El mito del comunismo de Fidel Castro

Servando González

Fidel Castro. Caricatura: TonioFidel Castro es un caso único en la historia de la humanidad: un líder político al que sus enemigos acusan de lo mismo que él se jacta de ser: comunista. A nadie en su sano juicio se le hubiera ocurrido acusar a Stalin de comunista, a Mussolini de fascista o a Hitler de nazi. Sin embargo, a pesar de que no existe ni un ápice de evidencia que pruebe que Fidel Castro ha sido comunista, los anticastristas del exilio, salvo raras excepciones, han estado acusando a Fidel Castro de serlo por más de medio siglo, y aun lo siguen haciendo. No hay peor ciego que el que no quiere ver.

Por otra parte, esta actitud tal vez explique la verdadera causa de los continuos fracasos de los anticomunistas cubanos en su lucha contra Castro. Si hubiesen leído a Sun Tzu,70  habrían comprendido por qué el teórico más antiguo de la inteligencia y el espionaje afirmó que sólo quien conoce a su enemigo y se conoce a sí mismo ganará todas las batallas. Desafortunadamente, los cubanos anticastristas han demostrado una y otra vez que ni conocen a su enemigo ni se conocen a ellos mismos71.

Es difícil tratar de hallar una explicación a esta conducta tan irracional de la mayoría de los anticastristas cubanos en el exilio, pero considero que son dos los motivos que justifican esta anomalía. Uno es el hecho de que, desde el principio, el exilio original anticastrista estuvo controlado casi en su totalidad por la CIA, y a los conspiradores del CFR, que siempre han controlado la Agencia, el mito del comunismo castrista les convenía para sus planes. Es por eso que la CIA inculcó el mito del castrocomunismo en la mente de los cubanos anticastristas del exilio originario, y éstos, para congraciarse con sus “amigos” de la CIA, lo aceptaron sin chistar.

Otra razón, es que la mayoría de los cubanos del exilio inicial eran católicos militantes, y promover el mito del castrocomunismo les ayudaba a ocultar la dura verdad de que, lejos de ser el producto de las asambleas del Partido Socialista Popular [comunista], Fidel Castro es un fascista de pura cepa producto de las aulas jesuitas del Colegio de Belén.72

En su enfrentamiento contra el hombre que les había quitado de las manos el control político y económico del país, los oligarcas cubanos, la mayor parte de ellos ya en el exilio en la Florida, desesperadamente trataron de hallar una posición ideológica que justificara su oposición a Castro, sin admitir que tal vez la razón principal era tan sólo porque les había robado sus propiedades y los había forzado a abandonar el país.73 

No obstante, lo que no podían ignorar era que Fidel Castro, el hijo de un rico terrateniente que había amasado su fortuna al servicio de los intereses de la United Fruit Company, era uno de ellos. Prueba de esto es que, tal como acostumbraban los miembros de la oligarquía cubana, Angel Castro envió a su hijo a estudiar a La Habana con los jesuitas en el exclusivo Colegio de Belén. Y cuando Fidel Castro se casó con la hija de un alto miembro de la oligarquía, también siguiendo la tradición viajó a los Estados Unidos a pasar su luna de miel, y a gastar los mil dólares que el Presidente Batista, buen amigo del padre de Castro, les había enviado como regalo de bodas.

De modo que los anticastristas del exilio se vieron atrapados en el dilema de que, si atacaban a Fidel Castro por lo que realmente era, se iban a hallar en la difícil situación de tener que atacarse ellos mismos. Por eso abrazaron el mito del comunismo castrista.

En noviembre del 2002, la revista cultural mexicana Letras Libres dedicó un número al tema “Futuros de Cuba”, en el que apareció un interesante artículo de Antonio Elorza, titulado “Fidel Castro, el poder y su máscara.” En su oportuno y necesario artículo, Elorza centró su análisis en la doblez, la mentira y la simulación en la conducta de Fidel Castro, a quien calificó no sólo de “excelente embaucador”, sino de haber sido quizás “el mejor demagogo del siglo XX”.

Sin embargo, a pesar de que existen innumerables pruebas, como las que aporta Elorza, de que Castro es un mentiroso contumaz, la mayoría de la gente — y no me refiero tan sólo a sus admiradores, sino también a sus críticos — aún se empeña en creer a pie juntillas las afirmaciones del tirano. Desafortunadamente, esa imagen prevaleciente de Castro, que Elorza se esfuerza en esclarecer, se basa en lo que éste dice. Pero si nos fijamos en lo que hace, descubrimos a un individuo muy diferente. Tomemos, por ejemplo, el tantas veces repetido mito del marxismo y el comunismo de Castro.

