Categoría: En la misma orilla

Confesión

— Avemariapurísima

— Sin pecado concebida.

— Bueno padre, yo vengo a que interceda por mí ante Dios. Tengo un problema y quiero que hable con el Señor para que le diga de dónde puedo sacar pasta, pues  ni siquiera tengo para echarme un trago, aunque sea de vino peleón. Y como hoy es Navidad, he aprovechado este día que, sin duda, Dios hará todos los favores que le pidan, pues para eso es el día de su cumple.

— Esto es un confesionario, y aquí  se viene a contar los pecados, no a decir que yo interceda por usted para comprar vino. Quizá cuando usted se haya confesado y esté en gracia, yo puedo interceder por usted ante Dios pero para  que le perdone y le dé paz, que en estas fechas falta le hace, pero no para lo que dice, que me parece una herejía.

— Pero vamos a ver ¿esto no es una cabina telefónica donde el cura habla con Dios para lo que sea?… Los que tengan pecados, pues está bien que sea para eso, para que se los perdone, pero lo mío es diferente, porque yo no tengo ningún pecado, yo lo que  tengo es unas ganas terribles de beberme unos tragos, ya que todo el mundo en estas fechas anda desmadrado de bares copas y lo que sea, y yo estoy lamido de pasta, es decir que tengo un mal rollo que no me aguanto, y como dicen que a Dios  lo que le pide un sacerdote, que es  su amigo, se lo concede, y más siendo el día que es hoy, pues yo vengo a esta cabina para que lo llame y le cuente lo mío, haber si me hago con pasta, pero pasta de verdad, no para hoy sí y mañana no, que eso es un sinvivir, y además si Dios es poderoso, le dará lo mismo ocho que ochenta, y usted ya me entiende, yo voy a lo más, es que si no esta puta vida no merece la pena..

— Pero ¿qué cuenta hombre de Dios? Ya le digo, esto es una herejía, ¡venir al confesionario a que Dios le de dinero para beber! Usted no está en sus cabales. Debería pensar lo que hace antes de hablar. Dios no se lleva bien con los borrachos, eso es un vicio y Dios odia a los viciosos, pues cuando una persona está borracha no sabe lo que hace y puede cometer muchos pecados. Y es que el alcohol lleva a la indolencia, a la lujuria, y a todos los pecados capitales.

— Pues en eso no tiene razón, ya que  yo cuando cometo pecados es cuando no puedo beber. Entonces  me entra por robar, pegar, insultar, irme con las  mujeres malas…Llevo dos día con seis  cartones de vino peleón,  que me los ha dado el de la taberna de Alonso–  y eso por ser las fechas que son que si no– … Y menos mal a esos cartones, no he cometido muchas barbaridades, pues aunque poco, me ha mantenido más o menos en mis cabales, que si no, no sé que hubiera hecho. Seguramente, hubiera cometido  muchos de lo que usted dice pecados. Por eso el Señor que es misericordioso, y sobre todo en estas fechas, hará todo lo que pueda para que yo sea bueno, pero es que yo no tengo una de estas cabinas para poder hablar con Él, y por eso como sé que los curas son intercesores–  esto me lo enseñó mi madre muy bien– , vengo a que desde esta cabina pueda usted hacerlo. De todas formas si usted no quiere, me deja el teléfono y lo hago yo, que creo que no debe ser difícil, pues ustedes están mucho tiempo parados y el teléfono libre, y más en estas fechas. No hay pues que esperar,  y yo no creo que sea algo  a lo que uno no llegue, en fin que no tendría mucho problema, digo yo.

— Buen hombre usted está borracho, y está dejando al Señor en mal lugar, pues Él no interfiere por los borrachos, eso no es cuestión de nuestra doctrina, a no ser que cuando estén en sus cabales se confiesen y por lo tanto estén en gracia de Dios. Así que hágame el favor de irse.

— ¿No quiere usted ponerse en contacto con ese Señor todopoderoso para interceder por mí?… Le advierto que soy una persona bondadosa y buena, hoy he ido a ver  un Belén y allí no he bebido una gota de vino, y además cuando mis compañeros no tienen un puto cartón, yo se lo paso, y  no crea que lo hacen todos, que cada uno lo guarda como oro en paño. Y eso se llama amar al prójimo, que aunque no crea me acuerdo mucho de lo que me decía mi madre. Así que ande no sea remolón y hable ya de una puta vez, que me estoy alterando, y si no páseme el teléfono.

— ¿Pero es que no se da cuenta de que esto es un confesionario para que las personas cristianas y en sus cabales vengan a que se le perdonen sus pecados, mediante una penitencia que le imponemos?

