Otro lunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Septiembre 2008. Antilde;o dos. Número cuatro

Logotipo de La revista Otro lunes
Datos de la revista, febrero 2009, año 3, número 06
otrolunes.com >> Sumario >> Punto de Mira

Las pequeñas editoriales alternativas en el mercado del libro en lengua hispana

 

Página 1

Escritor cubano. Autor, entre otros, del clásico libro de cuentos Como brujas de mayo. Reside en Málaga.

¿Conocidos o contratados?

Ricardo Ortega

Siempre he tenido la sensación de que somos demasiados los que escribimos, todos creemos y afirmamos que lo hacemos bien. Las editoriales no dan abasto, nunca lo darán, para imprimir y promocionar todo lo que la gente querría publicar.

 

San José de las Lajas; posiblemente verano de 1965. Tengo nueve años. Estoy parado en una de las cuatro esquinas del centro de mi pueblo, entre un kiosco con dulces y una armazón de madera con hilos como un tenderete. De los hilos cuelgan libros. Ya sé leer. Tengo diez centavos en el bolsillo y una duda en el estómago: comprar un libro o dos dulces. Soy provinciano y aún demasiado joven como para saber que eso, con el tiempo, significará estar condenado a ser barroco; sobre todo si en el futuro que me aguarda me dedico a escribir, si escojo el oficio (¿destino?) de escritor.

Dudo entre leer o comer.

Los libros cuelgan uno al lado del otro, cogidos a los hilos con pinzas de madera; cuelgan en hileras que bajan hasta el suelo. Casi todos son flaquitos y de colores chillones, de papel amarillento y cartulina blanda; las letras dentro pequeñas y apretadas como hileras de hormigas. Las de portada grandes y llamativas como en los carteles de cine: “SANDOKAN EL TIGRE DE LA MALASIA” “JOSE ANGEL BUESA ANTOLOGIA” “BOLEROS Y RANCHERAS DE SIEMPRE” “JOSÉ MARTÍ VERSOS SENCILLOS” “MI DESTINO ERAS TÚ CORIN TELLADO” “EL AUTOR Y SU OBRA DANTE EL INFIERNO” “LA ISLA MISTERIOSA JULIO VERNE” “COMO CONQUISTAR AL SER AMADO REDACCION DE CARTAS DE AMOR” “EL ROJO Y EL NEGRO STENDHAL” “MANUAL DE SANTERIA PRÁCTICA” “LA BARRACA VICENTE BLASCO IBAÑEZ” “SUPERMAN” “BATMAN” “EL LLANERO SOLITARIO” “TEXTOS ESCOGIDOS RABINDRANATH TAGORE” “TETAS DE FUEGO Y OTROS RELATOS ANONIMOS”  “LOS MISERABLES PRIMERA PARTE VICTOR HUGO” “RESOS ORACIONES Y CONJUROS” “AGATHA CHRISTIE TRES NEGRITOS” “EL CAPITAL VERSION ABREVIADA CARLOS MARX” “EL VIEJO Y EL MAR ERNEST HEMINGWAY” “ARCOIRIS CUADERNO DE DIBUJOS PARA COLOREAR”

Aquel día, posible verano del 65, me compré un pastelito de guayaba y una panetela borracha.

A mis nueve años aún me faltaba por conocer a Onelio (Jorge Cardoso) y sus cuentos acerca de “las dos hambres del hombre”. Del hombre lector.

El escritor tiene otras dos: la de escribir y la de publicar.

 

A principios de la primavera de este 2007, en La Habana se reunían escritores, algunos amigos y otros antiguos conocidos en un panel en el que intervenían  intelectuales y funcionarios para debatir sobre la "colonización discriminatoria de las editoriales españolas". Por más que trato de enterarme no logro comprender cómo un escritor pueda llegar a ser colonizado en esta España de la primera década del milenio, en la que todo parece indicar que la literatura mundial, la globalizada, -incluidas la peninsular y la literatura cubana insular y extra insular- importan un carajo.