En un esfuerzo por descifrar ideológicamente a Castro, Theodor Draper, uno de los más agudos analistas del fenómeno castrista, concluyó,

Desde el punto de vista histórico el castrismo es, pues, un líder en busca de un movimiento, un movimiento en busca del poder y un poder en busca de una ideología. Desde sus orígenes hasta ahora ha tenido el mismo líder y el mismo camino del poder, pero ha cambiado su ideología.74

No obstante, considero que, contrariamente a lo que afirma Draper, Fidel Castro nunca ha cambiado su ideología. Fidel Castro siempre fue, es, y será, profundamente castrista, es decir, un gánster psicópata asesino al estilo de Al Capone o Lucky Luciano. El hecho explica el por qué a lo largo de su larga carrera político-gansteril, Castro ha cambiado ideologías con la misma facilidad que una serpiente cambia la piel, por la sencilla razón de que carece de ideología política. Pero la piedra angular de la ideología personal de Fidel Castro consiste en asesinar a todo aquel que se le oponga o constituya un obstáculo para llevar a cabo sus planes secretos — algo que tal vez aprendió de sus preceptores jesuitas.75

Luis Ortega, un periodista cubano que lo conoció de cerca, también llegó a la conclusión de que Castro es simplemente un vulgar pandillero cuya única ideología es la violencia. Según Ortega,

En la rebusca de los orígenes del castrismo se ha cometido el error de simplificar excesivamente las cosas encuadrando a Castro dentro de una actividad simplemente gansteril, lo cual no es enteramente cierto, porque se ignora deliberadamente que la etapa del gansterismo corresponde al momento final de los grupos de acción. Antes de caer en el gansterismo estos grupos habían sido otra cosa. Y en esa otra cosa, en ese ambiente de violencia delirante, de justicia expeditiva, es donde hay que ir a buscar las raíces más hondas del castrismo. La conducta posterior de Castro resulta perfectamente explicable si se refiere al centro de donde emana. La gran aportación de Castro a las luchas políticas de Cuba consiste, precisamente, en haber trasplantado la dinámica de las pandillas a las zonas rurales, lo cual en 1956 parecía irrealizable. Las desacreditadas pandillas del año 1946 llegan a jerarquizarse en el proceso que va del 56 al 59 con el nombre, más sugestivo, de guerrillas. El carácter delirante es el mismo. El método es similar. Los códigos que se aplican son los mismos. La terminología se ajusta a la de los grupos de acción. La ausencia de una doctrina sigue predominando en la guerrilla.76

Notas del artículo

    El mito del comunismo de Fidel Castro

    71. En honor a la verdad, últimamente he descubierto que unos pocos anticastristas del lamado “exilio original” han despertado de su sueño y han comenzado a identificar a sus verdaderos enemigos. Desgraciadamente, aún estos pocos todavía se refieren al comunismo de Fidel Castro.

    72. Para un detallado análisis que prueba que la ideología política de Fidel Castro se acerca más al fascismo que al comunismo, ver Servando Gonzalez, The Secret Fidel Castro: Deconstructing the Symbol (Oakland, California: Spooks Books, 2001), pp. 233-305.

    73 Sin embargo si bien es cierto que la mayor parte del grupo inicial de cubanos exiliados en la Florida eran miembros de la oligarquía, la imagen que todavía prevalece en amplios sectores del público norteamericano, que ve a los cubanos procastristas como progresistas y revolucionarios y a los anticastristas como reaccionarios de extrema derecha, es una invención de los servicios de inteligencia castrista difundida por los medios masivos de comunicación norteamericanos controlados por los conspiradores del CFR.

    Por el contrario, tal como un autor ha señalado, “La cultura política de Miami ha sido poco estudiada y simplificada en exceso, en tanto que la cultura política de Cuba se ha sacralizado y congelado en sus colores del 1959. Pero soy de la opinión que la cultura política del exilio ha incorporado cambios graduales importantes y se ha democratizado, en tanto que la cultura política de la Isla se ha impuesto y mantenido a través de la represión. La aparencia superficial de aprobación y apoyo [a la revolución] en la Isla es un velo. La imagen monolítica de Miami es errónea.” Ver, Holly Ackerman, “Searching for Middle Ground: Cuba’s Chronic Dilemma,” Peace Magazine, www.peacemagazine.org/9703/cuba-ha1.htm.

