El mito del comunismo de Fidel Castro

Servando González

Las raíces fascistas del castrismo

En su larga carrera política, Castro ha demostrado ser un gran destructor de organizaciones. Una vez que tomó el poder en Cuba en 1959, utilizó el Ejército Rebelde para destruir su propio Movimiento 26 de julio (M-26-7). Luego, utilizó a la recién creada milicia, “controlada” por los comunistas, para destruir al Ejército Rebelde. Por último, recuperó el control sobre el ejército y la milicia, y creó su propio partido “comunista” después de destruir el verdadero.

Los miembros del viejo Partido Comunista que se plegaron a su voluntad y se unieron al nuevo partido “comunista” de Castro se ganaron la supervivencia política. Los que se negaron, terminaron en el exilio, en la cárcel, o frente a los pelotones de fusilamiento.

Como los políticos corruptos de antaño, Fidel Castro es un oportunista. Cabe destacar que sus objetivos principales en la vida han sido la supervivencia y el poder político. La evidencia indica que, a pesar de los homenajes verbales al marxismo y al comunismo, Castro nunca se ha comprometido con ningún movimiento político o ideología, por lo menos no hasta el punto de verse obligado a defender posiciones ideológicas que obstaculicen su verdaderas metas.

¿Cuáles son, entonces, los verdaderos ideales de Castro, su raison d’être? Es difícil de decir, pero tenemos algunas pistas. Castro ha sido siempre un soñador y nunca se ha considerado un político. Una de las razones de su incapacidad para tener éxito en ningún campo antes de que se convirtiera en el líder máximo de Cuba, eran sus intereses dispersos. Castro siempre ha sido el gran dilettante, vehementemente en contra de especializarse en algún campo en particular. Sus talentos son más del tipo de supervisión que los de ejecución. Por tanto, no es de extrañarse que haya tenido éxito en el campo de la política. En realidad la política era un trabajo hecho a su medida. Los políticos por lo general no saben nada de nada, excepto las líneas generales de su programa de partido, pero tienen sus propias ideas en cuanto a cómo debe ser llevado a cabo. Sin embargo, en el caso de Castro, si uno escarba lo suficiente para hallar una ideología política subyacente, encontramos que su pensamiento y acciones están más cerca del fascismo que de cualquier otra ideología.

Fidel Alejandro Castro Ruz nació el 13 de agosto de 1926, en Birán, un pequeño pueblo fundado por la United Fruit Company cerca de Mayarí, en la costa norte de la provincia de Oriente. Pasó sus primeros años en la finca Manacas, cerca de Birán, propiedad de su padre, Ángel Castro.

Cuando Fidel llegó a la edad escolar de la enseñanza media, sus padres lo enviaron a Santiago de Cuba, la capital de la provincia de Oriente, para estudiar en la escuela católica de los hermanos de La Salle. Después de un corto período de tiempo fue trasladado a la Escuela de Dolores, de los jesuitas. En 1942, después de terminar la enseñanza media, fue enviado a cursar el bachillerato al prestigioso Colegio de Belén en La Habana, también operado por los jesuitas.

En Belén Fidel se destacó como atleta, orador incansable y buen estudiante, tal vez no muy brillante, pero con una prodigiosa memoria fotográfica. Algunos de sus ex-compañeros de clase afirman que en Belén el joven Fidel cayó bajo la influencia de los padres jesuitas Armando Llorente y Alberto de Castro (sin relación con Fidel).

Los sacerdotes jesuitas del Colegio de Belén, al igual que la mayoría de los curas católicos españoles en Cuba, eran firmes partidarios de la Falange de Francisco Franco,98  un tipo particular de fascismo español, y albergaban profundos sentimientos antinorteamericanos. Estos sacerdotes inculcaron su entusiasmo por su causa antinorteamericana en las mentes impresionables de algunos de sus jóvenes discípulos en Belén.