“…la prensa española (Babelia, El País, etc.) marca los temas: los mexicanos tienen que escribir sobre la violencia; los colombianos sobre la droga". (…) hay un "Producto Cuba" que tiene que tratar todos los temas conflictivos: prostitución, violencia, robos, etc. Afirma un conocido funcionario.

 “Nunca se habla de la censura del mercado, sólo de la estalinista. La del mercado la ejercen flamantes ejecutivos”

Censura estalinista: No puedes escribir lo que te de la gana. No te lo publicarán. El contenido de tus escritos puede incluso llevarte a la cárcel, o al exilio.

Censura de mercado: Puedes escribir lo que te de la gana y en contra o a favor de lo que estimes pertinente: el resultado de tu trabajo es, antes que arte o literatura, un bien cultural en potencia, y es, por tanto, mercancía, un producto con el que se puede comerciar. Las reglas son otras.

Nuestro arte es comerciable, y es, por tanto mercancía más o menos atractiva para unos o pura bazofia para otros.

En España como en el resto de la Unión Europea primero se tantea el mercado en soportes digitales o en papel impreso, a ver qué se vende y hasta cuánto; y si luego, y de paso hacemos una literatura perdurable; felicitaciones a quien lo logre.

La experiencia cotidiana muestra que, seas de la nacionalidad que seas, en el más alto por ciento de los casos las altas casas editoras no responden a los desconocidos no recomendados, los agentes literarios te ignoran, los concursos te descalifican, y los promotores no promueven…

Hay y habrá siempre censura, y también aún -y mucha-: autocensura y recontracensura; intentos de imposiciones de cada ideólogo; vetos, juegos de intereses…; pero sobre todo y principal: merchandising, mercadotecnia y mercadeo. Los riesgos y las apuestas por un escritor “caballo ganador” se corren con el dinero del bolsillo de otros, invierten y pagan los que comercian con los párrafos que tú escribes, no importa a veces lo que contenga el producto que ofreces.

Nadie sabe nunca con certeza qué es lo que la gente quiere ver o escuchar, o leer. O sea, comprar para usar y tirar.

Hoy los consumidores internacionales de “arte y entretenimiento” -que es también un terreno con los límites muy poco claros-; se distraen o se conmueven con historias sobre delincuentes de Centro Habana, se emocionan con los que cantan loas a la revolución que fue, o se agrupan alrededor del que nos muestra como somos (los cubanos) desde lejos. Hay de todo, insisto, como en mi tenderete de las Cuatro Esquinas del año 65.

 

"El mercado ha puesto a bailar a todo el mundo a su ritmo; en el mundo moderno existe una práctica de mercado que hay que conocer, y hay que ser eficientes. A los españoles les gusta el lenguaje que ellos conocen y pretenden que se escriba en el lenguaje de ellos. Igual pasa con los temas.” Reflexiona otro escritor en el panel de La Habana.

No todas nuestras historias interesan a los grandes mercaderes del papel impreso. Para algunos, vivamos donde vivamos, seguimos estando lejos y escribimos mal y raro. Somos exóticos y malhablados, y por si fuera poco persistimos en usar vocablos y giros del idioma que ya han dejado de existir en el castellano que hoy se maneja en ese “meridiano cultural que pasa por Madrid”. Nuestras audacias formales les desconciertan, no saben si somos innovadores por maestría conseguida o por la incapacidad propia de los semianalfabetos tercermundistas. No se enteran porque es cierto que de alguna manera nos ignoran.

