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A las 16,30 horas. Inauguración de la plaza con juegos infantiles obsequiada por el Estado argentino a Uruguayana. Se firmará el acta pertinente. El Diputado Balista Luzardo pronunciará un discurso. Desfile cívico-militar. Luego el Presidente Perón y su comitiva regresarán al lado argentino.
A las 20,00 horas. El Presidente argentino y su comitiva se trasladarán a Uruguayana.
A las 20,30 horas. Banquete ofrecido por el Presidente brasileño al Gral. Perón y su comitiva, en la Sociedad Agrícola y Pastoril.
A las 22,30 horas. Recepción en el Club Comercial de Uruguayana.
A las 23,30 horas. Los Señores Presidentes y sus comitivas se dirigirán al puente, en cuyo extremo brasileño, y tras la ejecución de los himnos nacionales, se despedirán. "
Según Ivo, trató él por primera vez con Eva Perón en el banquete nocturno celebrado en la Sociedad Agrícola y Pastoril, es decir, en algún momento entre las horas 20,30 y 22,30. Esto sólo según los horarios formalmente previstos, pues el programa sufrió dilaciones que alteraron los tiempos al punto de enloquecer a los jefes del ceremonial, por hechos que todavía niegan los uruguayanenses y confirman algunos líbrenos, hechos que ningún escritor dejaría de narrar aquí.
Los actos en el lado argentino se cumplieron normalmente. Pero cuando el General Dutra volvía a Uruguayana, tras el almuerzo, manifestó a sus ministros su fastidio por haberse limitado a descubrir una piedra fundamental en el lugar del anfiteatro, en tanto que el Presidente argentino inauguraría más tarde la plaza infantil terminada. ¿Cómo se explicaba tal diferencia de realización entre los regalos recíprocos? ¿Cómo justificar semejante papelón ante los argentinos, ante la comunidad internacional allí representada por tantos diplomáticos y periodistas? Alguien habrá temblado hasta los tuétanos cuando el Presidente, en el vértice de su ira, sanguíneos los mofletes, agitando un dedo mientras las condecoraciones se agitaban sobre su pecho, dijo que esperaba, es-pe-ra-ba, que el desfile cívico-militar de la tarde dejase mejor parado al Brasil, restableciendo así el equilibrio protocolar entre los dos países. Ese alguien habrá transmitido su angustia a otro alguien, y éste seguramente se la transfirió a un tercero, de modo que entre los jerarcas brasileños pronto se encendió un frenesí de consultas y comprobaciones, el cual en minutos arrojó un resultado terrorífico: también en materia de desfile la Argentina superaría ampliamente al Brasil, pues los militares locales disponibles estaban en número muy por debajo de los efectivos castellanos reunidos al efecto. Cundió el pánico. Con vértigo se multiplicaron los cálculos, las comunicaciones con los regimientos más cercanos, la caída de las posibles soluciones por falta de tiempo para traer más militares. Quien se figure el espanto reinante entre aquellos dignatarios se quedará corto. El fantasma de la renuncia revoloteaba sobre varias cabezas. Gestos e indumentos se descomponían como en un teatro grotesco, los rumores se cruzaban apenas disimulados. Hasta que surgió la idea salvadora. Y en consecuencia el desfile vespertino se prolongó mucho más de lo programado, hay quienes afirman que hasta bien entrada la noche, y que hasta hubiese continuado si la multitud no advertía —a la tercera o cuarta vez que los mismos escuadrones pasaron frente al palco oficial (con variaciones en los uniformes, juran algunos)— que los soldados brasileños desfilaban en círculos alrededor de cuatro manzanas.
Pero anécdotas al margen, si nos ajustamos al programa, el encuentro entre Ivo y Eva habría acontecido entre las 20,30 y las 22,30.