En particular, el Padre Alberto de Castro, que enseñaba historia de América Latina, tuvo un papel cardinal en inculcar estas ideas. Según él, la independencia de América Latina se había frustrado debido a la adopción de valores y tradiciones materialistas anglosajonas, que suplantaron la dominación cultural española. De Castro siempre hacía hincapié en cómo Franco había liberado a España de los anglosajones y el materialismo comunista marxista-leninista. También hacía énfasis en que los que tienen la verdad, que sólo es revelada por Dios, tienen el deber moral de defenderla contra todos. El Padre de Castro siempre rechazó los compromisos ideológicos y clamaba por la purificación de la sociedad.

El joven Fidel fue rápidamente cautivado por las enseñanzas de sus profesores jesuitas, y en particular por las ideas del Padre de Castro.99  Algunos de sus compañeros de estudios afirman que, desde esa época, Fidel había leído la mayor parte de las obras de José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange Española. José Pardo Llada, un comentarista de radio y político que en algún momento fue colaborador cercano de Castro, observó que en su campamento en la Sierra Maestra Fidel tenía las obras completas de Primo de Rivera.100  Tal parece que Fidel estaba tan fascinado con los discursos de Primo de Rivera, que muchos de estos los sabía de memoria. También sentía admiración por la imagen de Primo de Rivera, un hombre rico que lo abandonó todo y se fue a luchar por aquello en lo que creía.

Algunos de sus compañeros en Belén afirman que Fidel era también un gran admirador de otros líderes fascistas, como Hitler, Mussolini y Perón. Entre las lecturas preferidas de Castro estaba una colección de ocho volúmenes con los discursos de Mussolini.101  Por otra parte, Castro le dijo cierta vez a un amigo que había aprendido muchas cosas acerca de la propaganda mediante el estudio de Mi Lucha de Hitler, que también sabía de memoria. Algunos amigos recuerdan que el joven Fidel había puesto en una de las paredes de su habitación un gran mapa de Europa, donde había marcado los avances victoriosos de los panzers de la Wehrmacht.

Carlos Rafael Rodríguez, un exdirigente del  Partido Comunista original de Cuba que más tarde se convirtió en seguidor de Castro, ha confirmado estas historias. En una entrevista con uno de los biógrafos de Castro, Rodríguez le dijo que recordaba un artículo sobre Castro publicado en el periódico conservador Diario de la Marina, cuando Castro era alumno del Colegio de Belén. El artículo menciona que Castro siempre “hablaba sobre el fascismo de una manera favorable.”102 

Otro libro favorito de Castro era La técnica del golpe de estado, de Curzio Malaparte.103  Este libro ejerció una influencia tan fuerte en el joven Fidel Castro que, cuando viajó a Colombia en 1948, una de las primeras cosas que hizo fue dar una charla sobre las técnicas del golpe de estado.

El Padre Alberto de Castro había fundado en el Colegio de Belén una sociedad secreta elitista llamada Convivio, a través de la cual atrajo a jóvenes estudiantes con cualidades de liderazgo. Dado que la Orden Jesuita está a cargo de la inteligencia y el espionaje de la Iglesia Católica, no es descabellado suponer que el padre de Castro era en realidad un localizador de talento104  para los servicios de inteligencia del Vaticano. Al igual que sus homólogos de la CIA y la KGB, los jesuitas están conscientes de las ventajas del reclutamiento temprano de agentes105  y agentes de influencia106  entre las filas de los estudiantes. La mayoría de los estudiantes del Colegio de Belén provenían de la clase alta cubana, y los jesuitas sabían que muchos de ellos con el tiempo acabarían ocupando altos cargos en la economía cubana, la prensa, las fuerzas armadas y el gobierno.

Fidel Castro pronto se convirtió en uno de los miembros más activos de Convivio. En 1943, el padre de Castro y sus discípulos de Convivio firmaron un pacto secreto en el que juraron luchar por una América hispana grande y unida, que se opusiera al control  de los traicioneros anglosajones sobre el Nuevo Mundo.107

El Dr. José Ignacio Rasco, compañero de escuela de Fidel en Belén, recuerda que en una ocasión, durante una discusión académica, Fidel defendió, como una tesis, la necesidad de un buen dictador en lugar de una democracia. Fidel creía que, en el caso específico de Cuba, los problemas seguirían sin resolverse a menos que una mano fuerte tomara el control de la isla, ya que la democracia había demostrado ser incapaz de resolver los problemas.108

