
De izquierda a derecha. Abajo: Fernando Álvarez-Uría, Juan Tabares, Pilar Parra. María Carballido y Julia Varela. Arriba, de izquierda a derecha: Luis Mancha, Ángel Gordo y José Luis Linaza.
Lourdes Ortiz es una mujer intelectual y cosmopolita, de la generación del 68, que trató desde su juventud, desde que era estudiante universitaria, hasta el presente, de compaginar un continuo compromiso político en favor de una sociedad justa y democrática con la pasión por la docencia y por la escritura (escribió ensayos, novelas, obras de teatro, numerosas columnas periodísticas), sin dejar de asumir, tanto en la teoría como en la práctica cotidiana, la búsqueda de una ética personal, laica, feminista, libertaria. El inconformismo con lo real, que atraviesa toda su trayectoria personal, la llevó a construir un imaginario de objetivación de lo real, y de resistencia contra lo intolerable, sin renunciar a la alegría de vivir. La vida es bella. Quien asume esta convicción con todas sus consecuencias encuentra la fuente de la eterna juventud. Lourdes no sólo la encontró, sino que también intentó indicarnos el camino para que todos nosotros, entre ellos los tertulianos del Ateneo, participásemos del descubrimiento.
Lourdes se ha incorporado durante los tres últimos años a la tertulia que mantenemos desde hace ya más de veinte años en el Ateneo de Madrid un grupo de amigos, una tertulia que se reúne el segundo y cuarto jueves de cada mes, y que no solo por eso se denomina Los jueves alternos. Somos muchos los que hemos seguido y admirado la carrera literaria, intelectual y política de Lourdes desde mucho tiempo antes. Es preciso proyectar luz en la memoria. Concretamente el número 2 de la revista Negaciones, publicado en diciembre de 1976, al año siguiente de la muerte de Franco, estaba dedicado al feminismo, y el número circuló con profusión. En él Lourdes escribía un artículo, en colaboración con Natalia Rodríguez Salmones, titulado La negación de Juana de Arco o por qué no hay que ponerse los pantalones en el que ambas autoras abogaban por soñar una sociedad en la que lo masculino y lo femenino se integren; donde el Hombre redescubra en si el valor de lo tangible y fuera de si las mil y una cosas contemplables y nombrables más allá de la Idea: el reino de la concreción, de la inmediatez, donde se imponga el juego creador de la fructífera dualidad Razón-Pasión, sin que ninguno de los dos polos absorba o termine con el otro. La propuesta, en la que se asume el eslogan feminista que proclama que lo personal es político, no puede ser más clara. La transformación personal y la transformación política son inseparables. Somos sujetos sujetados por cordones umbilicales invisibles al mundo social, a pesar de que el recurso a regiones imaginarias nos permite volar.
Algunos de los tertulianos coincidimos con Lourdes en el intento de relanzamiento de la revista Negaciones en la que un equipo de profesores, a partir de posiciones políticas próximas a Antonio Gramsci y a Rosa Luxemburgo, pretendían articular, a la izquierda del Partido Comunista y del PSOE, una alternativa que giraba en torno al carácter ejemplar de los consejos obreros, y en torno, sobre todo, a una apuesta por la ruptura democrática, frente a la reforma pactada, la opción que finalmente prevaleció. El proyecto de la nueva revista fracasó por divisiones internas en el consejo de redacción, y por la incapacidad para superar algunos obstáculos para llevarlo a cabo, entre ellos los eternos problemas de la financiación.