Si se le expresa duda. El Emperador de los Placeres pregunta con un gesto desdeñoso si acaso el cuestionador ignora que Ivo Rodrigues contaba y cuenta con relaciones suficientes para conseguir cualquier cosa en las altas esferas, incluyendo una invitación oficial y una entrevista secreta. Alude a un diplomático oriundo de la frontera, alguna vez relacionado sexualmente con él —con Ivo— y alguna vez con cierto militar que ejercería un importante cargo en la Cancillería brasileña cuando ocurrieron los hechos. Si el interlocutor merece conocer los pormenores, Ivo cuenta que en realidad no estuvo entre los comensales sino que fue introducido subrepticiamente en una sala lateral, donde un rato más larde Eva Perón apareció y le concedió cinco minutos sin testigos. Llegado el caso el relato contiene hasta detalles mínimos relativos a la vestimenta, al maquillaje y a las joyas de la primera dama argentina, sus gestos, los cambios en el tono de su voz, su perfume, su aliento a mentol y un pañuelito blanco con que ella disimulaba un resfrío originado en una ventolera en el puente. Sobre la conversación en sí misma, Ivo sostiene que Eva le aseguró hallarse muy contenta de conocerlo, que había oído hablar maravillosamente bien de él, de su gran corazón y su permanente ayuda a los pobres, que lo antes posible contaría al General Perón sobre aquel encuentro, que sin duda al General también le resultaría muy interesante conocerlo en persona, máxime considerando que él, Ivo, según la habían informado, practicaba la religión umbanda tanto como el General, tras lo cual Eva confirmó este dalo con referencias a la devoción que el General depositaba en Xangó de la Justicia, en Oxóssi Rey de Ketu y en Oxum, en este último particularmente para combatir a los enemigos políticos. Agrega Ivo que no puede contar lo dicho entonces por él porque no lo recuerda, ya que la emoción le impidió pensar aquellas palabras. Añade que hubiera continuado charlando con Eva un rato más si no los hubiese interrumpido una asistenta, quien comunicó que a la primera dama se la requería para continuar con las ceremonias, tras lo cual Eva apuró la despedida, diciendo que había sido realmente un placer conocerlo, que por favor siguiera él ayudando a los pobres y que la visitara cuando viajase a Buenos Aires, sacó una tarjeta de su carterita bordada con hilos de oro, se la tendió, y dejó en el aire su mano enguantada, para el beso (acto que Ivo gusta supuestamente imitar ya con los ojos húmedos).
Al parecer no existe ninguna prueba del encuentro, ni de los posteriores que El Emperador jura haber tenido con Eva en Buenos Aires pero sin dar precisiones. Pero toda Uruguayana sabe que Ivo ama entrañablemente a Eva Perón.
Tal amor habría nacido antes de la inauguración del puente y se proyecta al peronismo todo. Ivo Rodrigues se confiesa peronista fanático a quien quiera oír. Colaboró intensamente con los peronistas libreños cuando surgía ese partido. Paso de los Libres era por entonces dominio de los conservadores, y desde luego que los peronistas de dicha ciudad debieron enfrentar el problema del escaso público en sus primeros mítines. Ivo aportó la solución. Juntaba público brasileño para aquellos actos políticos. Numerosas embarcaciones con rameras, tahúres, contrabandistas, vagos y simple pobrerío reunido en los arrabales Uruguayanenses cruzaban el río para aplaudir a los oradores del naciente movimiento político argentino. Iban instruidos para poner el mayor fervor y evitar en lo posible hablar en portugués. En la frontera los idiomas se mezclan, mucho no se notaría. Pero en una oportunidad se armó una batahola entre peronistas y conservadores, las huestes de El Emperador acabaron por enredarse en la pelea por solidaridad con algún compatriota agredido (no parece aventurado imaginar al propio Ivo repartiendo trompadas en el tumulto), y entre los detenidos por la policía apareció un porcentaje de brasileños escandalosamente amplio. Se cuenta asimismo que Ivo ayudó a muchos peronistas caídos en desgracia cuando el golpe militar de 1955, que hasta refugió a algunos en sus prostíbulos y por ello fue advertido por las autoridades ante una protesta diplomática argentina, advertencia que quizás hubiese sido otra cosa sin las amistades influyentes.
Lo cierto es que esa pasión por el peronismo es un derivado de la pasión por Eva Perón. Y que, verdad o mentira el trato con Eva de que se jacta, Ivo suele vestirse como ésta, sobre su tocador hay una fotografía de Eva Perón en colores y sus burdeles permanecieron cerrados durante una semana cuando ella se murió.
(Alvear, Corrientes, Argentina, 1955). Narrador. Es uno de los más destacados escritores argentinos de la actualidad. Ha publicado, entre otros, los poemarios El color del humo (1978), Otras reincidencias (1978), los libros de narraciones El Oidor (1985), Allá siempre baila la muerte (1989), Las condesas también sueñan (1991), Interior de los Pájaros (1993) Angel de la guarda (1996), El Patrón del Chamamé (1998), Complicaciones intelectuales (2000), Relator Deportivo (2006) y las novelas Ivo El Emperador (2002) y Vispera Negra (2003.