

José Gabriel Ceballos es, junto a Abelardo Castillo, Vicente Battista y Mempo Giardinelli, uno de los cuentistas más singulares de la poderosa literatura argentina actual. Escribe desde Alvear y es una voz distinta, múltiple, profunda, que desgrana en cada una de sus piezas narrativas (cuentos y novelas) una Argentina costumbrista, nada monótona, tan plural y rica como esas raíces de migraciones sucesivas que la han enriquecido y conformado como nación. Ceballos lo sabe bien y llega al fondo.
Nacido en 1955, en el correntino pueblo de Alvear, sobre el río Uruguay, José Gabriel Ceballos ha convertido su voz narrativa en un amplio escenario de vivencias y variaciones sobre eso que podríamos “argentinidad”. Ha publicado una decena de libros de cuentos, entre los que destacan El patrón de Chamamé, Relator Deportivo y su antología personal Fabulario de Buenavista, así como las novelas Ivo El Emperador y Víspera Negra (que obtuvo el Premio de Novela Alcalá de Henares 2003, galardón que antes habían ganado escritores de la talla de Roberto Bolaño, David Viñas y Luis Sepúlveda).
En momentos en que el cuento, como género, ha sido prácticamente desechado por sus escasos valores comerciales (al menos eso dicen los editores), Ceballos mantiene una fe ciega en las posibilidades comunicativas de las historias cortas, fiel al legado de otros tres grandes del cuento universal: Horacio Quiroga, Jorge Luis Borges y Julio Cortázar. Y lo hace asumiendo una perspectiva curiosa: la asunción como temas de sus cuentos de aquellos pequeños traumas que pueden conmover la tranquilidad de sus protagonistas, casi siempre hundidos en ámbitos pueblerinos y en una marcada tradicionalidad; la mirada de la Historia (esa que se escribe con Mayúscula) desde una esquina del mundo donde esa Historia es vista sólo como lejana referencia pero, al fin y al cabo, como peso invisible que gravita sobre el comportamiento de sus protagonistas; y una prosa que, como diría Carlos Schilling en el periódico La Voz del Interior, de la Córdoba argentina “alcanza el impacto de la poesía por caminos inesperados: descripciones fulminantes, aceleraciones súbitas, introspecciones, ráfagas de humor negro y una oralidad que está al servicio de la ficción y no a la inversa, como suele suceder en la mayoría de los narradores argentinos”.
Historiador y juez, Ceballos emprende su andar narrativo con las herramientas de estos oficios: sus cuentos y sus novelas van desnudando ante el lector esos mitos de la historia popular que conforman el cuerpo de la historia de una región (más notable aún en la reconstrucción del pasado de Ivo, el travesti dueño de El Emperador o en la inauguración de ese leprosorio, en 1939, que da cuerpo a su novela Víspera negra), y juzgan (todas sus historias) el comportamiento humano que roza en lo miserable, lo sucio, lo desesperanzado de la especie humana mediante elementos como la alegoría, el juego de espejos, el humor negro, la parodia. Historiador y juez que narra con la naturalidad con la que los viejos correntinos cuentan sus historias de pueblo, fluida, coloridamente. Historiador y juez que coloca a sus personajes entre el fracaso y la dignidad, el absurdo y la magia, la indefensión y la rebeldía, la esclavitud moral y la libertad del alma; balanzas que se moverán bajo el impacto de las costumbres, las tradiciones, los tabúes, las leyes escritas, y la eterna irreverencia humana, para dotar a cada una de sus criaturas fabuladas de una solidez psicológica que da muestra de la pericia narrativa de Ceballos.
Los ambientes correntinos no faltan en sus historias. Pero se hacen universales. Leyendo sus cuentos encontré muchos puntos en común con relatos que he escuchado en los pueblos de Cuba y de España: la fuerza de la tradición, quizás. O esa voz que llega desde la selva que alguna vez fue todo el mundo y que allí, en Corrientes, adquiere un sentido especial de presencia, casi un personaje más, recordándonos que de allí salimos y que allí fuimos tan humanos y tan imperfectos como fuimos y somos en esos otros mundos modernos. Modernidad y tradición, historicidad y futuro, costumbrismo y rebeldía social, entonces, son contrapunteos que la obra de José Gabriel Ceballos establece; contrapunteos enriquecedores, múltiples, como pinceladas de esas otras (y muchas) argentinas que forman la gran Argentina.