Otro lunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Septiembre 2008. Antilde;o dos. Número cuatro

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Datos de la revista, febrero 2009, año 3, número 06
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Cuba-1959: el castrador espejismo de la nada

Manuel Gayol Mecías

Página 1

La Revolución Cubana ha resultado, a la larga, un proyecto lezamiano. Sus mayores logros no han sido en la educación, la salud y los deportes, sino en el Reino de la Imagen. Contra todos los números y datos que puedan ofrecer sus detractores, ofrece un puñado de imágenes que le han dado la vuelta al mundo, primero embelesándolo y luego desengañándolo a medias.

Enrisco

Se han establecido vaticinios y, en definitiva, nadie ha podido acabar de explicar consecuentemente cómo un dictador con su séquito ha llegado a estar tanto tiempo destruyendo un país, y ese país hecho ruinas y esas ruinas de almas que quedan en la Isla hayan podido sobrevivir. Nadie ha podido explicar por qué cuando la tiranía se ha visto al borde del colapso, por no tener recursos para sostenerse, ha surgido una coyuntura propicia al dictador para que otro país o conglomerado de países, empiecen a financiar su despropósito, su despotismo y su apartheid: la Unión Soviética, las remesas y viajes de la comunidad cubana en el exilio, inversiones de países como España, Canadá y otros del ámbito europeo y, en estos últimos tiempos, Venezuela, además de las posibilidades de cierto apoyo financiero de China y Brasil. Ahora se vislumbra la posibilidad de un nuevo retorno a Rusia. Si no es que Venezuela le conviene más a los rusos (por su riqueza petrolera y descabellada potencialidad de compra de armas) para mantener el juego de la presión contra Estados Unidos. De nuevo la sombra de la Guerra Fría.

El mismo embargo de Estados Unidos nada más sirvió para crear el mito del “bloqueo enemigo”. Ya a estas alturas de la relación histórica entre los dos países sería un error político para la Casa Blanca y el Congreso estadounidense prescindir del embargo, pues sería la victoria mayor que el dictador se llevaría a su mausoleo faraónico, y el régimen llenaría sus arcas de nuevo para continuar. Esto se ha dicho bastante ya... y es que, en realidad, resulta una verdad irrefutable, no por repetida, sino por la misma naturaleza antagónica de los protagonistas que encierra.

¿Cómo se puede entender que la sola habilidad de un hombre para detentar el poder no le haya fallado en tanto tiempo, si no es porque muchos le han servido? Además de haber tenido la ardua colaboración de su hermano y un ejército, y una policía política muy eficiente, y unos métodos de represión como las brigadas de acción rápida y millares de ojos vigilando todo el tiempo mediante los Comités de Defensa, una gran mayoría del pueblo le ha servido para  sostenerse por años y años engendrando la barahúnda económica, el resquebrajamiento de las instituciones, la realización de incursiones militares en otros países como las de Venezuela, Argelia, Etiopía, el Congo o Angola, entre tantas. Esta última guerra ha sido el Vietnam de Cuba, y merece toneladas de libros que informen de lo que allí ocurrió y comenten cómo murieron miles de cubanos y otra gran parte quedó mutilada, mientras los jefes se divertían en orgías de piscina de confortables casas en Luanda. 1

