Otro lunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Septiembre 2008. Antilde;o dos. Número cuatro

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Datos de la revista, febrero 2009, año 3, número 06
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Bosquejos de El Emperador

 

José Gabriel Ceballos

Página 1

Ivo Rodrigues parece una matrona fornida y pintarrajeada, pero a veces parece un emperador. Si se quiere, una veterana emperatriz, pero es que incluso lo llaman emperador. El Emperador de los Placeres. Un emperador de la Roma decadente, eso parece en ciertas ocasiones.

Feroz el rouge que ensancha sus labios. Voladoras pestañas postizas, lo diabólico de las cejas acentuado por el rímel. Los cachetes —amplios, algo desproporcionados en relación con la recta nariz que a menudo se frunce melindrosa o des­pectiva— saturados por el polvo que tiñe de rubor su piel morena de tono claro. Así lo mostrarán casi todos los retratos que la ciudad ha de guardar mucho después de su muerte. Pero en todos ellos, algo recordará potestades imperiales, algo mu­cho más que los ojos arrogantes, la sólida barbilla, el grueso cuello. Ese rostro nos dice que su dueño no sólo sabe reír y mirar como un emperador, sino que también sabe amar, odiar y perdonar como tal.

El Emperador de los Placeres tiene una estatura acorde con su condición imperial. Mide un metro noventa, más o menos, el más y el menos por sus zapatos femeninos de tacones altos.

Tiene también por lo demás un cuerpo acorde con su título imperial. Un cuerpo engrosado y ablandado por los placeres, pero que no olvidó la eficacia de la lucha necesaria para sobrevivir, aprendida desde sus orígenes. Sus puños pueden pasar de mariposa a coz de muía sin otra señal que un parpadeo. Sus dedos, saltar desde la suavidad con que luce sus anillos y apre­tar una garganta hasta exprimirle todo el aire en un minuto.

 

Reina desde el burdel La Mariposa. Su poder tuvo otros asientos (el ya desaparecido burdel Ikebana, el aún existente Sol Vermelho), pero cuando se inauguró La Mariposa, allí donde nace la calle Tiradentes, sus allegados supieron que desde ese prostíbulo ejercería Ivo su reinado hasta el fin.

Aquella noche inaugural se ha vuelto mítica. Se dice que hubo tres orquestas, dos argentinas (una de tango) y una traída desde Curitiba. Que Teresinha do Mel y María Dourada, las dos rubias legendarias, debutaron entonces allí con su strip tease doble que tanto contribuyó a dar fama a la casa. Que asistieron hasta los Intendentes Municipales de Uruguayana y Paso de los Libres y ambos cónsules, aunque —claro— no en carácter oficial. Se debe considerar que Ivo ya reinaba plena­mente en la frontera, ya poseía por lo menos siete u ocho burdeles a lo largo de la orilla brasileña del río Uruguay. En Uru­guayana (tres, con La Mariposa), en Itaquí, en San Borja, en las colonias misioneras. Se debe considerar que Ivo mismo concibió el edificio hasta en sus menores detalles, y que en persona controló su hechura. El local, pues, merecía tal inau­guración. Sus dos pistas de baile, cada una con tarima para orquesta y espectáculos, su amplio bar estilo californiano (tal vez nunca nadie entendió exactamente por qué reconocerle dicho estilo, pero al parecer nadie duda al respecto), su patio con glorieta, sus cómodos reservados para la timba, sus dor­mitorios con baños privados y espejos en el techo, su decoración con intermitentes luces multicolores, suscitaron orgullos que perduran.

