Lourdes (Lublake)

Sobre la vida y obra de Lourdes Ortiz

Lilit Žekulin Thwaites
Traductora y profesora australiana

Lilit Žekulin Thwaites, traductora y profesora australiana.

Lilit Žekulin Thwaites, traductora y profesora australiana.

A Lourdes la conocí primero (alrededor de 1983) a través de sus obras – cuentos, novelas, obras de teatro, ensayos – y de una serie de artículos de un grupo de académicas norteamericanas expertas, entre otras cosas, en la literatura de las denominadas “Generaciones de Postguerra” (Matute, etc) y de 1975.  Fue sólo algo después (mi primer sabático, 1987) cuando la conocí en persona en Madrid, pero tengo que confesar que desde estos primeros “contactos” literario-académicos con Lourdes – entre ellos un cuento en una antología de cuentos de mujeres compilada por Ymelda Navajo1 – sentí que se abría un vínculo directo entre nosotras, un vínculo basado primero en palabras e ideas escritas, y luego en palabras, ideas y experiencias vitales habladas y compartidas en persona.

Desde entonces disfrutamos de una amistad que, por la distancia geográfica que nos separa, depende más bien de contacto electrónico y telefónico que directo, pero por suerte, hemos podido vernos varias veces en España y, a mi gran sorpresa – y creo que la de Lourdes también (¡gracias, Amelia!) – en el año 2012, en Australia (Melbourne) y Nueva Zelanda (Wellington, y luego una gira turística), gracias a una invitación a presentar una conferencia magistral en el congreso internacional de AILASA2. Ha sido la primera vez, que Lourdes se ha lanzado a las Antípodas; ojalá no sea la última, porque le queda mucho territorio por conocer.

Pero quiero volver a estos primeros contactos míos con Lourdes, y con su obra, y con una de sus obras en particular que tengo que confesar que sigue siendo mi preferida, y la que me gustaría poder traducir al inglés para que fuese conocida por los lectores angloparlantes – la novela, Urraca3.

Antecedentes: cursé mis estudios universitarios en el Canadá, primero en la Universidad McGill en Montréal (donde empecé mi ‘love affair’ con el español y con España) y luego en la Universidad de Toronto (donde decidí especializarme en la literatura peninsular contemporánea a partir de la Generación de Postguerra, con enfoque particular en las escritoras). En aquel entonces, apenas si existía el computador (de portátil e Internet, ni hablar), y los estudiantes dependíamos de los artículos y libros de los expertos en este campo, entre ellos un grupo de magníficas académicas norteamericanas, encabezadas (a mis ojos, dados mis intereses personales) por Biruté Ciplijauskaité, Margaret Jones, Janet Pérez y Phyllis Zatlin.

¿Qué tiene todo esto que ver con Lourdes y su obra? Pues, resulta que estas cuatro expertas – y sus discípulos/as y seguidores/as – me introdujeron a la obra de un grupo de nuevas voces femeninas, hasta entonces casi desconocidas fuera de España (Europa), pero cuyas obras se empezaban a conocer y estudiar en el mundo de las letras hispanohablantes. Y mi primer contacto con estas “nuevas” escritoras fue a través de esta pequeña antología compilada por Ymelda Navajo, que llegó a mis manos (ni recuerdo ya cómo) en la lejana ciudad de Melbourne, Australia donde, en 1981, había conseguido mi primer contrato académico “fijo”, en un departamento de la Universidad La Trobe con el nombre llamativo de Spanish (with Portuguese, Catalan and Galician). Los nombres de las doce escritoras incluidas en la antología me sirvieron de base para empezar a leer y estudiar su obra, y poco a poco, a incluir alguna obra suya en el currículum del departamento.

En 1987 la universidad me otorgó mi primer sabático y aproveché esta oportunidad para viajar a España con mi lista de escritoras y, con la ayuda de la magnífica y generosa Phyllis Zatlin, intentar ponerme en contacto con ellas. Ante mi gran sorpresa, sin excepción, todas las escritoras que contacté no sólo aceptaron verme, sino que me pusieron en contacto con otras escritoras que “debían estar en mi lista”. Entablé amistad con muchísimas de ellas, amistades que siguen hasta hoy – o hasta el día de su fallecimiento, en algunos casos. Creo que debo esta munificencia, por lo menos en el primer instante, al hecho de que vivo en Australia, porque recuerdo que varias de las escritoras me comentaron en algún momento que les fascinó la idea de que en un país tan exótico y lejano como Australia hubiese alguien que no sólo sabía de ellas y de su obra, sino que de vez en cuando lograba incluirlas en cursos sobre la literatura española contemporánea y hasta en cursos dedicadas exclusivamente a la escritura de mujeres. Y una de estas escritoras amigas cuya obra he podido presentar a estudiantes y futuros hispanistas australianos es Lourdes.