Por otra parte los lectores, los españoles en este caso; ya tienen suficiente con todos los libros escritos por sus antepasados o por sus autores del presente. Poseen libros para abarrotar los programas de estudio desde que entran en la primaria hasta que salen del instituto, eso sin incluir  todo lo heredado y lo que se continúa produciendo en las otras lenguas del Estado: gallego, euskera, catalán…. Y hoy como ayer tienen además que seguir ocupándose de una literatura-otra, escrita por desconocidos de diversos países en la lengua oficial de los hispano parlantes, vivan esos desconocidos extranjeros dentro o fuera de España, llámense esos señores Rómulo Gallegos, Roa Bastos, Dulce María Loynaz o Isabel Allende.

No todos pasamos los filtros.

Se siente.

"Me pregunto cuántos más de nosotros caeremos en la tentación de complacer a un mercado que nos desprecia, a fuerza de mentir en aras de escalar la montaña de un efímero éxito editorial" se cuestiona una intelectual en esa reciente reunión en La Habana.

¿Queremos ser conocidos o comerciados? ¿Hay contradicción entre los dos deseos? ¿O interdependencia? ¿Es posible obtener lo uno sin conseguir lo otro? ¿Cuál de los dos? ¿Los dos? ¿Ninguno?

Después de terminado y registrado un libro, nada de lo bueno que se espera ocurre, y sí generalmente todo lo peor. El tan esperado y emotivo día en que brindamos por la firma de un contrato con una editorial poderosa, no llega. Por más que insistimos y lo intentamos no nos contratan, y nunca podremos ser mundialmente distinguidos sin esa firma ante notario.

Conozco no sólo a magníficos escritores en este “meridiano cultural” al centro de la península; sino a infinidad de artistas diversos que en todos estos años, les ha pasado de todo con sus cuadros, sus obras de teatro, sus músicas o libros, y siempre de mal a malísimo. Han recibido disgustos, penas y hasta humillaciones. Han perdido y malgastado tiempo en tramites inútiles, y ni se sabe cuánto dinero en copias, fotocopias, encuadernaciones y envíos postales de sus cuadros o manuscritos.

A un amigo mío le han rechazado cinco agentes literarios, algunos de los cuales jamás contestaron sus correos o ni siquiera cogieron el teléfono para responder a sus llamadas. Hay también que pasar por la agonía de comprometerse y aceptar las bases de diferentes concursos, “congelar el libro” mientras esté concursando y esperar luego durante meses un fallo que premia manuscritos;  que luego he visto y hojeado en las librerías, con la decepción y la tristeza y, sobre todo la certeza de que muchos de nosotros nunca llegaremos a pasar esos filtros de oficinas y sedes literarias, de secretarias y ayudantes, el verdaderamente inapelable “pre-jurado” que limpia, fija y da esplendor, los que escarban entre los centenares de obras recibidas, quitando los  bichos raros y los mal escritos, escogiendo, decidiendo y descartando para poner el famoso montoncito de dieciocho, quince o doce candidatos, de los cuales sólo la mitad serán los nominados que llegan, finalmente, a las manos de un jurado de tres a cinco personas; jurado que casi siempre tiene un mes o menos para leer y decidir el fallo de un concurso prestigioso.

También la gran mayoría de nosotros (los que intentamos ser de alguna manera conocidos en esto de la literatura) conserva una colección de cartas frías, formales y correctas en las que los editores responden con un “gracias, pero no.” De cuatro editoriales a las que me he dirigido, tres me han rechazado sin miramientos  ni consideración, y la cuarta, una de las más conocidas y anecdóticas, no sólo me tuvo ocho meses esperando por una respuesta que no llegó hasta que insistí e insistí; respuesta que luego fue negativa, por supuesto, sino que - y esa es la anécdota -; tiempo después me escribe a mi correo electrónico para ofrecerme nada más y nada menos que un curso, a muy buen precio, para que pague, asista y aprenda a escribir. Y eso que era, es, una editorial que en su página Web se anuncia como buscadora de talento y calidad literaria. ¿Qué hacer, - me pregunto- voy al curso? Es que ya he cumplido más de 50, y es que, en otros momentos de mi juventud mis mentores personales fueron ilustres maestros gratuitos, a las que visité en sus casas para que me asesoraran cuando quería aprender: Soler Puig en su patio de Santiago de Cuba, Dora Alonso y Onelio en talleres y tertulias; Salvador Redonet, Eduardo Heras con aquella paciencia generosa…; es que he asistido a seminarios y hasta a clases magistrales impartidas por Gabriel García Marques en persona, en vivo y en directo. Es que llevo treinta años re-aprendiendo.