Pero si deseamos hablar con precisión, debemos decir que Ivo tiene el centro de su poder en su dormitorio. Ese saloncito rectangular, que por dos lados linda con otras dependencias domésticas, por otro lateral con la galería abierta al patio y por delante con un pasillo que lleva a los cuartos de las putas, es el emblema más intenso de ese poder. Se podrá mencionar otros emblemas: el coche Victoria con los asientos forrados con fal­sa piel de leopardo, el automóvil Simca Chambord amarillo que años después reemplazará al Victoria, etc., pero ninguno representa a su dueño como ese recinto. Al fondo hay una ancha cama de Jacaranda tallada, torneada y lustrada, de balda­quino forrado con terciopelo bordó. Dicha cama tendrá con los años una historia muy extraña que se hará popular en Uruguayana, y que vale unas líneas al margen. Sobre la pared que da hacia el living y junto a la puerta, dos roperos dobles, cada uno con su espejo exterior, y en el otro extremo, próximo a la cama, un tocador con dos espejos, uno apaisado, sobre toda la multitud de cosméticos e instrumentos para el aderezo personal, y el otro vertical y con grueso marco dorado, a la izquierda del tocador, para reflejar el cuerpo entero. Sobre la pared opuesta, una cómoda, un ropero menor también con es­pejo a la vista y un pequeño altar donde conviven santos cató­licos con santos de la religión umbanda, y donde casi constan­temente arden una vela y una vara de incienso. Ante la puerta que comunica con La Mariposa propiamente dicha, está el sec­tor para recibir a las visitas íntimas. Dos sofás individuales enfrentados con una chaise longue color rosa, sobre un cuero vacuno y en torno a una mesa ratona, en la cual aguarda la lata de galletilas Bagley con que el anfitrión acostumbra agasajar a los que allí se sientan. Otra mesita con un tocadiscos y dos estantes con discos completan el sector. Los adornos que cu­bren las superficies disponibles delatan un gusto pésimamente ecléctico, constituyen un monumento supremo del kitsch a es­cala universal.

Ivo trajo la cama de Buenos Aires dando por cierto que es inglesa y fabricada en el siglo XIX, según afirmara el anticua­rio que se la vendió. Pero la parte más singular de la historia del mueble no sucedió todavía. Empezará a suceder la mañana que El Emperador despierte a toda La Mariposa anunciando a gritos haber hallado una víbora entre sus sábanas. Una yarará a la cual describirá con adjetivos tremendos, entre sollozos, hipos, suspiros y conatos de desmayo: como de metro y me­dio, inconfundiblemente yarará por los colores, helada cual la muerte, que tras recorrer el desnudo vientre imperial con una lentitud como para aniquilar el coraje más grande, se habría enroscado junto a los pies para atacar con ojos y lengua echan­do furia. A Ivo no le faltarán enemigos contra quienes dirigir las sospechas sobre el atentado, pero las dirigirá contra una persona insospechable; la esposa de un boticario en amores con cierta prostituta adolescente recién incorporada a La Ma­riposa, matrona aparentemente inofensiva pero asidua de los peores hechiceros locales. El Emperador consultará con sus hechiceros, recorrerá todos los terreiros que suele visitar, y llegará al convencimiento de que Lucifer se aposentó en su cama inglesa. La cama será destruida una noche mediante el fuego, en el patio de La Mariposa, en una ceremonia inenarra­ble en la que se mezclarán la fauna prostibularia con brujos en trajes rituales, los bailes y cánticos religiosos de los caboclos con la diversión, ofrendas a deidades esotéricas con escara­muzas eróticas.

 

En sus dos terceras partes los roperos de Ivo contienen ropa de mujer.

En las noches de La Mariposa Ivo luce habitualmente ves­tidos de fiesta, largos, brillantes, de colores fuertes, y zapatos de altos tacos, y una abundancia de alhajas y cosméticos, y a menudo guantes. Entre sus alhajas hay muchas que le fueron regaladas por sus amantes, sus pupilas, sus clientes notables. No existe mejor regalo para Ivo. No importa tanto el valor real como que sea un adorno para dama. Un collar o una pulsera de baratillo pueden llegar a conmoverlo hasta las lágrimas, mien­tras se pasea entre las mesas enseñando a grandes voces su regalo, nombrando al autor, pidiendo opiniones al respecto.

Los zapatos son fabricados a medida en una zapatería de Porto Alegre. Cada vez que Ivo viaja a Porto Alegre, cosa que sucede con frecuencia, trae dos o tres pares y deja encargados otros tantos. Calza 43/44. Esos zapatos son armas temibles en sus manos. Un tal Zé Comprido, pendenciero célebre, perdió un ojo destrozado por uno de esos tacones la misma noche que abofeteó a una muchacha en el Sol Vermelho. Las influencias simplificaron una vez más los trámites policiales para El Em­perador, y el tuerto desapareció para siempre, bajo la amenaza expresa de saldar la deuda de la afrenta con el otro ojo.

