Presentación
A pesar de que existe una copiosa bibliografía sobre el deporte del fútbol, Suele ser más frecuente que lo deseable que los intelectuales escondan su pasión por ese mundo del balompié, como si fuera una suerte de desdoro. No es el caso de Juan Pedro Aparicio, que la confiesa orgulloso en cualquier momento y la manifiesta y aprovecha con especial sentido humano en su obra literaria. Quede como testimonio “El golde Castañeta”, un relato suyo aparecido en el diario ABC, el 30 de abril de 1988 y recogido en su tomo de relatos ¡Ah de la vida1(Mondadori, 1991). De alguna manera, Castañeta, el jugador veterano de un equipo que se enfrenta a otro integrado por gente bisoña e inexperta (con riesgo de descenso dramático de categoría si pierde ese partido) es un reflejo de Chacho, uno de los protagonistas de Retratos de ambigú, como se observará líneas más adelante.
Ambos son el símbolo de esa grandeza humana sólo al alcance de ciertos tipos humildes. Ambos también (portadores de triunfos que alivian la dificultad de muchos seres humildes) terminarán sus días muy lejos de esa mitificación que el pueblo les dio en tardes de gloria. Pasado el tiempo, empleado de humilde limpiabotas en un café de escritores, Castañeta recuerda con nostalgias, pero no con amargura: “Y asegura que una punzada de amistad movió su pierna con tanta fuerza que no fue capaz de resistirse…”. Podría recordarse qué hizo con su pierna, pero tal vez sea mejor dejarlo en suspenso.
Como posible reflejo de esta visión humana del fútbol en las líneas siguientes se ofrecerá una serie de reflexiones en torno a Retratos de ambigú, novela con la que alcanzó el Premio Nada en 1988. Independientemente de ciertas críticas negativas por el excesivo tono costumbrista, carentes de todo fundamento, la obra entraba a formar parte de una larga serie de novelas con la ciudad de provincias como protagonista. Uno de los primeros estudios sobre ella, luminoso y orientador, es el capítulo “Retratos de ambigú, fábula grotesca,” perteneciente a la obra de Asunción Castro, La narrativa de Juan Pedro Aparicio (Universidad de Castilla La Mancha, Ciudad Real, 2002). De ella son deudoras bastantes de las observaciones de estas líneas.
El Chacho, mito en una ciudad de provincias
Paralela a la afición por el fútbol, Juan Pedro Aparicio manifiesta un claro compromiso con la ideología progresista, patente en alfgunos libros de viajes y en estudios relacionados con identidad leonesa. Y será esta doble condición la que se manifiesta en Retratos de ambigú en el personaje de “Chacho”, un mítico futbolista de Lot, trasunto evidente de León, ciudad natal de Juan Pedro Aparicio y escenario de su novela anterior, El año del francésRetratos de ambigú, . De entre los variados personajes y de los sucesos narrados, la personalidad de Chacho se impone sobre todo lo demás. Ha sufrido los horrores de la guerra en la prisión de San Marcos por su condición de ferviente republicano pero ha disfrutado del amor de Blanca Pérez Ansa, una de las mujeres más bellas y ricas de Lot. De la importancia de los dos personajes da idea el hecho de que reaparezcan en la siguiente novela, La forma de la noche. La imagen de Chacho, forma parte además de los retratos de los ilustres personajes de Lot que se exhiben en en bar de “La Charca”. De ese establecimiento parte precisamente la comitiva de los cofrades para asistir, al abrigo de la fuente, del mítico partido en la plaza de la catedral.
Estamos en los tiempos de la democracia y por la ciudad Lot flota la leyenda de que Chacho, exiliado después de la guerra, vive refugiado en Argentina. El costosísimo viaje del equipo del alcalde Polvorinos y todo su séquito, en busca del futbolista, nada aclara, pero sirve como plástico pretexto para criticar esos excesos de la política leonesa. Todo es una suerte de misterio, imposible de descifrar desde las esferas oficiales. Sólo “El Riberano”,un buen amigo de Chacho conoce el triste destino del futbolista. Un destino que, si se ve avocado a una muerte humillante, recibe al compensación de que sus huesos reposen en la más egregia sepultura de la ciudad, la sepultura del Rey Bueno, un monarca medieval leonés.
El capítulo “XII. Chacho”
Desde esta perspectiva, Retratos de ambigú va presentando el alma de la ciudad, con sus personajes esenciales y el escenario de su andanzas para desembocar en el capítulo XII, “Chacho”, último de la novela. En el que va a darse una curiosas coincidencia del pasado y el presente de la ciudad, plasmado en la novela que el lector finaliza, y en la producción cinematográfica sobre la historia de la ciudad. De la realidad (representada por los amigos que viven la noche entre los vapores del alcohol) y de las figuras artísticas de la catedral convertidas, por efecto de una multitudinaria prosopopeya, en compañeros futbolistas de Chacho en el último partido de su vida.
La complejidad de la acción desemboca en este último capítulo XII. Vidal, un policía que ha sido declarado inocente después de un oscuro proceso judicial, decide celebrar esa noche su libertad. Acompañado de Iturmendi y Linaza, conocerán el desenlace de “El Riberano” y, sobre todo, el triste final de Chacho.
Las constantes libaciones etílicas de la noche lleva a estos cofrades (en expresión de Luis Mateo Díez, en La fuente de la edad) a revivir en una las más populares fuentes de la ciudad, uno de los más famosos partidos jugados por Chacho. La noche, el alcohol, el porro, la nostalgia de los recuerdos y el afecto y admiración por Chacho, obran el milagro. Se revive un partido mítico, resurgen los recuerdos y, sobre todo, Chacho recibe el merecido homenaje de sus paisanos y de toda la historia de la ciudad de Lot: Los personajes más relevantes de la historia de Lot y las estatuas del pórtico catedralicio forman el equipo que homenajea a Chacho. No cabe mayor belleza en una prosopopeya ni más grandiosidad humana y deportiva.
Pero el final de la novela parece devuelve al lector a la realidad y, sobre todo, a los cofrades de la fuente”, pero probablemente no es así.
“En una esquina de la plaza un hombrecillo golpea con saña el coche de Vidal. El hombrecillo tiene una pierna de palo y se ayuda con una maza de mazarife .
Vidal tarta de arrancar su cuerpo de las gelatinosas aguas”. Grita, pero de nada sirven sus gritos.
“Pero ni Tonchi ni Linaza le oyen. Nadie le oye. Tampoco los actores y técnicos de Siracusa Films que ruedan una película sobre el Rey Bueno. Todos celebran el séptimo gol del Deportivo, el quinto gol de Chacho.
— ¡Gooooooool!- grita la multitud enfervorizada”.
Ha vuelto al realidad en la persona de “hombrecillo de la pata de palo pero por encima de todo, en la ciudad de Lot flota, para siempre quizá, el eco del quinto gol de Chacho. Tal vez porque, como en los toros…no hay quinto malo.
Bello final para una plástica visión de la grandeza de ciertas gestas futbolísticas, magníficamente evocadas por Juan Pedro Aparicio.