La frustración y la pena se basan en ese otro tipo de reconocimiento literario, que no tiene nada que ver con las tertulias de café con leche, los encuentros con la prensa y los colegas, y la "vidilla social"; sino con la no recuperación de la avalancha de energía que se entrega para conseguir escribir y terminar una obra nueva. No se recibe nada a cambio. Y uno espera que esa energía y ese tiempo invertidos sean recompensados con la consumación de la obra: verla terminada en una imprenta. Para llegar a la imprenta hay que pasar por un editor que te ofrecerá ese contrato, gracias al cual podrás llegar a ser re-conocido. La pescadilla vuelve a morderse la cola, es el cuento de la buena pipa

“… antes las editoriales se arriesgaban, había editoriales alternativas. Ahora ninguna editorial se atrevería a publicar a Borges o a Cortázar" Leo este comentario de otro escritor asistente al panel.

Mientras preparo este texto, las obras y los autores vuelven a estar casi medio siglo después como los libros de impresión pirata a diez centavos, en mi tenderete en el centro del pueblo en que nací; hoy también cuelgan de hilos en la redes de los ordenadores; aparecen a la venta en kioscos on line.

Hay de todo y para todos.

Y lo mismo en la Web que en las imprentas municipales todos seguimos siendo escribanos, memorialistas, notarios, decidores de historias, fabuladores, estrategas, oráculos, consejeros, asesores del estómago o el espíritu, estrellas mediáticas, caracterizadores  del idioma.

Vendedores de palabras para descargar en pdf o impresas en papel. Nos venden o nos vendemos, o no.
Es así. Funciona así.

Gana el que más vende. Esa es y ha sido siempre aquí y ahora la consigna simple. El que mejor se venda, se anuncie, se promueva.

O al que la puta loca suerte lo marca con su dedo y explota con visitas de millones a su página o blog. El fenómeno trasciende a veces incluso hasta ser reflejado en los telediarios…: no sé cuántos centenares de presos filipinos, vestidos de naranja, hacían deporte y terapia reeducativa bailando el Thriller de Mikel Jacson en el patio de una prisión, el telediario ofrecía hace poco fragmentos de esas imágenes, al tiempo que la presentadora nos decía en off que las visitas de internautas para ver ese video en Youtube rompían los records de entradas.

El fenómeno es, además de extraño y novedoso, totalmente imprevisible.

El problema de producir obras escritas para ser engavetadas sigue siendo personal y de cada uno. Queremos escribir pese a todos los pronósticos en contra, y para muchos continuar significa pasar por  encima del dilema que plantea el título de este escrito.

Nadie me pone un puñal en el cuello para obligarme a comenzar la primera línea de un relato. Soy yo quien decide, a quien se le ocurre una idea, una trama, soy yo quien ve o recrea unos personajes, los coloca para que actúen en diversas locaciones en un tiempo determinado, y los pongo a decir y hacer cosas que yo mismo pienso o me invento. Que me perdonen por lo rústico del croquis; pero lo veo así de sencillo.