Para mí, una de las maneras que pudieran explicar un tanto este fenómeno no es solamente desde la perspectiva del tirano ni de su gobierno ni sólo de sus genialidades para la represión, no; sino que además encuentro algunos aspectos que pudieran explicarme lo sucedido: uno es dentro del mundo visible, corpóreo (en lo político e histórico) de la existencia internacional de un enorme rechazo contra Estados Unidos, y de un odio ancestral y hereditario ya, por tan legendario, que resulta obtuso, digamos, contra una nación que no ha hecho más que lo mismo o menos (si se tiene claridad para verlo así) que otros países dentro de la historia (sin contar que después de la Segunda Guerra Mundial fue el principal protagonista de la ayuda a la recuperación de la Europa devastada). Y pienso que gracias a esta ayuda, el pensamiento y métodos económicos de Estados Unidos, aunque no es tampoco ningún país modelo, pudo influir en esa enorme región occidental para que evitara, posteriormente a la guerra, el colectivismo de un socialismo nefasto. Es cierto asimismo que en los últimos ocho años, y fundamentalmente en estos cuatro años, del Gobierno de George W. Bush, el liderazgo de Estados Unidos como nación rectora en el mundo ha decaído bastante debido a la guerra en Irak y a la política equivocada de este mandatario y de todo un círculo de republicanos dentro y alrededor de la Casa Blanca. No obstante, con la elección del primer presidente negro en Estados Unidos, Barack Obama, se demuestra la potencialidad de este país para la democracia, proyectando una etapa de cambio sin precedentes, que constata a su vez el enorme caudal de posibilidades cívicas, políticas y económicas con que cuenta, a pesar de la crisis actual. De todo lo dicho anteriormente doy la referencia de dos autores que tocan ambos tópicos con agudeza, respectivamente: el del antiamericanismo, Jesús Hernández Cuéllar, director de la revista Contacto  y analista político, y el de la nueva proyección de Estados Unidos, Andrés Oppenheimer, columnista de El Nuevo Herald y premio Pulitzer de periodismo.2

Siguiendo aún con el tema del antiamericanismo, cualquier cosa que se pueda hacer en contra de Estados Unidos, por parte de muchos países de Europa (principalmente la España de Zapatero) y de Latinoamérica (en lo fundamental México, Venezuela, Bolivia y Ecuador, entre algunas más), sin contar a otras regiones del mundo que no ven las estacas clavadas en sus ojos, les resulta “válido” creerse que el Gigante del Norte es ciertamente el peor de los imperios. Gracias habría que dar de que si fuera necesario que hubiera siempre un imperio en el mundo del cual habría que depender, este fuera entonces el de Estados Unidos, porque si no estuviésemos usando turbantes, burkas, botas rusas (las famosas rompe-rocas que conocimos en Cuba en los años 70), o cargando las pingas chinas para vender un poco de verdura y así matar el hambre. Por esta sinrazón (porque en mi criterio la envidia por la hegemonía es una sinrazón), el régimen de la Isla siempre ha contado con la anuencia de otras naciones, ciegas para ver lo que sucede dentro de la Isla, pero que sí corren a plegarse de inmediato a condenar —ya por decreto— cualquier supuesta acción del “Goliat del Norte” contra el “David del Caribe” (no es de extrañar así que esta estupidez, junto a la de las ideas de José Enrique Rodó, del Ariel latinoamericano y el Calibán estadounidense; y por otro lado, la “teoría económica de la dependencia”, o la “teología de la liberación” (estos criterios tomados todos de El manual del perfecto idiota latinoamericano…)3,  aún pervivan en muchos individuos, organizaciones internacionales de izquierda y hasta gobiernos que no pueden desprenderse de su mentalidad gramcista de masa “intelectual”… Pero esto es ya política sabida y cocinada por escritores y críticos que también la han proyectado de una mejor y más amplia manera que aquí. Lo que sucede es que cito lo del antiamericanismo porque para mí es una de las causas que pueden explicar un tanto el hecho de que el Estado comunista de Cuba casi siempre reciba un apoyo absurdo, y ello ocurre dentro del mundo físico, visible, en el cual la política, la historia y la sociología, por supuesto, pueden describir, interpretar y definir situaciones… ¿Será esto asimismo —quiero decir, lo que ha pasado en Cuba, incluyendo los verdaderos intentos de asesinar al Gran Timo-Nel, y que pueden ser unos cincuenta atentados, y no seiscientos como han querido decir, pero que con la cantidad de cincuenta basta para hacer creer que el tipo tiene brujería de gato— una obra satánica?, se preguntarán unos cuantos supersticiosos y religiosos, y por qué no, también otros tantos metafísicos, filósofos y políticos.