— Pues eso es lo que yo quiero, tener para beber, y poder estar  en mis cabales, no salido de madre como estoy ahora, por no tener ni una gota de alcohol.  ¿Es que no se da cuenta de cómo están todos los bares en este tiempo de Navidad y yo, sin embargo,  lamido de pasta ?…

— Dios mío estamos en una época en la que no se confiesa ni Dios, y uno que se acerca es un borracho gilipollas…¿qué he hecho yo?… No puedo más. Esto es superior a mis fuerzas. ¡¡Qué vergüenza!! Váyase de una vez.

— ¿Irme sin hablar usted o yo con ese todopoderoso?… Ya le he contado lo que me pasa, así que no pienso moverme de aquí.

— Le he dicho que se vaya, ¡¡leche!! y si no se va, me voy yo.

— No lo dejo irse hasta que no me dé el  teléfono.

— Pero ¿qué teléfono?…

— El que utiliza usted para hablar con el todopoderoso con el fin de que  perdone los pecados de los que vienen aquí.

— Pero eso no es así. Está tan borracho que delira.

— O sea que usted miente, que no es un sacerdote limpio de polvo y paja.

— ¿Se puede ir de una puta vez?… Me está sacando de mis casillas,  ¡¡borracho  gilipollas!!.

— Yo sólo quiero el teléfono, pero ya veo que usted no está por la labor, y hasta que no lo tenga de aquí no se mueve ni Dios.

— ¿Pero qué teléfono ni qué leches?… Le voy a dar dos hostias que se va a quedar mucho más mamao de lo que está ¡¡ hijo de puta!! que me está dado el día, ¡¡borracho de mierda!!.  ¡¡¡O se va ahora mismo o no respondo de mí!!! ¡¡¡Vaya día de Navidad!!!

—  Ya veo que usted tampoco está en sus cabales. Pues yo lo único que puedo hacer es ir a la taberna de Alonso y pedirle, que por el día que es hoy, me dé otro par de cartones , y nos lo tomamos aquí mismo, y ya más tranquilo, coge el teléfono, y le dice a ese Señor de “arriba”  lo que me pasa, o me deja el  teléfono, pues ya le digo que estoy sin blanca. Ahora  el vino que me pueden dar en la taberna de Alonso, no es de buena calidad, y yo diría que no está bien al cien por cien, pero para que vuelva uno a estar en su cabales vale, eso se lo digo yo.

 11- 9- 2012

Cinco poemas

Como se pierde el viento

En el límite exacto donde empieza la nada
y se extinguen las voces
definitivamente.

Allí donde la luz
va cediendo a las sombras,

donde el tiempo es ausencia
y espuma la esperanza,

te perderás conmigo
como se pierde el viento.

 

Ideario

Mi patria es este cielo azul que me rodea
y me llena de gozo y aviva mis recuerdos,
esta luz del verano y esta lluvia de otoño,
estos recios paisajes que llevo tan adentro.

Y es contemplar el paso de las estaciones
comprobando que el tiempo nos ha pertenecido,
y esperar tranquilamente la mañana.

Mi patria son los rostros y los nombres queridos,
las hermosas palabras,
los pequeños objetos cotidianos
y unas pocas creencias
que siempre me acompañan.

 

Futuro

Este incierto futuro que nos persigue siempre
como amenaza firme o velado temor
no conoce la luz de los días de junio
ni el color de las tardes de otoño.

No sabe de sonrisas ni fija la mirada
en la humilde frontera de la melancolía.

Desconoce la piel abrasada en caricias
y la reseca piel y los labios sellados.

Pocas veces amigo,
espera agazapado y nos sale al encuentro
y nos deja desnudos,
perdidos en la noche.

Carece de memoria
y de ahí su ceguera,
y de ahí su impiedad.

 

Mujer

Te quiero así, mujer, con la firmeza
desde tu piel, con el alma encendida,
dueña de tu destino, soñadora,
gozando plenamente tus edades,
enamorada, tierna, decidida.

Y así eres tú, generosa y abierta,
inagotable fuente de paz y de sosiego,
acogedor regazo de los tuyos,
moldeada con barro, como yo,
y, como yo, esplendor en el tiempo.

¿Quién desata su ira contra ti?
¿quién levanta la mano y te amenaza?
Mujer, esposa, madre, ¿quién te ofende?
¿y quién te desconoce y quién te hiere?
Hermana, amiga, hija, ¿quién te mata?