Los vestidos son confeccionados por costureras de Uruguayana y Paso de los Libres, y nunca falta entre las rameras algu­na idónea que realice aportes al guardarropa patronal, utili­zando alguna de las tres máquinas de coser marca Singer con que se cuenta en La Mariposa. Desde ya que Ivo tiene predi­lección por algunas costureras. Sobre todo por la que se especializa en confeccionar los vestidos de Eva Perón. Es una anciana libreña que lo viste desde hace muchos años. Desde que a él se le dio por imitar a Eva Perón en el vestir, la vieja fue tornándose una experta en copiar la indumentaria con que la primera dama argentina aparece en las revistas. La misma cos­turera compra las revistas, recorta las fotografías, las pega en un cuaderno destinado a tal fin y cuando se da la oportunidad se las enseña a Ivo, a veces ya con un modelo hecho a lápiz. Ivo gusta lucir estos vestidos con una peluca que reproduce un peinado característico de Eva Perón.

Algunas veces complementa su atavío con un sostén com­puesto con alambres. Sus carteras, primorosas, forradas de seda y bordadas con lentejuelas y canutillos y otras minucias al tono con la ropa, representan otro peligro para los provocadores. Contienen una pistolita calibre 7,35 cargada y con un carga­dor de repuesto también lleno. En su dormitorio un arma simi­lar aguarda la noche y la hora exactas para desencadenar la desgracia que cambiará su vida.

En la calle Ivo viste como hombre. Normalmente adquiere esta ropa en Paso de los Libres, pues sostiene que los hombres argentinos visten incomparablemente mejor que los brasile­ños. Cuando viaja a Buenos Aires trae copiosas provisiones de prendas masculinas. Prefiere los ternos. Prefiere los tonos cla­ros. Raras veces usa corbata, por lo general va con pañuelo al cuello. Si va de sombrero, siempre será uno que dialogue con la ropa, nunca un vulgar sombrero negro. También en la com­postura varonil, para él todo debe combinar: zapatos, medias, pañuelo, corbata. En la calle y a cierta distancia, confunde a cualquiera que no lo conozca. Se ve como un verdadero dandy, con su pelo negro aplastado por la gomina. Claro que a menor distancia la imagen empieza a desdibujarse, por las ce­jas depiladas, por el gesto, por los lóbulos de las orejas perforados. Si tiene las manos al aire probablemente lo delatará el largor de sus uñas, pero hay períodos en que lleva las uñas cortas y por las noches usa postizas. De todos modos, en la calle no las lleva pintadas, salvo en carnaval cuando se viste de mujer. Tampoco se equivoca al rociarse con un perfume para vampiresas o una loción para caballeros según su vesti­menta.

Si el clima es propicio, suele salir al anochecer con sus galas masculinas. Utiliza su carro Victoria, casi siempre con­ducido por un joven negro a quien se reputa su amante favori­to en virtud de un falo conjeturalmente descomunal, o su Simca Chambord amarillo, vehículo que constituye una exorbitancia para un lugar como Uruguayana. Lo acompaña un par de prostitutas vestidas y ornadas con moderación. El Emperador quiere mostrarse con aquellas muchachas selectas con fines propa­gandísticos, pero sin transgredir normas elementales. Pasean por la ciudad repartiendo saludos con distintos grados de res­peto pero ninguno por debajo de lo tolerable. Todos respon­den a estos saludos. Responden los humildes a quienes Ivo saluda sólo con la mano y responden los caballeros a quienes saluda sonoro y con un sombrerazo y responden tímidamente las señoras que pasean ensartadas por un brazo en sus maridos y responden los niños harapientos y los niños emperifollados que ven en Ivo a un personaje fabuloso y responden entre car­cajadas maliciosas las adolescentes que salieron en runfla a capturar buenos partidos y responden los buenos partidos y responde el cura porque Ivo Rodrigues contribuye más que cualquier otro vecino a las arcas eclesiales. Y si hay retreta en la plaza responde la banda municipal con el tango La Cumparsita, que como todo el mundo sabe emociona a Ivo hasta las lágrimas.

 

Se atribuye a Ivo un grito de guerra que se hizo famoso en la ciudad: bien hembra en la cama, bien macho en la pelea.

Algunos aseveran que El Emperador lo profirió por vez primera mientras amasijaba al cuatrero Amaral Peixoto, Otros, que fue durante una pelea con un naval argentino. Quizás por­que se ve en Peixoto a alguien mucho más digno que un sim­ple marinero para cargar con el histórico privilegio, la gente se inclina por la primera hipótesis.