    74 Theodore Draper, Castroism: Theory and Preactice (New York: Frederick A. Praeger, 1966) p. 71.

    75. El hecho de que Castro haya mencionado en su autodefensa durante el juicio por el ataque al cuartel Moncada en 1953, la teoría del jesuita español Juan Mariana, expuesta en su libro De Rege et Regis Institutione, indica que la idea de asesinar a sus opositores le fue inculcada a Castro por sus maestros jesuitas en el Colegio de Belén.

    76. Luis Ortega, “Las raíces del castrismo”, Encuentro de la Cultura Cubana, No. 22 (primavera del 2002), p. 322.

     

    Las raíces fascistas del castrismo

    99. Jaime Suchlicki, Cuba: From Columbus to Castro (New York: Scribner’s, 1974), pp. 143.

    100. Bohemia Libre, December 1961.

    101. Daniel James, Cuba: The First Soviet Satellite in the Americas (New York: Avon, 1961), p. 34.

    102. Peter G. Bourne, Fidel: A Biography of Fidel Castro (New York: Dodd, Mead & Company, 1986), p. 29.

    103. En honor a la verdad, Malaparte escribió su libro no como un elogio, sino como una crítica del fascismo. Ello le costó que Mussolini lo enviara a la cárcel y al destierro.

    104. Localizador de talento (talent spotter): Oficial de inteligencia o agente operativo cuya función principal es localizar y evaluar individuos que podrían ser reclutados como agentes para realizar trabajos de inteligencia y espionaje.

    105. Agente: Alguien que ha sido reclutado, entrenado, controlado, y empleado para obtener información desde dentro de una organización o país. Los agentes son los únicos empleados de un servicio de inteligencia cuyo trabajo consiste en espiar. Por lo general, los servicios de inteligencia no reclutan como agentes a ciudadanos de sus propios países.

    106 Agente de influencia: persona sobornada o ideológicamente comprometida — no directamente bajo el control de un un servicio de inteligencia extranjero — que ocupan una posición en su país mediante la cual puede influir sobre la política o la opinión pública.

    107. Carlos Alberto Montaner, “¿Quiere Castro abandonar a los Soviéticos?” La Estrella de Panamá, February 22, 1985.

    108. Daniel James, op. cit., p. 31.

    109. Aunque Draper utiliza la palabra “cuerpo” en su traducción al inglés, la palabra utilizada por Castro en el original en español es “haz”. Ver, Theodore Draper, Castroism, Theory and Practice (New York: Praeger, 1965), p. 8.

    110. La palabra fascista se deriva de la palabra latina fasces, un atado de varillas de madera atadas con una cuerda roja que portaban los lictores romanos cuando se presentaban ante los magistrados. Las varillas atadas simbolizaban unidad y autoridad.

    111. Luis Conte Agüero, Cartas de presidio. (La Habana: Editorial Lex, 1959), p. 60. El principio castrista de la importancia cardinal del liderazgo también es mecionado por Theodore Draper, op. cit., p. 9.

    112. Walter Laqueur, Fascism: Past, Present, Future (New York: Oxford University Press, 1996), pp. 34-35.

    113. Para un ejemplo típico de ataque fascista al capitalismo, ver A. Grandi, La futura civiltá del lavoro nel mondo (Bologna: Stiassi and Tantini, 1941).

    114. Chibás citado en Daniel James, op. cit., p. 34.

    115. Festus Brotherson, Jr. Rapporteur, “Cuba: The New Regime of 1959 and Alternative Revolutionary Outcomes,” en José Martí and the Cuban Revolution Retraced, Proceedings of a Conference Held at the University of California,. Los Angeles, March 1-2, 1985. (Los Angeles: UCLA Latin American Center Publication, 1986), p. 35.

     

    ¿Castrismo o jesuitismo?

    181. Ver, Servando Gonzalez, Dulces guerreros cubanos, obra cumbre de la literatura gay castrista.. Sobre el nazismo como un culto gay al estilo espartano, ver Scott Lively y Kevin Abrams, The Pink Swastika, [tercera edición] (Keiser, Oregon: Founders Publishing Corporation, 1997), p. 19.

    182. El hecho explica el por qué Celia Sánchez, por muchos años la secretaria personal de Castro y una de las personas de su extrema confianza, nunca ocultó su anticomunismo y esto no le acarreó problema alguno. Sin embargo, a pesar de que en Cuba todo el mundo sabía que Celia Sánchez era tanto anticomunista como lesbiana, el hecho sólo aparece mencionado por Norberto Fuentes, Dulces guerreros cubanos (Barcelona: Seix Barral, 1999), p. 138.