Anterior 1 | 2 | 3 | 4 | 5 Siguiente
Google Custom Search
Tamaño de letra:

Imagen de portada:

"Caricatura"

Hernán Vidal - HERVI

Sumario

Este Lunes

Antecedentes de la homofobia cubana contemporánea

Emilio Bejel

Doscientos años de Argentina

Guillermo Orsi

Ni tan pocos, ni tan tontos

Ernesto Morales

Cuba-1959: el castrador espejismo de la nada

Manuel Gayol Mecías

Crónica de una muerte anunciada: Roque Dalton frente a la Historia

Luis Pérez-Simón

El socialismo en cuestión: anti-utopía en Otra vez el mar y El asalto de Reinaldo Arenas

Jesús J. Barquet

Vasto y golpeado abanico de la «gaycidad»

Eduardo Monteverde

Otro lunes Conversa

Con Iván Thays

Un escritor peruano llamado Iván Thays

Con Alberto Salcedo

Más allá de las verdades oficiales

Con Ángel Santiesteban PRATS

Somos el vehículo, la mano, el nombre que representa una lucha cultural

Punto de mira

Las pequeñas editoriales alternativas en el mercado del libro en lengua hispana

RICARDO ORTEGA

ROBERTO AMPUERO

RAÚL TÁPANES

ESTHER ANDRADI

TERESA DOVALPAGE

ALVARO CASTILLO GRANADA

YANITZIA CANETTI

CARLOS SALEM

ÁNGEL ALONSO DOLZ

NAHUM MONTT

SINDO PACHECO

DANILO MANERA

ALEJANDRO AGUILAR

FRANCISCO ALEJANDRO MÉNDEZ

LUIS FAYAD

JUAN RAMÓN BIEDMA

ARTURO GARCÍA ABRAJÁN

SEBASTIEN RUTES

EDUARDO PARRA RAMÍREZ

PABLO MAZO

Cuarto de visita

Poesía Inglesa

Carlos López Beltrán y Pedro Serrano

I’r Hen Iaith A’i Chaneuon

Ian Duhig

Matrushka

Elizabeth Garrett

Recuerdos desde una ciudad extranjera

Lavinia Greenlaw

Desconocidos

Alan Jenkins

La llamada del apóstol Mateo

James Lasdun

Táctica

Sarah Maguire

Unos escriben

Lorenzo Silva

Otros miran

Hernán Vidal - HERVI

En la misma orilla

De mis memorias

José Lorenzo Fuentes

Escenas del paraíso

Relato

David Torres

Queso y ron

Relato

Esther Andradi

Poemas

Frank Castell

Bosquejos de El Emperador

José Gabriel Ceballos

Poemas

Raúl Tápanes López

CUBA PERFORMANCES me recuerda al mundo: Sobre el documental Cuba Performances, de Elvira Rodríguez Puerto

Mares Marrero

Recycle

Notas sobre (hacia) el boom II: los maestros de la nueva novela

Emir Rodríguez Monegal

El fascismo eterno

Umberto Eco

De lunes a lunes

Nuevo libro de nuestro columnista Uriel Quesada

Escritor mexicano Eduardo Parra Ramírez gana el Premio Juan Rulfo para Primera Novela 2008

Hacia el Centenario de José Lezama Lima

Una nueva lista de excelencias editoriales en la editorial Terranova

Propuesta para una Sociedad Participativa

Biblioteca de Otro lunes

Otras voces Hispanas

A CARGO DE LUIS RAFAEL

Jesús Díaz y sus "años duros"

José Gabriel Ceballos: Variaciones argentinas

Cintio Vitier y Lo cubano en la poesía

Juan Ramón Biedma: Voyeur de la miseria humana

Librario

De cuando Pablo Neruda plagió a Miguel Ángel Macau

Álvaro Castillo Granada

La Tabla (Reseña II)

Armando de Armas

Ladrón de sueños

Bernardo Fernández - BEF

Matar y guardar la ropa

Carlos Salem

Cuba: contrapuntos de cultura, historia y sociedad

Francisco A. Scarano y Margarita Zamora

La ventana doméstica

Juan Carlos Valls

Horror al vacío

Osvaldo Navarro

 

Skype MeT!
Otro lunes. Revista Digital. Tlf: +34 644 469 467. info@otrolunes.com