El otro aspecto es la política exterior tonta de Estados Unidos en relación con Cuba (y con otros países, aunque ahora aquí lo que viene al caso es la Isla). No obstante, esto es ya sabido y se ha especulado mucho acerca de ello; y entre tantas especulaciones, podría decir que desde un punto de vista económico, el proceso calamitoso de la Isla le ha facilitado a Estados Unidos el amplio desarrollo del Sur de la Florida, principalmente, de Miami (entre varias cosas, por el asentamiento del exilio cubano en esta parte de Estados Unidos desde los años 60), para convertirse en un polo turístico de enorme importancia en el país, y por otro lado, lograr concentrar y controlar un gigantesco flujo de entrada y salida de mercancías hacia Latinoamérica y el mundo. Y esto lo digo, aun cuando en dos ocasiones (1981 y julio de 2008) la revista Time, en sus análisis, que pueden ser de tendenciosidad izquierdista, ha llegado a  pronosticar situaciones de verdaderas catástrofes para el Sur de la Florida (encuéntrese referencia a este tema en los archivos de El Nuevo Herald, de Miami). Independientemente de los grandes problemas que se puedan dar hoy en día en este estado, siempre serán desastres económicos, sociales y políticos, como sucede en cualquier lugar, y que en estos tiempos se han impuesto de manera temporal sobre el desarrollo que ya tuvo la Florida, fundamentalmente en su región sur. Lo que quiero decir es que no se puede dejar de reconocer ese desarrollo que, de hecho, de una forma u otra, ha estado relacionado con el caso de Cuba (repito, por el establecimiento de la comunidad cubana exiliada). Quizás no me equivoque si digo que el Aeropuerto Internacional de Miami llegó a convertirse en el tercero en importancia de volumen de carga en toda la nación... ¿No sería esta miopía política con la Isla, entonces, algo preconcebido, porque las distintas administraciones estadounidenses hayan querido aprovechar este desarrollo de los cubanos aquí y falta de desarrollo allá, en la Isla, y así mantener bajo cuerda un juego de intereses?

En fin, estos aspectos mencionados, el del antiamericanismo y el de la pésima política exterior y diplomacia estadounidense hacia Cuba, los volveré a citar un tanto más adelante, por lo que ahora quiero concentrarme en otra vertiente que pienso no se ha llegado a tocar, y la misma es, de alguna manera, un objetivo principal de este capítulo; vertiente que sitúo como una de las causas del infame fenómeno que ha ocurrido en la Isla. Lo que quiero decir es que la causa esencial no es sólo la existencia de un dictador carismático y habilidoso, junto a circunstancias históricas ocurridas en determinada época como los años 60, ni incluso el caso de una generación de características muy peculiares que tomó el poder, sino que además hay un ángulo de eventos de carácter mental que no se han llegado a descifrar, y que pueden formar parte de un conjunto que llamaríamos la “imaginación frustrada”, debido a que se creyó en un espejismo que nos fue desmoronando a fuego lento durante mucho tiempo; un espejismo que ha acabado con los escrúpulos de ética y sensatez, y que realmente vació la imagen de Cuba y de lo que pudo ser económica, política y socialmente.

Para encontrar este sentido de “la imaginación frustrada”, existe lo que yo llamaría la necesidad de llenar la falta de un enfoque del problema desde vectores genéticos y hereditarios, como la mezcla de razas, junto a estudios antropológicos, los que fueron vistos por el sabio Fernando Ortiz, por ejemplo, además de la necesidad de otros análisis profundos, como los de carácter psicosocial que pudieran llevar a nuevos criterios dentro de nuestra identidad, con el propósito de revelar una dimensión diferente de aquello que el cubano venía siendo y cuáles fueron los defectos que, en un momento dado de la historia, como fue el año 1959, se acumularon y desbordaron para hacernos caer en el agobio de la anarquía, y romper así la cadena de la espiral que nos hacía avanzar.

Esto de la “imaginación frustrada” es un tanto uno de los sentidos que se pretende trazar en este libro —ya lo dije, creo— para tratar de comprender, aunque sea intuitivamente, cómo pudo funcionar el mundo interior del cubano para que se produjera sobre él un fenómeno tan inverosímil, supongo, tan devorador de su propia cultura, de su existencia y de su identidad (ver el exergo de Enrisco al inicio del capítulo).

