Gira, gira (Los espacios de la memoria son caprichosos)

Sobre la vida y obra de Lourdes Ortiz

Alondra Badano
Catedrática y escritora uruguayo-panameña.

Amelia Solas, Alondra Badano y Lourdes Ortiz en Panamá.

Amelia Solas, Alondra Badano y Lourdes Ortiz en Panamá.

Los espacios de la memoria son caprichosos. Aparecen y desaparecen según los tiempos y los estados afectivos. También se anegan entre realidades y ficciones y se confunden en una intemporalidad que es única para cada evocación. El recurso más efectivo es escribirlos y hacer una historia íntima que compartimos temerosos  para no empañar lo que guardamos en soledad y silencio. Un baúl envejecido de lo que el alma deposita en él. Un momento, un cigarrillo, una risa, un escenario…

Hay así intermitencias que se encadenan y surgen al menor esfuerzo. Eso me pasa cuando pienso en Lourdes Ortiz, a quien veo poco porque vivimos en distintos países, aunque  la fuerza de esos momentos salta terca y pretenciosa junto a su nombre.

La vi por primera vez en Madrid no importa cuándo, siempre será hace mucho tiempo. Porque a Lourdes y a España las conocía desde siempre. La guerra civil española fue una asignatura en mi hogar desde que mi padre se había anotado para ayudar como médico en las brigadas internacionales, pero no pudo ir por razones administrativas de la misma República. Era “su mayor frustración”, así les contaba a los exiliados españoles que se refugiaron en Uruguay. Pareció sortear esa nostalgia cuando recibió a Marcos Ana en nuestro hogar al salir de la cárcel después de veintitrés años.  Ese imaginario de mi niñez lo recuperé cuando me topé con Lourdes.  Y digo que me topé porque ya éramos amigas  cuando nos encontramos y fue al girar en la esquina que de pronto la reconocí.

-Hola Lourdes:

Nos encontrábamos  en la tertulia de los miércoles en un mítico café Iruña de sillones forrados con una gastadísima felpa verde. ¿O era roja?  Hablábamos de las pasiones que nos muerden los talones. Entre el teatro y la política yo revivía mi juventud en un diálogo apresurado que junta varios tiempos y une los retazos de lo que ya sabemos del otro y queremos compartirlo. El placer es la cita y el entorno y el aire amable entre cigarrillos. Porque fumábamos  antes y ¡cómo!

Este nuevo tiempo sumaba personajes como nuestro camarero en su descolorido traje negro. Nada sabíamos de él, solo que siempre estaba ahí pendiente y mudo.  Para mí  Víctor representaba  un modesto  trabajador que de sol a sol con su edad avanzada sostenía quizás un hogar. El mismo invento al que me acojo por contradictorio trajo la noticia un día de que era el dueño del valiosísimo local de la calle Hileras en el corazón de Madrid. O sea que como en el teatro, nada de lo que parecía era, o era lo que no parecía.  O no. El local se vendió y la tertulia se mudó, como mudan las cosas destinadas a la diáspora. Lourdes no está incluida. Sigue allí… en la España que no se recompone, en los versos de nuestros poetas y en los pedazos de cielo que arma el puzle de nuestros anhelos.

Aquel segundo tiempo del 2007 fue el inicio de una época que traería más desgastes  al ya decadente estado de bienestar de la sociedad española, cuyos vientos de impunidad de la memoria histórica agitarían nuevas voces; porque el tiempo, como decía el poeta, el inmutable, gira y se posa, y vuelve, y gira y se posa. Giramos Lourdes y yo. Y ella vino a mí, a mi casa  en Panamá para ser Jurado del Premio Nacional de Literatura llamado Ricardo Miró, en la sección Teatro, en el año 2011. Y valoramos juntas las obras  y elegimos un ganador en una ardua tarea de responsabilidad. Pero también paseamos por el Canal y escuchamos tambores africanos y degustamos sabores caribeños en el gira- gira de por acá, lejos del por allá, del Iruña y de Opera, mi barrio madrileño. Hay días que me despierto y estoy acá y allá, en silencio, con Lourdes, claro.  Es una forma de girar en reposo.  Con ella retomo todo junto y todo turbio las imágenes del arte español y lo que hay de sagrado en las historias que vivimos cada una en su cultura en un mismo tono nostálgico y doloroso  El sentir es el mismo, no importa dónde estemos  ni qué diferencia de tiempos nos alejen, porque somos amigas de tragedias, también. Esperamos por la justicia que parece alejarse cuando en el gira- gira de hoy nace otra guerra en el horizonte de la modernidad. Y aquella crueldad contra mujeres y niños de cada uno de nuestros países viene a nuestros diálogos y a las tecnologías con las que hoy nos comunicamos. Porque somos amigas de las palabras escritas  y de decir que no es posible, que no más, ¡que basta ya!

De su obra lúcida y cargada de documentación  puedo decir que la disfruto en su trabajada prosa. Y aprendo.  De sus conocimientos de teatro la interrogo.  También lo hicimos en estas latitudes en hermosas conferencias que dio para nuestro público sobre el itinerario del teatro español contemporáneo. Es que  ella siempre educa sin el sentido de la obligación que impone su intelectualidad.

Y en este gira- gira me detengo, y- en reposo- dejo fija a mi amiga Lourdes para que se desate  en el gira- gira del olvido.