

Jesús Díaz (1941-2002) pertenece a la generación de narradores cubanos que dieron testimonio literario de los primeros años de la revolución de 1959. Al cabo de una existencia lamentablemente breve pero consagrada, legó a las letras hispánicas obras imprescindibles, entre las que destacan su libro de relatos Los años duros (1966) y las novelas Las iniciales de la tierra (1987), Las palabras perdidas (1992), La piel y la máscara (1996), Siberiana (2002) y Las cuatro fugas de Manuel (2002).
Díaz tuvo su formación en las décadas iniciales del proceso de cambios sociales y políticos en Cuba. Años convulsos, animados por infinidad de acontecimientos históricos, que reflejaron los escritores de la llamada “narrativa de la violencia”, en que se inscribe su obra inicial. Su libro Los años duros, galardonado con el Premio Casa de las Américas, al cabo de los años se convirtió en paradigma de la cuentística de esa década y de la narrativa de corte realista. Además, señala la deuda de Díaz y de varios de sus contemporáneos (vg. Eduardo Heras, Norberto Fuentes) con la literatura de Hemingway, cuyo estilo fragmentario, escénico, carente de adornos y bruscamente obcecado en el esbozo de los conflictos, aporta a la “narrativa cubana de la revolución” una técnica apropiada para expresar las contradicciones del traumático proceso histórico de remolde de la sociedad.
El escritor Francisco López Sacha, explica la ruptura que supone el cuento de los sesenta con respecto al relato desarrollado en las décadas anteriores:
La embestida de la violencia y la lucha armada hizo que Jesús Díaz, Norberto Fuentes, Eduardo Heras León o Joel James se alejaran de ambas posiciones –el cuento moderno y el cuento existencial– para fomentar un realismo documental cuya trascendencia se confiaba, sin dudas, a los cambios producidos por la Historia. La epifanía del cuento se realizaba allí donde el individuo definía su conflicto con el cambio social. Estos autores se colocaron detrás para dar paso a las voces de los protagonistas de sus cuentos, en una cercanía demasiado quemante con la épica.
Enchumbado en la dinámica revolucionaria y comprometido políticamente, el joven Díaz da testimonio, sin embargo, de las irregularidades y arbitrariedades de un proceso que pretendía la construcción del socialismo y la erradicación de los vicios sociales de la República mediatizada por el gobierno de EE.UU. Por su carácter crítico fue demorada durante más de una década la publicación de su novela Las iniciales de la tierra donde delinea la evolución de un joven cubano como él que, en una sociedad de consumo en que tuvieron idéntica jerarquía las imágenes de Disney y los íconos patrios, debe pasar de observador pasivo a protagonista de la epopeya de la revolución.
Estos años de lucha por ideales, de consagración y de arte al servicio del pueblo, marcaron la literatura de Jesús Díaz, que se mantuvo fiel al modelo realista para describir todos sus años, duros, de escritor y de emigrado.