No hay media humanidad y hay otra media,
no existen dos verdades separadas,
son una sola carne tu mitad y la mía:
yo soy tu padre y he sido tu hijo
y tú eres nuestra madre, nuestra vida.

 

Invierno

Esta oscura presencia que recorre la tarde
me devuelve el invierno que creía tan lejano:
las brumas, el silencio de las noches sin término,
el campo en soledad, los pasos presurosos
que se pierden ajenos a cualquier sentimiento,
la impenitente lluvia, la desnudez del alma,
el aire que congela las miradas esquivas,
el temblor de las horas que se alargan despacio…

Miro a mi alrededor y de pronto comprendo
que es invierno esta tarde, que siempre será invierno.

Poemas

Distancia de una isla

a Marta Frayde

 Estoy sentado en un puente del Sena. A la derecha el Louvre. A mis espaldas otra isla y el regreso del agua en las miradas.

Frente a mí un nuevo barco con su estela de signos a la de­riva. A unos metros una muchacha fija con piedras sus dibujos a la baranda del puente.

(Ahora el olor a perfume de dos damas roza los bordes de la hoja donde escribo). Leer más…

La venta

— ¿Si no le importa, señora Adelaida, podría sacar el perro a hacer sus cositas?

Allá va Adelaida como un papalote detrás del perro enorme, lanudo, que forcejea con la cuerda como si quisiera desencajarle el hombro y gruñe a los que pasan como si fuera dueño de la acera.

— ¿Qué dice señora Adelaida? Si el niño es una monada, de lo más cariñoso, eso es jugando, no le haría daño a nadie, ¿cómo se le ocurre ponerle un bozal al niño? Ni hablar, esos son juegos, y los que se quejan son gente asustadiza y que no quiere a los animalitos. Leer más…

Extrañas en el Puerto

Enero

Mi cuerpo no me pertenece; supongo que he de recuperarlo cuando me haya comido tu corazón. Y así, con esa hambre de recu­peración, me acosté a dormir, o debería de­cir a soñar. Soñé en sepia. Era un solo ojo, medio labio y una sola mano. Iba corriendo montaña abajo tratando de alcanzar mi mi­tad que era mucho más rápida; ¿Cómo sa­ber si debía alcanzar primero a ese otro ojo maldito, o a la boca de línea más parecida a un papel liso sin imprimir? El aire me faltó para llegar.

Al final, un gran mar de leche en donde mojé mis pies mientras desaparecían la mitad de mi labio, el ojo, y la mano que me faltaba. Parecía que los había perdido para siempre, pero  ninguna pérdida es definitiva. La circularidad determina los matices, hace que  cambien de nombres, de caras, de corazones. El mar de leche se convirtió en un algodón de azúcar y el cielo se tornó gris; cayó la nieve y mi sola mano, mi solo labio y mi ojo quieto quedaron cubiertos por los copos. La música lo embargó todo. Leer más…

Apología sobre la acidez

Después de la guerra entre mi país y Europa por recetas, los periódicos sin dueños, como sólidos fantasmas, arremolinaron por todas las calles. Esa imagen la recuerdo como si fuese hoy; los grandes establecimientos se advirtieron cerrados como mismo anunciaban las caras de los propietarios. Y los niños, al parecer sin familia miraban de una manera dudosa, niños que en los cementerios de los adeptos jugaban sobre lápidas ya sin escrituras, donde antes del 1995, hubo palomas, alpistes, madres, padres, globos, vendedores de algodón agrio, de ingredientes afrodisíacos que realzaban su verdadera naturaleza, la de felicidad y energía para mis iguales que necesitaban la acidez, como mismo precisa un ciego el lazarillo. Leer más…

From heaven to earth and back

No me gustan las playas. Me corrijo: no me gusta ir a la playa a pasar el día, horas, nadar, tomar el sol, lo detesto. Cuando era niña, todos los días de julio y agosto mi madre me llevaba a La Concha. Era una verdadera tortura pues quedaba muy lejos de mi casa y el viaje duraba alrededor de dos horas en tres distintos medios de transporte: el tranvía hasta el Paradero del Vedado, otro tranvía hasta Marianao y un autobús, la guagua cubana, para arribar a nuestro destino. Todo esto implicaba levantarse temprano, cargar con bolsas que contenían bañadores (trusas en nuestro vernáculo), toallas, artículos de arreglo e higiene personal, meriendas, ni recuerdo qué más. Después tenía que sentarme bajo alguna palmera para evitar insolaciones, me molestaba el calor, no soportaba las moscas, me pasaba el tiempo calculando cuánto nos llevaría el mismo recorrido a la inversa. Leer más…