También coincidimos más tarde en el congreso sobre Neoliberalismo versus democracia que tuvo lugar en Somosaguas, en la Universidad Complutense a mediados de los años noventa, y en el que Lourdes presentó una ponencia titulada “Las cosas van por sí mismas”. En esta intervención argumentaba que la caída del muro de Berlín y la nueva revolución tecnológica no sólo significaban la quiebra del paraíso soñado por las clases trabajadoras, sino también del imaginario del sueño revolucionario. El nuevo capitalismo, un capitalismo sin freno que avanza al galope, mediante la desterritorialización del capital, como si se tratara de un caballo desbocado, transforma en profundidad las relaciones heredadas ente el capital y el trabajo y forjadas a partir de la derrota de los totalitarismos. En la actualidad la sima entre ricos y pobres se hace cada vez más ancha y profunda. Las reformas laborales han tenido por objeto, hasta ahora, minar los derechos sociales que los sindicatos y las clases trabajadoras habían conquistado con negociaciones y luchas. La erosión del Estado social, que durante treinta años constituyó las señas de identidad de una Europa de progreso, ha dado alas a las Organizaciones No Gubernamentales, las omnipresentes ONGs, en buena medida una nueva fórmula de filantropía subvencionada.
En el año 2000 Julia Varela coordinó una conferencia internacional en la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM sobre Sociología e Información, y Lourdes, que colaboró asiduamente en la prensa escrita, así como en programas de radio y de televisión, participó en la mesa inaugural con una ponencia titulada “Los discursos y la mirada. De la necesidad de una óptica de la sospecha para abordar “la realidad””. En su intervención entre otras cosas dijo: Fundamentalmente soy escritora, aunque hay en mí una vocación sociológico-crítica. Señaló también que el control de la información lleva implícito el descontrol, por lo que es preciso estar vigilantes, servirse de una hermenéutica de la sospecha para descubrir la realidad bajo las verdades aparentes. En este sentido la ficción sobre la realidad, por ejemplo las novelas, pueden estar más cerca de la verdad que las verdades oficiales o las historias entronizadas. Lourdes señaló que su dedicación a la novela está íntimamente vinculada a un espíritu de tolerancia.
Urraca, la novela histórica que lanzó a Lourdes a la fama, y en la que aborda el problema del poder, fue presentada en sociedad por Juan García Hortelano el 16 de junio de 1982. La periodista Rosa Pereda realizó la crónica del acto al día siguiente en el diario El País. Con esta novela, en la que se pone muy bien de manifiesto su sólida formación universitaria como historiadora, se iniciaban las aproximaciones originales a una saga de mujeres reales o imaginarias, como Eva, Circe, Penélope, Betsabé, Salomé, la Gioconda, Judith…mujeres que dejan de ser figuras de cartón-piedra, para aparecer ahora con voz propia. La ficción literaria nos acerca a la realidad social pues al deshacer los mitos, al romper los encapsulamientos y los estereotipos recibidos, nos ayuda a hacer pie en la historia. Lourdes pasa de la historia a las historias, de lo real a lo imaginario y viceversa, para rehacer un orden histórico que con frecuencia es presentado como inexorable. Otras narrativas son posibles. La imaginación al poder. Los nuevos usos de las palabras están al servicio de un mundo emancipado.
Poder, libertad, imaginación, dedos que señalan a las estrellas, sueños, utopías, graffitis de protesta, adoquines y playas, derrumbamiento de muros y fronteras, lucha contra la guerra…, toda una generación se reconoce en esas señas de identidad, y también la generación siguiente que desde el 15M ha tomado el relevo. Otro mundo es posible. Vivimos en el interior de un orden social que engendra sufrimiento y violencia, y estamos obligados a intentar construir otro mundo entre todos para que la solidaridad se imponga sobre esa patología social que caracteriza al capitalismo, y que se condensa en el ansia incesante de los capitalistas por acumular dinero y poder. Lourdes forma parte de la generación del 68. Militó en el Partido Comunista entre 1962 y 1968, en los años de plomo del franquismo. Participó de la alegría de la transición y de la tensión que se vivía en los medios de la prensa cotidiana como El País y Diario 16. Vivió desde dentro los avances y retrocesos de una democracia asediada desde diferentes frentes que quizás procedió a desmantelar demasiado pronto las asociaciones y