Los comunistas cubanos, y los soviéticos a través de ellos, conocían las ideas de Fidel en relación a la lucha de clases, lo que explica por qué nunca confiaron en él ni lo consideraron uno de los suyos. En uno de sus esclarecedores estudios sobre el castrismo, Theodore Draper publicó una carta que Castro escribió a su amigo Luis Conte Agüero el 14 de agosto de 1954. En ella Fidel le informa acerca de su objetivo de “organizar a los hombres del 26 de julio y unir a todos los combatientes en un haz indestructible.”109  Haces (el plural de haz), es la versión en español de fasces, la palabra latina usada después para designar el fascismo.110

Fidel creía firmemente que, en lugar de la lucha de masas del proletariado organizado que predicaban los comunistas, el liderazgo por sí sólo podría proporcionar el catalizador que movilizara al pueblo en la revolución. En una carta a su amigo Luis Conte Agüero, Castro hace hincapié en las dos condiciones que él considera más importantes que su movimiento M-26-7 debía lograr. Ellos son la disciplina y el liderazgo, especialmente este último. El axioma de Castro “la jefatura es básica”, que repetía una y otra vez en sus artículos, cartas y discursos,111  está más estrechamente relacionado con el principio del liderazgo (führerprinzip) nazi que con cualquier principio marxista conocido.

El principio del liderazgo es parte integral básica de todos los sistemas fascistas. Contrariamente a lo que hemos visto en la mayoría de los países comunistas, la personalidad de los líderes ha jugado un papel crucial en todos los regímenes fascistas. Como el estudioso del fascismo Walter Laqueur ha señalado con razón, “el liderazgo como institución y símbolo ha sido una parte esencial del fascismo y uno de sus específicas características, en contraste con las formas anteriores de la dictadura, como el gobierno militar.”112

Aunque no todos los líderes fascistas han sido carismáticos, la personalidad del líder siempre ha jugado un papel importante en los regímenes fascistas. Es sintomático, sin embargo, que los dos movimientos fascistas más conocidos en la historia de la humanidad han sido, precisamente, los dirigidos por dos líderes carismáticos: Mussolini y Hitler.

Por el contrario, la idea del líder carismático está totalmente ausente del pensamiento marxista. Ni siquiera en los tiempos de Stalin o Mao éstos fueron llamados “carismáticos” — una de las mayores críticas a Stalin después de su muerte fue su llamado “culto a la personalidad”. Por el contrario, los marxistas y comunistas siempre han restado importancia al papel del individuo, dando más importancia al papel de las masas. Aún más, el odio visceral de Castro contra el capitalismo, una de las supuestas pruebas de sus inclinaciones comunistas, no es evidencia de que haya sido izquierdista o marxista, porque los fascistas también se caracterizaban por atacar el capitalismo y el imperialismo extranjero.113

Durante los años previos a la Segunda Guerra Mundial, estaba de moda entre los intelectuales cubanos simpatizar con las teorías totalitarias de los entonces miembros del poderoso eje Roma-Berlín-Tokio. Fue tan sólo después de la Segunda Guerra Mundial y la derrota nazi, cuando Fidel Castro era estudiante de la Universidad de La Habana, que las ideas del comunismo comenzaron a ganar popularidad en Cuba, aunque todavía el fascismo atraía a un gran número de la intelectualidad cubana.

Desde muy temprana edad Fidel evidenció una fuerte vocación totalitaria. Conociendo su personalidad psicopática y su ansia de poder personal absoluto, es fácil concluir que se trataba tan sólo de una cuestión de pragmatismo político cuál de las dos ideologías, el fascismo o el comunismo, mejor le serviría a sus propósitos. El Dr. Raúl Chibás, por algún tiempo aliado político de Castro, afirmó que creía que Fidel estaba “utilizando el comunismo como el sistema más adecuado para alcanzar los objetivos del gobierno de un solo hombre”. Chibás opinaba que Castro se valió del comunismo totalitario para implementar el gobierno dictatorial en Cuba, pero, “Veinticinco años antes podría haber sido el nazismo o el fascismo”.114