Me arriesgo a decir que hay un espíritu patético de maceración masoquista en el cubano que viene con la historia más genuina, en la lucha por alcanzar la independencia. Podríamos hablar también de una especie de locura por una independencia frustrada. Como que el cubano se metió en el subconsciente algo así a la manera de una reivindicación histórica por el hecho de que los estadounidenses interrumpieron el supuesto final de la guerra, que había comenzado en el 95, y los cubanos a partir de entonces se quedaron con los deseos de haberla terminado por ellos mismos. ¿Será…? Es el caso, digamos, de estar siempre al borde del abismo, con golpes de pecho, profundos, duros, radicales y altaneros,  ante las inclemencias de las tempestades políticas y el derrumbe o preservación de la moral. Y es que esto también se descubre en la historia del intelectualismo cubano, lo que nos ha conducido a un callejón sin salida, a modo de isla más aislada, y del cual tampoco pudo escapar la teleología insular que había propuesto el poeta José Lezama Lima.

En efecto, repensando la problemática de la espiral identitaria del cubano (a la que volveré más adelante), desde la perspectiva republicana que nos puede dar un historiador y antropólogo como Rafael Rojas, en su análisis de Isla sin fin4, vemos que “la teleología insular de Lezama debe considerarse, pues, como una prolongación poética de la racionalidad moral del siglo XIX cubano”. Y aun más adelante reconoce que “en 1949 José Lezama Lima presentaba el siglo XIX como la ‘espiral ascencional de la integración’”. Esa espiral, que no ya desde una proyección “poética de la racionalidad moral”, sino también desde la funcionalidad hacia adelante de la transculturación de Fernando Ortiz, su futuridad o destino indefinido (¿Isla sin fin?). Pero que a mi juicio, ambos  vectores conceptuales, conjugados en sus correspondientes engranajes, podrían animar a un destino promisorio, o a un destino más consecuente con el progreso humano, que se tronchó en 1959.

“Con Martí, esta teleología insular, formulada en términos morales, adquirió cuerpo político”, dice Rafael Rojas. Pero no así en su realidad de cuerpo económico, también según Rojas, quien nos alerta de que “la intransigencia moral frente a esa modernidad, de Varela a Martí, fue el resultado de una reacción política extrema contra los obstáculos a la independencia de la isla”5.

A mi modo de ver, interpretando a Rojas, Martí da rienda suelta a su sentido utópico, y se desprende de una verdadera realidad económica (lo que creo fue un gran error), para mantener su enfoque idealista (quiero decir, para dejar expuesta y latente su utopía), postura que desemboca… o peor, postura que permite la posibilidad del espejismo; ese espejismo que empezó a vender el castrismo desde 1959, dando al traste con la misma teleología insular de Lezama Lima, y peor aun, creando la figura de un lastimero y aburrido Martí que, por otra parte, en realidad no dijo nada válido económicamente dentro de las coordenadas de una sociedad en busca de su mejor desarrollo industrial. Aquí, siguiendo a Rafael Rojas, se contraponen dos extremos que, a partir del triunfo revolucionario, se hacen irreconciliables y auguran en su proceso de negación el pasado-presente que es hoy Cuba6.

Desafortunadamente, creo que más suerte de criterio tuvieron los intelectuales de la primera República. Posteriormente a 1959 Cuba empezó su viaje a la semilla, literalmente un viaje al pasado, y más acertado aun, hay que decir: un viaje al atraso. Se detuvo la espiral, en la que podía integrarse un futuro de transculturación (Ortiz con su nueva visión del cubano) y la teleología insular para un ciudadano ético y creativamente imaginativo que proponía Lezama apoyado en las concepciones de una utopía martiana.

En mi criterio, si al ser diverso de la transculturación se le hubiera podido integrar esa imaginatividad de la teleología insular lezamiana con el sentido empresarial que se venía alcanzando en la década de los años 50, otro gallo hubiera cantado, como se dice en buen cubano. En otras palabras, si el año de 1959 hubiera encontrado una simbiosis fuerte de los aspectos sociológicos y económicos y, en general, culturales, la mayoría de los ciudadanos en la Isla, incluyendo a una buena parte de sus intelectuales, no se hubiera dejado arrastrar por la sorpresiva y siempre inquietante melodía de un nuevo flautista de Hamelin.

