey Hill, alguno más y paremos de contar. Poetas, para decir lo menos, bastante poco representativos. A regañadientes se incorporan las voces de Hughes y Heaney, y más recientemente Thom Gunn y James Fenton. El desdén por un sinnúmero de otros grandes poetas que hoy ya son mayores es asombroso. Siendo claros, con todo y los vacíos, la poesía británica que ha sido traducida cabalmente al español se termina con Seamus Heaney, nacido en 1939. La mayoría de los poetas aquí incluidos nació después de 1950. Así, en este trabajo nos estamos saltando toda una década con poetas significativos, algunos ya mencionados arriba (Fenton, Reid, Raine, Jennings, Dunn, Adcock), pero nuestro interés no ha sido pedagógico, sino vital. No es la historia de la literatura lo que estamos trabajando, sino la experiencia actual de la poesía. Ya habrá quien incorpore a nuestra lengua estos poetas indispensables.
Con este trabajo queremos forzar un poco la mirada. Pretendemos además hacerlo con lo más actual, y por lo tanto riesgoso, pero también con lo más fecundo, desde nuestro punto de vista. Nuestra apuesta es traer a la poesía en español lo que podría llamarse la escena presente, y afirmar, con algunos otros, que se trata de la generación más interesante en muchas décadas en el ámbito de las islas. La poesía que ellos están escribiendo hoy se debe contar entre las más vivas, dinámicas y sabias de este tiempo”.
Nota del artículo:
1.- De: “Las corrientes del Golfo”, prólogo a la antología La Generación del Cordero. Antología de la poesía actual en las islas británicas.
Poeta, ensayista, historiador de la ciencia, filósofo de la ciencia. Nació en Minatitlán, Veracruz, tres días antes del temblor de 1957. Se doctoró en 1992 en el Kings College de la Universidad de Londres con una tesis sobre la construcción del concepto moderno de herencia biológica. Como poeta es autor de Entre los intersticios (La Máquina de Escribir, 1980); "Ciudad erial", en Postales (SEP-CREA, 1986); y Las cosas no naturales (Trilce Ediciones, 1997). Sus trabajos académicos y ensayos están dispersos en libros colectivos, revistas y publicaciones periódicas, esperando su acomodo en libros propios. Ha sido integrante de las revistas Artes Visuales, Naturaleza, Cartapacios, y actualmente lo es de Fractal. Es investigador y profesor de la UNAM, en donde recibió la distinción para jóvenes académicos por investigación en humanidades en 1997.
Nació en Montreal en 1957. Estudio Letras Hispánicas en la UNAM y Letras Inglesas en la Universidad de Londres. Fue fundador de la revista de literatura Cartapacios, jefe de redacción de la revista México en el Arte, y es miembro fundador de la revista Fractal. Ha hecho crítica cultural, literaria y dancística. Editó una Antología de narrativa mexicana actual para la revista Storm (Jonathan Cape, Londres, 1992) y el catálogo México Hoy (Casa de las Américas, Madrid, 1992). Su ensayo: "La construcción del poeta moderno: T. S. Eliot y Octavio Paz" se publicará este año. Con el compositor Lúe LeMasnc escribió la ópera Les marimbas del exile/ElNorte en Veracruz escenificada en Francia y México en el año 2000. Sus libros de poemas publicados son: El miedo (El Tucán de Virginia, 1986) e Ignorancia (El Equilibrista, 1994). Ha participado en encuentros de poesía y publicado en revistas de diversos países.