Lourdes me invitó a su casa en aquel 1987 – un piso lleno de libros, revistas, periódicos, cuadros y recuerdos de una vida dedicada a la escritura y a la enseñanza. Le hice una entrevista – porque tenía pensado un proyecto que combinaba entrevistas y relatos de estas escritoras traducidas al inglés, un proyecto que nunca me salió por un sinfín de motivos que tiene que ver con el mundo y las reglas muy particulares de las universidades australianas y el mundo y el modo de ser igualmente particulares de las editoriales angloparlantes de aquel entonces – y pasamos la tarde hablando de literatura, de viajes, de familias, de experiencias vitales, y de lo que suponía ser madre, mujer y profesional en aquel entonces – y tengo que decir que no encontramos muchas diferencias entre Australia y España. Nos prometimos seguir en contacto, y hasta ahora hemos cumplido – aunque sí es verdad que Lourdes siempre ha sido un desastre con el mail electrónico (¡¡ay, lublake!!), y por eso me maravilla (y encanta) tanto su talento y asiduidad como bloguera, variante siglo XXI de sus artículos periodísticos y ensayos.

¿Qué decir de su obra? El primer artículo académico que logré publicar fue sobre dos mujeres medievales poco conocidas, Urraca, reina de Castilla, León y Galicia, y Jimena (Ximena), esposa del Cid.4  He leído casi todo lo que Lourdes ha escrito, y me fascina cómo logra entrar en la mente, el espíritu y el mundo de sus personajes, sean quienes sean, sea prosa sea teatro (o el mundo político-social que nos toca), y hacerles a sus lectores y espectadores ver y entender a estos personajes y estos mundos; hechizarnos no sólo en el momento de la lectura/el espectáculo, sino mucho tiempo después de haber terminado/salido de la obra y regresado a nuestro propio mundo y nuestra realidad. Hechizarnos, pero también – y cuánto – hacernos pensar y cuestionar.

Lo que Lourdes nos revela y sugiere en sus obras es relevante hoy, no importa la época en la cual nos mete, ni la clase social, ni la cultura que está enfocando. Aprovecha de todos sus conocimientos y de todos los sentidos para transmitir sus ideas y su “mensaje”, sin llegar en ningún momento a sermonear o ser exclusivamente didáctica.

Para terminar, quisiera volver a la reina Urraca, hija de Alfonso VI, a quien Lourdes ha dado vida y presencia en esta maravillosa novela suya, Urraca. En realidad, no sé cien por cien por qué es justo esta obra que me ha tocado en lo más profundo de mi ser – y si lo supiera, no sé si lo podría poner en palabras – pero desde mi primera lectura, la obra y su protagonista me han fascinado, y me han inspirado. Urraca, en esta obra, es hija, madre, esposa y reina, pero antes que nada, es rebelde – cosa que no debe sorprender a nadie consciente de que la reina Urraca apenas si se encuentra en las historias y listas de los reyes y las reinas de España. Y en los pocos casos donde sí se la menciona, suelen ser comentarios similares al que sigue, de un historiador del siglo XVIII, citado por Biruté Ciplijauskaité: “Tenía Doña Urraca un genio dominante y tiránico, que en un hombre sería el origen de grandes empresas, y en una mujer el manantial de intrigas y disturbios.5

La misma Urraca, a través de Lourdes, nos demuestra/ilustra su situación y el mundo que le ha tocado vivir – y le habría tocado hasta relativamente recién – así:

Pedro Froilaz … [e]ra de los de ‘al pan, pan y al vino, vino” y no entendía de demasiadas sutilezas; si yo era gallega y madre, mujer y soberana, parecía evidente que mis deberes y por tanto mis reacciones deberían seguir ese mismo orden …  Mujer era para él síntoma de debilidad e inconsecuencia: en tanto que mujer … sería capaz de escuchar con sometimiento y respeto a hombres más versados que yo en los asuntos del reino. Mi condición de soberana quedaba así postergada y aparecía como superpuesta, siempre que no entrara en contradicción con cualquiera de mis otros atributos. Pedro Froilaz era incapaz de atribuir más voluntad de mando a una mujer que Ia precisa para dirigir una hacienda o controlar las labores de Ia granja. (pág. 75)

