Categoría: Unos escriben

El origen de Aparicio y otros cuentos de ficción

En los años sesenta nos convertimos en extraños para nosotros mismos. Las convicciones políticas pasaron de la democracia a la revolución, y de la revolución a la democracia. Pero sobre todo varió nuestra apreciación de los valores. Drogas, sexo y rock parecieron entrar en conflicto con la estricta moral de nuestros referentes republicanos e institucionistas. ¿Qué era mejor, la gimnasia matutina o la nocturna centramina esclarecedora?  Y en esto llegó Aparicio. Leer más…

Cuentos cuánticos: una teoría sobre el microrelato

No soy aficionado a las disquisiciones teóricas. Mi querencia es la narración, no el análisis. Me he dedicado a narrar como otros se dedican a teorizar. Pero, este mundo de los microrrelatos, o minificción, me ha empujado hacia la divagación. Y así, al tiempo que los escribía, elaboraba una pequeña teoría cuyo soporte práctico eran precisamente ellos mismos. No quiero, sin embargo, dar una falsa impresión, pues siempre fui consciente de que, como quien camina por el desierto, lo que se me aparecía en el horizonte podía ser sólo un espejismo. Pero el hecho de ser capaz de verlo -esa ilusión de un oasis o de un palacio, donde no hay más que triste arena- me hizo tan gozosa la tarea como si me hubiera dedicado a escribir la narración más excitante. Leer más…

A modo de biografía

Nació en León, España el 11 de septiembre de 1941.

Aunque su obra más divulgada se inscribe en los géneros del cuento y la novela, ha cultivado también el ensayo, el artículo periodístico, el relato corto y el libro de viajes.

Terminó el Bachillerato en su ciudad natal, para luego esturdiar Derecho en las Universidades de Oviedo y Madrid. Realizó también algunos cursos de Periodismo en la antigua Escuela Oficial. Leer más…

De su vida y obra

La cultura sería más accesible

Conocí a Juan Pedro en Londres, poco después de salir de la universidad y empezar mi carrera en el teatro. Abrirse paso en el mundo del arte y la cultura no es fácil sin una mano que ayude y guíe; encontrar esa mano es todavía muchísimo más difícil, bueno, un milagro diría yo. Por eso estaré para siempre eternamente agradecido a Juan Pedro por darme esa confianza y esa oportunidad cuando yo en esos momentos todavía tenía poco que ofrecer. Francamente creo que esto demuestra fehacientemente la naturaleza de Juan Pedro sin dejar lugar a dudas, porque alguien que se porta con ese grado de desinterés personal es que cree firmemente en el papel de la cultura en nuestra sociedad. Leer más…

Juan Pedro Aparicio, contador de historias

Esta sintética y breve aproximación a la obra de Juan Pedro Aparicio
procede de las páginas que le dedico dentro de un estudio panorámico,
La novela española durante el franquismo. Itinerarios de la anormalidad,
Madrid, Gredos, 2010, que la contextualiza.

 

La obra de Juan Pedro Aparicio corrobora una firme vocación de contador de historias que se dilata por todas las modalidades narrativas, el cuento, la novela amplia, la microficción y el relato viajero. En principio, solo cultiva el cuento, al que parece dedicado en integridad, pero no tardará demasiado en disponer personajes y anécdotas dentro de ese mecanismo complejo que conocemos como novela.

Los relatos breves de Aparicio suman una veintena de piezas, algunas de las cuales se remontan a los años sesenta, dato que matiza la relativa tardanza en relación con otros miembros de su promoción, la “generación del 68”, de su primer libro, fechado en 1975. Leer más…

Ojos negros

Escribir es en este momento la labor manual que realizo mientras me dispongo a hilar mi filandón, o a filar mi hilandón, a contar, anécdotas, historias que se pretenden de mayor enjundia, cotidianas o fantásticas, pero no por esto último menos veraces. Tienen en común que forman parte del trayecto compartido con Juan Pedro Aparicio y como las tengo tan presentes son al mismo tiempo origen y destino.

Gilles Deleuze señalaba a propósito de su lectura de La Bête humaine de Émile Zola que para este novelista francés la locomotora no era tan solo un objeto, sino un símbolo épico. Leer más…

Tres mosqueteros (entre bromas y veras)

Quien ha vivido en la negra provincia sabe de qué forman llegan las noticias, cómo evolucionan de modo incontrolado, cómo se filtran y se transmiten de boca en boca, de bar en bar, cómo -y sería la puntilla- se deforman y acaban constituyendo un caudal de leyendas, mentiras y medias verdades que se mantienen en pie por la ignorancia de los más o se tumban solas porque dejan de interesar al no ser actualidad palpitante. Una manera de entrar, la de la información ambigua,  en una realidad sin certeza alguna, entregado al caos de la confusión y al descrédito de los ídolos y mitos que se están forjando al filo de la existencia sean cercanos o lejanos. Mucho más si las depreciaciones proceden del campo artístico, en donde frecuentes son las solemnes descargas a la línea de flotación del escritor próximo, mucho más si queda distante o se pierde en la bruma. Leer más…

Juan Pedro Aparicio, un leonés en Holland Park

Conocí a Juan Pedro un mañana del mes de junio de 2005 en los bajos de un cine de la Gran Vía de Madrid, El Palacio de la Prensa. En mi deambular por el mundo como encargada de cultura del Instituto Cervantes, dio la casualidad que me destinaron a Londres un mes después de que él ocupara el cargo de director del centro y por ese motivo quedamos en Madrid para conocernos. Nuestros pasos ya se habían cruzado anteriormente, tal y como él y yo dedujimos en uno de nuestros paseos de regreso a casa atravesando Hyde Park. Fue en Nueva York, cuatro años antes, cuando el Instituto en el que yo por aquel entonces trabajaba organizó una velada literaria e invitó a Juan Pedro junto a sus dos inseparables amigos y escritores Luis Mateo Díez y José María Merino. Nuestros pasos se cruzaron, pero el destino no quiso que nos conociéramos hasta unos cuantos años después. Leer más…