movimientos sociales que se generaron contra la dictadura militar del General Franco para proceder a una profesionalización política de una buena parte de los más destacados militantes. Tras la profesionalización de centenares de activos militantes progresistas, que pasaron de vivir para la política a vivir de la política, vino en muchos casos la instalación en el poder, el reparto de prebendas, la sustitución de los intereses públicos por intereses privados, la extensión, en suma, de la plaga de la corrupción que implicaba la traición a los viejos ideales. Era necesario desenmascarar la farsa, era necesario que irrumpiese una nueva ola de democracia, y de nuevo soñar para percibir la deformidad de lo real y tratar de adecuar los sueños a la realidad. El movimiento del 15M supuso la entrada en la escena social, en el espacio público de calles y plazas, de una nueva generación educada en el pacifismo, el ecologismo, el altruismo, la igualdad entre hombres y mujeres. Fueron muchos los analistas sociales que despreciaron el movimiento como una moda pasajera, y muy pocos los que comprendieron que tras el crash del 2008 y la política de ajustes impuesta por Bruselas había surgido un escenario nuevo, un movimiento juvenil que comenzaba a erigir un dique de contención contra el tsunami neoliberal. Lourdes, fiel a toda su trayectoria intelectual y política, también estuvo, y sigue estando, allí para sostener una vez más las revueltas lógicas. Es consciente de que las revueltas generacionales se producen para hacer frente a problemas nuevos, inéditos, desconocidos por las generaciones anteriores, y al participar en ellas jóvenes y mayores se convierten en los agentes renovadores activos de la vida democrática.
Ni Dios, ni amo, gritaban los viejos libertarios. En el Ateneo son muchos los viejos anarquistas que reivindican ese lema, demasiadas veces desde posiciones egocéntricas que les impiden escuchar a los demás. Encerrados en su cosmovisión, que consideran no sólo la única legítima, sino también la más perfecta y acabada, hacen oídos sordos a los contertulios que tienen al lado. Por eso algunas tertulias y debates en el Ateneo de Madrid resultan en ocasiones tan circulares que invitan a apagar la luz y regresar a casa. Además, cuando hablamos todos a la vez, los razonamientos se diluyen en un puro ruido de voces que parecen salidas del retablo de las maravillas. Sin embargo ese pequeño espacio del segundo y cuarto jueves de mes en el Ateneo, la tertulia Los jueves alternos, y la consiguiente cena compartida, antes en el Pereira, ahora en el Hylogui, no solo nos permiten reencontrarnos con amigos, transmitir informaciones, tratar de estar al día sobre la rabiosa actualidad, o intervenir con textos colectivos en las instituciones de nuestra sociedad, nos permiten, sobre todo, escuchar y aprender de lo que piensan los demás. Sin esas voces careceríamos de voz propia, viviríamos en un permanente y aburrido monólogo. Aprender de los demás. En una ocasión en un programa radiofónico de la radio pública se invitaba a los oyentes a hablar de quienes había sido sus mejores profesores y hubo una llamada a la emisora de una antigua estudiante de la Real Escuela Superior de Arte Dramático que no dudó en afirmar que la mejor profesora que he tenido en mi vida se llama Lourdes Ortiz. No sólo sabe explicar muy bien y comunicar su pasión por el conocimiento, sabe estimular a los estudiantes a participar en los debates y sabe también escuchar. Lourdes, como el maestro de Albert Camus, considera a sus estudiantes como personas dignas de comprender el mundo. ¡Comprender el mundo! Nosotros lo intentamos todos los días y en todas las tertulias de Los jueves alternos, y pese a nuestra inteligencia, propia de superdotados, somos incapaces de conseguirlo. Menos mal que Lourdes como buena feminista, novelista, periodista, historiadora, activista política nos recuerda por activa y por pasiva la vieja tesis XI de Marx sobre Feuerbach: Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.
La vida es bella. La imaginación al poder. Otro mundo es posible. Ni Dios ni amo. Aprender de los demás. Comprender el mundo. Transformar el mundo. Sin querer, casi en unas pocas frases, hemos sintetizado el programa de un nuevo partido político progresista para los tiempos que corren. (¡Lourdes, por favor, no digas ni una palabra de esto a tus amigos de Podemos!).
Gracias compañera por estar ahí. Los miembros de la tertulia Los jueves alternos nos unimos, por supuesto, a la fiesta de este tan merecido homenaje.