Desde su nacimiento, Urraca tiene que luchar por el mero hecho de ser niña y mujer en un mundo patriarcal; en ningún momento se deja vencer. Y como Urraca, cuántas mujeres más. Gracias, Lourdes, por dejarlo tan claro, y por negarte tú misma a aceptar esta situación y condición. Cuánto te lo agradezco.

 

–**–

LOURDES ORTIZ, URRACA (p. 12)

Traducción de Lilit Žekulin Thwaites

 

A queen needs a chronicler, a scribe capable of transmitting her deeds, her loves and her misfortune, and I, Queen Urraca, here, imprisoned in this Monastery in this year of 1123, will turn myself into that chronicler, in order to set forth [present/expound//expose] the reasons for each one of the steps I have taken, so as to leave a record – if it is death which awaits me – that my will was frustrated by the stubbornness and betrayal of an ambitious archbishop and some nobles incapable of understanding the magnitude of my undertaking.

They will write history as they see it: they will speak of my madness, and they will lie in order to justify my dispossession and imprisonment.

But Urraca now has the last word, and will recount her story so that the troubadours can gather the truth and broadcast it from village to village, and from kingdom to kingdom.

Brother Roberto has provided me with all that I need to fulfil my task. And just as in those verses I learnt when I was a child playing on the outskirts of Toledo:

“Though you burn the paper
you won’t burn what the paper contains
which, despite you, is kept
within me
and walks with me
wherever my feet may lead me”

*** 

Una reina necesita un cronista, un escriba capaz de trasmitir sus hazañas, sus amores y sus desventuras, y yo, aquí, encerrada en este Monasterio, en este año de 1123, voy a convertirme en ese cronista para exponer las razones de cada uno de mis pasos, para dejar constancia – si es que fuera la muerte lo que me espera – de que mi voluntad se vio frustrado por la traición y tozudez de un obispo ambicioso y unos nobles incapaces de comprender la magnitud de mi empresa.

Ellos escribirán la historia a su modo; hablarán de mi locura y mentirán para justificar mi despojamiento y mi encierro.

Pero Urraca tiene ahora la palabra y va a narrar para que los juglares recojan la verdad y la trasmitan de aldea en aldea y de reino en reino.

El hermano Roberto me ha proporcionado todo lo necesario para que lleve a cabo mi escritura. Como en aquellos versos que aprendí cuando era niña y jugaba en los arrabales de la ciudad de Toledo:

“Aunque el papel quemeis
no quemareis lo que el papel encierra
que en mi interior
y a pesar de vosotros se guarda
y conmigo camina
vayan mis pies a donde vayan”

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Notas del artículo

  1. Ortiz, Lourdes. “Paisajes y figuras”. En 12 relatos de mujeres. Ymelda Navajo, Prólogo y compilación. Madrid: Alianza Editorial, 1982 (El Libro de Bolsillo, 1985), pp. 112-25. Las doce escritoras que contribuyeron relatos a esta antología son: Cristina Fernández Cubas, Clara Janés, Ana María Moix, Rosa Montero, Beatriz de Moura, Lourdes Ortiz, Rosa María Pereda, Marta Pesarrodona, Soledad Puértolas, Carmen Riera, Montserrat Roig y Esther Tusquets.
  2. Association of Iberian and Latin American Studies of Australasia; ver http://ailasa.org/
  3. Ortiz, Lourdes. Urraca. Barcelona: Puntual Ediciones (Colección Metropolí de Novela), 1982, 207pp.
  4. Thwaites, Lilit. “Historical Truth and ‘Real’ Truth: A Case of History and ‘Her’ Story in Urraca and Anillos para una dama”. In War and Revolution in Hispanic Literature. Eds. Roy Boland and Alun Kenwood. Melbourne: Voz Hispánica, 1990, págs. 211-219.
  5. Ciplijauskaité, Biruté. La novela femenina contemporánea (1970-85). Barcelona: Editorial Hombre Anthropos, 1988, pág.169, nota 69. El énfasis es mío.