    183. Herbert Matthews, Revolution in Cuba: An Essay in Understanding (New York: Charles Scribner’s Sons, 1975), p. 47-48.

    184. Véase, por ejemplo, Robert Rouquette, Saint Ignace de Loyola (Paris: Albin Michel, 1944), p. 44.

    185. Ibid.

    186. H. Boehmer, Les Jesuites (Paris: Armand Colin, 1910), p. 192.

    187. Ibid., p. 197.

    188. Véase, Manuel David Orrio, “El cuchillo del matarife,” CubaNet (www.cubanet.org), 14 de abril de 1999, y Pablo Alfonso, “En auge el cuatrerismo pese a drásticas penas,” El Nuevo Herald, 1ro. de septiembre de 1999.

    189. Walter Schellenberg, uno de los más allegados colaboradores de Himmler, describió en bastante detalle la fascinación de su jefe por los jesuitas. Véase, Walter Schellenberg, The Labyrinth: Memoirs of Walter Schellenberg (New York: Harper, 1956).

    190. Para un excelente análisis de las interioridades de la “democracia” jesuíta, veáse Malachi Martin, The Jesuits (New York: Simon & Schuster, 1987), pp. 228-229.

    191. En su polémico libro, Inside the Criminal Mind (New York: Times Books, 1984), Stanton E. Samenow demuestra que la causa de sus crímenes reside en los propios criiminales — no en sus padres, ni en sus maestros, ni en las drogas o el desempleo. Y los criminales cometen los crímenes porque los desean cometer. Según Samenow, el crimen reside en la mente del criminal, y no es causado por las condiciones sociales. Lo que una persona hace está determinado fundamentalmente por lo que piensa, y los criminales piensan diferente que la mayoría de las personas. Desde que era un niño pequeño en la finca de sus padres en Birán, Fidel Castro mostró que pensaba diferente.

    192. El verdadero papel de los jesuitas del Colegio de Belén en la creación del monstruo malvado debe ser investigado en detalle, y ese papel debe ser tomado en cuenta cuando, en una Cuba después de Castro, los jesuitas traten de continuar sus tareas “educacionales” de creación de monstruos malvados como si nada hubiera pasado.

    193. La conexión Castro-jesuita ha sido ignorada por la mayoría de los investigadores que han estudiado el fenómeno castrista.

    194. Para un estudio detallado de cómo los jesuitas se transformaron de defensores de la Iglesia y del papa en sus peores enemigos, ver Malachi Martin, The Jesuits (New York: Simon and Schuster, 1987). En realidad, la llamada “teología de la liberación” jesuítica tiene más de fascismo que de comunismo.

    195. Aunque es evidente que ideológicamente Fidel Castro tiene más afinidades con el fascismo que con el comunismo, es probable que las verdaderas fuentes del fascismo de Castro no hayan sido los nazis sino los jesuitas. Sobre el fascismo jesuita, ver Communist Barry Davis Obama: ‘Who’s Your Daddy?.. He hallado tan sólo una persona que comparte esta idea. El Dr. Facundo Lima, un psiquiatra que reside en los EE.UU., le expresó a Georgie Ane Geyer que Castro “había reemplazado las prácticas religiosas aprendidades de sus maestros jesuitas en el Colegio de Belén con su propio tipo de marxismo, su nueva religión.” Ver, Georgie Anne Geyer, “Castro: The ‘Knowable’ Dictator,” en The Cuban Revolution at Thirty, textos de una conferencia auspiciada por la Cuban American National Foundation (Washington, D.C., Enero 10, 1989), p. 46.

Del Autor

Servando González

Es un escritor norteamericano nacido en Cuba. González ha escrito libros, ensayos y artículos sobre historia de los EE.UU. y América Latina, inteligencia, espionaje, teoría de las conspiraciones y semiótica. González es el autor de Historia herética de la revolución fidelista, Observando, The Secret Fidel Castro, The Nuclear Deception, La madre de todas las conspiraciones, Obamania y Psychological Warfare and the New World Order, así como de los documentales Treason in America: The Council on Foreign Relations y Partners in Treason: The CFR-CIA-Castro Connection, producidos por Xzault Media Group de San Leandro, California. Sus artículos aparecen en www.theintelhub.com y en su sitio web, www.servandogonzalez.org.