Varios años después de que Castro tomó el poder en Cuba, se supo que algunas personas en el Departamento de Estado de EE.UU. estaban convencidas de que Castro iba a seguir un camino fascista. Las razones para tal creencia eran que el estilo de liderazgo de Castro se aproximaba más a la dictadura falangista española que a la de los marxistas. Otras razones eran las similitudes entre las técnicas de Castro y las de los nazis y de Mussolini. Esas técnicas ponían énfasis en el nacionalismo y la movilización de masas, exactamente las mismas técnicas que Castro estaba usando en Cuba.115

Al parecer no estaban equivocados. Un análisis detallado de la estrategia de Castro desde los primeros días de la revolución demuestra que sus ideas se asemejan más al fascismo que al marxismo116  y, desde el principio, los comunistas cubanos notaron las similitudes. Como he mencionado anteriormente, después que Castro asaltó el cuartel Moncada en 1953, los comunistas cubanos criticaron la acción y calificaron a sus participantes de “golpistas” y “pequeños burgueses”, términos que en la jerga comunista de esos tiempos connotaban fascista.

Además, el movimiento revolucionario dirigido por Fidel nunca fue definido por los comunistas cubanos como marxista o marxista-leninista, sino “pequeño burgués” y “nacionalista”, una descripción común utilizada por los marxistas para describir el fascismo. Los comunistas cubanos, que eran verdaderos expertos en cuestiones ideológicas, siempre vieron a Castro como un fascista. Es por eso que llamaron el ataque al cuartel Moncada “un intento putschista.” La historia ha demostrado que tenían toda la razón.

Notas del artículo

    El mito del comunismo de Fidel Castro

    71. En honor a la verdad, últimamente he descubierto que unos pocos anticastristas del lamado “exilio original” han despertado de su sueño y han comenzado a identificar a sus verdaderos enemigos. Desgraciadamente, aún estos pocos todavía se refieren al comunismo de Fidel Castro.

    72. Para un detallado análisis que prueba que la ideología política de Fidel Castro se acerca más al fascismo que al comunismo, ver Servando Gonzalez, The Secret Fidel Castro: Deconstructing the Symbol (Oakland, California: Spooks Books, 2001), pp. 233-305.

    73 Sin embargo si bien es cierto que la mayor parte del grupo inicial de cubanos exiliados en la Florida eran miembros de la oligarquía, la imagen que todavía prevalece en amplios sectores del público norteamericano, que ve a los cubanos procastristas como progresistas y revolucionarios y a los anticastristas como reaccionarios de extrema derecha, es una invención de los servicios de inteligencia castrista difundida por los medios masivos de comunicación norteamericanos controlados por los conspiradores del CFR.

    Por el contrario, tal como un autor ha señalado, “La cultura política de Miami ha sido poco estudiada y simplificada en exceso, en tanto que la cultura política de Cuba se ha sacralizado y congelado en sus colores del 1959. Pero soy de la opinión que la cultura política del exilio ha incorporado cambios graduales importantes y se ha democratizado, en tanto que la cultura política de la Isla se ha impuesto y mantenido a través de la represión. La aparencia superficial de aprobación y apoyo [a la revolución] en la Isla es un velo. La imagen monolítica de Miami es errónea.” Ver, Holly Ackerman, “Searching for Middle Ground: Cuba’s Chronic Dilemma,” Peace Magazine, www.peacemagazine.org/9703/cuba-ha1.htm.

    74 Theodore Draper, Castroism: Theory and Preactice (New York: Frederick A. Praeger, 1966) p. 71.

    75. El hecho de que Castro haya mencionado en su autodefensa durante el juicio por el ataque al cuartel Moncada en 1953, la teoría del jesuita español Juan Mariana, expuesta en su libro De Rege et Regis Institutione, indica que la idea de asesinar a sus opositores le fue inculcada a Castro por sus maestros jesuitas en el Colegio de Belén.

