Juan Pedro, el recuperador

Bernardino M. Hernando

En enero de  1989, Juan Pedro Aparicio me dio una gran alegría. Andaba yo, hacía ya muchos años, un poco mosca por la ausencia, en el lenguaje corriente, de una palabra hermosa que nadie parecía conocer o recordar. Una palabra perdida, lo que siempre es muy triste. Una palabra que había sido de uso común en mi  infancia, por lo menos entre mi gente, en Mansilla de las Mulas. La pronunciaba con frecuencia mi hermana, una mocita pinturera y bien relacionada, mayor que yo. Y si ella la decía, con una mezcla de cotidianeidad y secreta admiración y la aplicaba como es debido… qué iba a hacer yo, que además gustaba de las palabras y las zarandeaba con aire de persona mayor. Muchas veces habíamos comentado, andando ya los años, mi hermana y yo: ¿Qué habrá sido de aquella palabra? Ni se la oíamos decir a nadie ni aparecía escrita en ninguna parte. Raro, muy raro…

Cuando de pronto, en enero de 1989, dieron el premio Nadal a una novela de Aparicio titulada Retratos de ambigú. ¡Jobar, ahí estaba la palabra: AMBIGÚ! Una gran ternura me arreboló la parte más humana del alma. Y agradecí de corazón a Juan Pedro la recuperación gloriosa de aquella palabra de tan poca  fortuna hasta entonces que hasta el diccionario de la Real Academia (edición 2001) la caga de mala manera cuando sin añadir ni mú dice: “Ambigú (Del fr. ambigu) m.bufé.”  No es eso, no es eso…lamentaba yo cada vez que la veía, a aquella pobre y bella palabra, en el diccionario.

Creo que nunca he contado esta mínima historia a Juan Pedro, “nuestro adorable, cazurro y apasionado Juanito”, como lo definió precisamente en enero de 1989, aquel otro leonés de Busdongo que se nos ha muerto, tan apasionado también, llamado El Guti, José Luis Gutiérrez.

Mi homenaje a Juan Pedro pasa por esta recuperación verbal y por un par de libros que son El Transcantábrico (otra recuperación) y aquel inmoderado y hermosísismo lamento leonesista  de título tan largo que no me cabe aquí. Otra recuperación.

Para ser recuperador hace falta talento, melancolía y mucho garbo irónico. Todo eso tiene Aparicio y algunas cosas más. Por todo ello nos alegramos sus amigos. Y yo, que no debo de ser un amigo de los llamados “íntimos” , pero que le quiero de verdad y admiro sus virtudes y algunos de sus defectos.