 

Quizás todo lo que aquí escribo parezca —muchos posiblemente me lo echarán en cara— una dislocada hipótesis intuitiva (si es que pudiera haber hipótesis en lo intuitivo), pero algo muy interno me late diciéndome que por aquí —por la problemática de la imaginación frustrada— debiera encontrarse un camino, un acercamiento a algo que sucedió en nuestra Isla, y que pudo haber sido más dable en otros países latinoamericanos o de cualquier otro lugar del mundo que contaban con condiciones de vida mucho peores que la de nuestro país, el que de hecho se sabía que, al menos, durante la década de los años 50, como ya he mencionado, se hallaba en uno de los primeros puestos en varios renglones de la economía y de lo social en relación con el continente sudamericano; e incluso, en lo comercial, era uno de los campos de prueba de la industria estadounidense.

Cuba siempre ha sido un fenómeno raro, de inquietante potencial creativo. Creo que esto ya lo dije. Pero además, en Cuba siempre ha gravitado el sentido de lo absurdo, y en estos cincuenta años y más el absurdo ha sido la gran imagen; de hecho se ha desbocado cierto surrealismo como si fuera una circunstancia natural. Habría que hacer un estudio, de Virgilio Piñera para ver cuánta conmoción de desgarramiento puede darse en las obras de este extraordinario visionario: teatro, poesía y narrativa. Su obsesión por reflejar creativamente las connotaciones humanas que pueden desprenderse de la carne, el dolor y el miedo, le da a su literatura una efervescencia pocas veces sentida y le proyecta muy afuera del ámbito literario cubano. Recordemos su novela Presiones y diamantes, en la que aparece una sociedad sin comunicación o La carne de René, novela en la que lo fantástico y lo cotidiano se funden con intensidad; o también Pequeñas maniobras que refleja cómo el miedo destruye a un hombre. En este sentido, pienso que algunas de las dimensiones secretas de Cuba, aún muy vigentes, como el pavor, el dolor y la incomunicación están retratadas en la obra de Piñera7.

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"Caricatura"

Hernán Vidal - HERVI

Sumario

Este Lunes

Antecedentes de la homofobia cubana contemporánea

Emilio Bejel

Doscientos años de Argentina

Guillermo Orsi

Ni tan pocos, ni tan tontos

Ernesto Morales

Cuba-1959: el castrador espejismo de la nada

Manuel Gayol Mecías

Crónica de una muerte anunciada: Roque Dalton frente a la Historia

Luis Pérez-Simón

El socialismo en cuestión: anti-utopía en Otra vez el mar y El asalto de Reinaldo Arenas

Jesús J. Barquet

Vasto y golpeado abanico de la «gaycidad»

Eduardo Monteverde

Otro lunes Conversa

Con Iván Thays

Un escritor peruano llamado Iván Thays

Con Alberto Salcedo

Más allá de las verdades oficiales

Con Ángel Santiesteban PRATS

Somos el vehículo, la mano, el nombre que representa una lucha cultural

Punto de mira

Las pequeñas editoriales alternativas en el mercado del libro en lengua hispana

RICARDO ORTEGA

ROBERTO AMPUERO

RAÚL TÁPANES

ESTHER ANDRADI

TERESA DOVALPAGE

ALVARO CASTILLO GRANADA

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PABLO MAZO

Cuarto de visita

Poesía Inglesa

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Recuerdos desde una ciudad extranjera

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CUBA PERFORMANCES me recuerda al mundo: Sobre el documental Cuba Performances, de Elvira Rodríguez Puerto

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Notas sobre (hacia) el boom II: los maestros de la nueva novela

Emir Rodríguez Monegal

El fascismo eterno

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Nuevo libro de nuestro columnista Uriel Quesada

Escritor mexicano Eduardo Parra Ramírez gana el Premio Juan Rulfo para Primera Novela 2008

Hacia el Centenario de José Lezama Lima

Una nueva lista de excelencias editoriales en la editorial Terranova

Propuesta para una Sociedad Participativa

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