    76. Luis Ortega, “Las raíces del castrismo”, Encuentro de la Cultura Cubana, No. 22 (primavera del 2002), p. 322.

     

    Las raíces fascistas del castrismo

    99. Jaime Suchlicki, Cuba: From Columbus to Castro (New York: Scribner’s, 1974), pp. 143.

    100. Bohemia Libre, December 1961.

    101. Daniel James, Cuba: The First Soviet Satellite in the Americas (New York: Avon, 1961), p. 34.

    102. Peter G. Bourne, Fidel: A Biography of Fidel Castro (New York: Dodd, Mead & Company, 1986), p. 29.

    103. En honor a la verdad, Malaparte escribió su libro no como un elogio, sino como una crítica del fascismo. Ello le costó que Mussolini lo enviara a la cárcel y al destierro.

    104. Localizador de talento (talent spotter): Oficial de inteligencia o agente operativo cuya función principal es localizar y evaluar individuos que podrían ser reclutados como agentes para realizar trabajos de inteligencia y espionaje.

    105. Agente: Alguien que ha sido reclutado, entrenado, controlado, y empleado para obtener información desde dentro de una organización o país. Los agentes son los únicos empleados de un servicio de inteligencia cuyo trabajo consiste en espiar. Por lo general, los servicios de inteligencia no reclutan como agentes a ciudadanos de sus propios países.

    106 Agente de influencia: persona sobornada o ideológicamente comprometida — no directamente bajo el control de un un servicio de inteligencia extranjero — que ocupan una posición en su país mediante la cual puede influir sobre la política o la opinión pública.

    107. Carlos Alberto Montaner, “¿Quiere Castro abandonar a los Soviéticos?” La Estrella de Panamá, February 22, 1985.

    108. Daniel James, op. cit., p. 31.

    109. Aunque Draper utiliza la palabra “cuerpo” en su traducción al inglés, la palabra utilizada por Castro en el original en español es “haz”. Ver, Theodore Draper, Castroism, Theory and Practice (New York: Praeger, 1965), p. 8.

    110. La palabra fascista se deriva de la palabra latina fasces, un atado de varillas de madera atadas con una cuerda roja que portaban los lictores romanos cuando se presentaban ante los magistrados. Las varillas atadas simbolizaban unidad y autoridad.

    111. Luis Conte Agüero, Cartas de presidio. (La Habana: Editorial Lex, 1959), p. 60. El principio castrista de la importancia cardinal del liderazgo también es mecionado por Theodore Draper, op. cit., p. 9.

    112. Walter Laqueur, Fascism: Past, Present, Future (New York: Oxford University Press, 1996), pp. 34-35.

    113. Para un ejemplo típico de ataque fascista al capitalismo, ver A. Grandi, La futura civiltá del lavoro nel mondo (Bologna: Stiassi and Tantini, 1941).

    114. Chibás citado en Daniel James, op. cit., p. 34.

    115. Festus Brotherson, Jr. Rapporteur, “Cuba: The New Regime of 1959 and Alternative Revolutionary Outcomes,” en José Martí and the Cuban Revolution Retraced, Proceedings of a Conference Held at the University of California,. Los Angeles, March 1-2, 1985. (Los Angeles: UCLA Latin American Center Publication, 1986), p. 35.

     

    ¿Castrismo o jesuitismo?

    181. Ver, Servando Gonzalez, Dulces guerreros cubanos, obra cumbre de la literatura gay castrista.. Sobre el nazismo como un culto gay al estilo espartano, ver Scott Lively y Kevin Abrams, The Pink Swastika, [tercera edición] (Keiser, Oregon: Founders Publishing Corporation, 1997), p. 19.

    182. El hecho explica el por qué Celia Sánchez, por muchos años la secretaria personal de Castro y una de las personas de su extrema confianza, nunca ocultó su anticomunismo y esto no le acarreó problema alguno. Sin embargo, a pesar de que en Cuba todo el mundo sabía que Celia Sánchez era tanto anticomunista como lesbiana, el hecho sólo aparece mencionado por Norberto Fuentes, Dulces guerreros cubanos (Barcelona: Seix Barral, 1999), p. 138.

    183. Herbert Matthews, Revolution in Cuba: An Essay in Understanding (New York: Charles Scribner’s Sons, 1975), p. 47-48.

