Categoría: En la misma orilla

La sangre del Tequila (VIII)

Manolito el Gambao salió al patio del solar de la calle Inquisidor 407 navaja en mano —la misma navaja de siempre—a esperar a Tinita para romperla, dijo primero, gritó luego. Como era habitual sobre todo cuando estaba borracho y sobre todo cuando avisaba del inminente descuartizamiento de Tinita a manos de él, por puta ella, el Gambao se dijo llamar Sir Manolo, a la par que hacía ademanes con la navaja. Serían las seis de la tarde; a punto de oscurecer. Los vecinos del solar habían visto salir a Tinita en la mañana —y la habían olido hasta la inundación de sus narices, tocada ella quizás con todos los perfumes populares que podrían haber en La Habana—, vestida con una falda de combate: corta, roja, que dejaba ver la macicez del comienzo de sus muslos acanaledos, más una blusa color crema escotada hasta la zanja entresenos que —sin duda—desbordaría de saliva la boca del más casto o castrado de los varones. La vieron salir, como era habitual, taconeando fragorosamente, las nalgas como pinchando al aire en su vaivén. Leer más…