No había en la frontera cuatrero más mentado que Peixoto. Operaba en ambas márgenes del río, incluso en territorio uru­guayo. Arreaba en aguas profundas como en campo plano; comandaba un pequeño ejército capaz de desbaratar cualquier persecución, a balazos o volatilizándose con yeguarizos y va­cunos. La vocación por el abigeato le impedía retirarse a una madurez apacible, algo que ya a sus cincuenta y pico los rédi­tos de lo ajeno le permitían. Raramente entraba en la ciudad; su estampa gaucha (botas, sombrero aludo, capa o poncho), casi siempre a caballo y escollada por otros jinetes, no pasa­ba de las casas suburbanas de los vicios y la diversión. Mo­riría justamente en un garito, yabarbiblanco, de un ataque al corazón, tras tanto galopar con las balas zumbando sobre su cabeza.

Ignórase por qué pelearon Ivo y Peixoto. Recuérdase que la lucha fue durísima, torbellino de puñetazos y malas artes en la que las armas no salieron a mandar por un misterio, y que se definió mediante un sangriento mordiscón de Ivo en el cuello del bandido, en el momento justo, cuando éste sacaba ventaja por las dificultades que la larga y ceñida laida imponía a El Emperador. Los dos facinerosos que acompañaban a Peixoto habrían intentado intervenir cuando vieron a su jefe doblarse aullando y agarrándose la garganta. Los detuvieron unos cuan­tos revólveres y pistolas mostrados con resolución por algu­nos espectadores, mujeres incluidas, mientras Ivo remataba la acción con un rodillazo pleno en la mandíbula de su encorva­do rival, derribándolo con un diente de menos que luego apa­recería a cinco metros de distancia. Desde entonces la paliza ascendió a niveles extraordinarios. El Emperador se recogió el vestido, montó en el gaucho, aplicó un par de bofetones y pronunció la imperecedera frase:

— ¡Aprende, aprende, hijo de puta! ¡Que soy bien hembra en la cama pero bien macho en la pelea!

Y siguió pegando, sentado a horcajadas sobre su contrin­cante. Y luego ordenó música, un dulcísimo bolero, y que los otros dos cuatreros se abrazaran y bailasen, y mientras su an­tojo se cumplía le pegaba una cachetada a Amaral Peixoto cada tanto, como para mantener el clima.

Ivo asegura haber tratado personalmente con Eva Perón. Tía Elenita recogerá dicha afirmación en una de sus cartas y años más larde en el cuaderno que me dejará al morir.

El primer encuentro habría sucedido cuando se inauguró el puente internacional entre Uruguayana y Paso de los Li­bres, el 21 de Mayo de 1947. Según la edición N° 111 correspondiente al Año 1 del periódico "A Fronteira", edita­do en Uruguayana en esa fecha, los actos oficiales eran los siguientes:

"A las 10,45 horas. Los Señores Presidentes de Brasil (Gral. Eurico Gaspar Dutra) y de Argentina (Gral. Juan Domingo Perón), con sus comitivas, se dirigirán hacia el centro del puente, donde, iras ser ejecutados los respectivos himnos nacionales, cortarán la cinta inaugural. Simultáneamente se izarán los pabellones nacionales en las respectivas cabeceras, acto al que antecederá una salva de 21 cañonazos dispa­rados alternadamente desde ambas orillas del río. Luego los Presidentes y sus comitivas se dirigirán hasta la cabecera ar­gentina.

A las 12,00 horas. Será descubierta la piedra fundamental de un anfiteatro, que el Estado brasileño obsequiará a la ciu­dad de Paso de los Libres y cuya construcción comenzará en los próximos días. Discursos pronunciados por los Intendentes

Municipales.

A las 12,30 horas. Aperitivo en el Automóvil Club Argen­tino.

A las 13,15 horas. Almuerzo ofrecido por el Presidente ar­gentino a su par brasileño y comitiva, en el Casino Militar.

Discursos presidenciales.

A las 14,30 horas. El Gral. Dutra y su comitiva regresarán a Uruguayana.

A las 16,00 horas. Recepción al Gral, Perón y su comitiva en el lado brasileño.

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Sumario

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Doscientos años de Argentina

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Ni tan pocos, ni tan tontos

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Cuba-1959: el castrador espejismo de la nada

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Crónica de una muerte anunciada: Roque Dalton frente a la Historia

Luis Pérez-Simón

El socialismo en cuestión: anti-utopía en Otra vez el mar y El asalto de Reinaldo Arenas

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Vasto y golpeado abanico de la «gaycidad»

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Otro lunes Conversa

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