    184. Véase, por ejemplo, Robert Rouquette, Saint Ignace de Loyola (Paris: Albin Michel, 1944), p. 44.

    185. Ibid.

    186. H. Boehmer, Les Jesuites (Paris: Armand Colin, 1910), p. 192.

    187. Ibid., p. 197.

    188. Véase, Manuel David Orrio, “El cuchillo del matarife,” CubaNet (www.cubanet.org), 14 de abril de 1999, y Pablo Alfonso, “En auge el cuatrerismo pese a drásticas penas,” El Nuevo Herald, 1ro. de septiembre de 1999.

    189. Walter Schellenberg, uno de los más allegados colaboradores de Himmler, describió en bastante detalle la fascinación de su jefe por los jesuitas. Véase, Walter Schellenberg, The Labyrinth: Memoirs of Walter Schellenberg (New York: Harper, 1956).

    190. Para un excelente análisis de las interioridades de la “democracia” jesuíta, veáse Malachi Martin, The Jesuits (New York: Simon & Schuster, 1987), pp. 228-229.

    191. En su polémico libro, Inside the Criminal Mind (New York: Times Books, 1984), Stanton E. Samenow demuestra que la causa de sus crímenes reside en los propios criiminales — no en sus padres, ni en sus maestros, ni en las drogas o el desempleo. Y los criminales cometen los crímenes porque los desean cometer. Según Samenow, el crimen reside en la mente del criminal, y no es causado por las condiciones sociales. Lo que una persona hace está determinado fundamentalmente por lo que piensa, y los criminales piensan diferente que la mayoría de las personas. Desde que era un niño pequeño en la finca de sus padres en Birán, Fidel Castro mostró que pensaba diferente.

    192. El verdadero papel de los jesuitas del Colegio de Belén en la creación del monstruo malvado debe ser investigado en detalle, y ese papel debe ser tomado en cuenta cuando, en una Cuba después de Castro, los jesuitas traten de continuar sus tareas “educacionales” de creación de monstruos malvados como si nada hubiera pasado.

    193. La conexión Castro-jesuita ha sido ignorada por la mayoría de los investigadores que han estudiado el fenómeno castrista.

    194. Para un estudio detallado de cómo los jesuitas se transformaron de defensores de la Iglesia y del papa en sus peores enemigos, ver Malachi Martin, The Jesuits (New York: Simon and Schuster, 1987). En realidad, la llamada “teología de la liberación” jesuítica tiene más de fascismo que de comunismo.

    195. Aunque es evidente que ideológicamente Fidel Castro tiene más afinidades con el fascismo que con el comunismo, es probable que las verdaderas fuentes del fascismo de Castro no hayan sido los nazis sino los jesuitas. Sobre el fascismo jesuita, ver Communist Barry Davis Obama: ‘Who’s Your Daddy?.. He hallado tan sólo una persona que comparte esta idea. El Dr. Facundo Lima, un psiquiatra que reside en los EE.UU., le expresó a Georgie Ane Geyer que Castro “había reemplazado las prácticas religiosas aprendidades de sus maestros jesuitas en el Colegio de Belén con su propio tipo de marxismo, su nueva religión.” Ver, Georgie Anne Geyer, “Castro: The ‘Knowable’ Dictator,” en The Cuban Revolution at Thirty, textos de una conferencia auspiciada por la Cuban American National Foundation (Washington, D.C., Enero 10, 1989), p. 46.

Del Autor

Servando González

Es un escritor norteamericano nacido en Cuba. González ha escrito libros, ensayos y artículos sobre historia de los EE.UU. y América Latina, inteligencia, espionaje, teoría de las conspiraciones y semiótica. González es el autor de Historia herética de la revolución fidelista, Observando, The Secret Fidel Castro, The Nuclear Deception, La madre de todas las conspiraciones, Obamania y Psychological Warfare and the New World Order, así como de los documentales Treason in America: The Council on Foreign Relations y Partners in Treason: The CFR-CIA-Castro Connection, producidos por Xzault Media Group de San Leandro, California. Sus artículos aparecen en www.theintelhub.com y en su sitio web, www.servandogonzalez.org.