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Dibujante a los seis años
Hernán Vidal, más conocido como HERVI, es uno de los mejores ilustradores chilenos. Comenzó a dibujar a los seis años y sus profesores no creían que a su edad pudiese dibujar un Arturo Prat que parecía un hombre y no un monigote. Su camino en la ilustración estaba más que trazado: además de su talento nato, HERVI estaba inmerso en un ambiente muy estimulante. “Comenzar fue bastante sencillo, porque mi hermano estudiaba Bellas Artes. Por eso desde muy chico estuve rodeado de un ambiente muy estimulante en el sentido de las herramientas del dibujo y la pintura. Había mucho papel, lápices de colores, acuarelas, pinturas, óleos, etc. Por otra parte estaba mi fascinación por los comics, principalmente por el Pato Donald y el cine de Walt Disney, como Fantasía, una película extraordinaria… muy motivadora… ”
Uno de sus profesores, viendo el talento del que era poseedor, le consiguió una beca en la Escuela Experimental Artística. “Fue un cambio brutal, pasé de una escuela pública de hombres a una escuela pequeñita y mixta, en donde la mitad estudiaba pintura y la otra mitad música. Ese estimulante ambiente durante la primaria y secundaria fue una formación ideal. No solamente en el oficio de dibujar y pintar, sino en la convivencia y el poder compartir con artistas. Digamos que uno pintaba mientras escuchaba la música de sus compañeros…”
El comienzo de todo
La mayor parte del trabajo realizado por HERVI se corresponde con ese género de la ilustración, difícil y peligroso, que es la caricatura política.
Antes de continuar, debo decir que mi compañero en la ruta hacia HERVI no podía ser mejor. Esta crónica está escrita a cuatro manos y las otras dos son de Fernando Meza, periodista chileno experto en medios de comunicación digital, en historia del cómic y, sobre todo, en historia de la caricatura política en Chile, tema sobre el que versó su tesis de grado. Fernando me dice:“Sin duda lo más destacable de HERVI es haberse mantenido vigente durante más de cincuenta años que lleva de carrera, habiendo pasado por situaciones políticas en Chile de harto contraste y, sobre todo, por medios de comunicación muy diversos, casi opuestos en línea política, sin abandonar por ello su tendencia”.
Hemos llegado a la casa de HERVI, en un sector muy tranquilo y luminoso de La Florida, barrio ubicado al sur de Santiago. Ahí nos recibe el maestro. Su casa es tan serena y pausada como sus ademanes y su voz, y su amabilidad es equiparable a su talento y buen humor.
El dibujante hace una pausa cuando termina de rememorar su experiencia en la Escuela Experimental Artística, como tratando de alcanzar de nuevo el ensueño de esos días y tratar de explicarnos lo mejor posible la belleza de un mundo casi pletórico de arte y artistas, que disparó aún más su ya crecido talento. Fernando le pregunta si ese ambiente lo llevó a estudiar Arquitectura: “No, eso fue una cosa personal, motivada porque mi papá fue un excelente constructor y siempre viví en casas construidas por él. Yo tenía muy claro, además, que cuando terminara mi Enseñanza Media estudiaría esa carrera, entre otras razones porque mi hermano ya era pintor. ¡Imagínate! – dijo preludiando una carcajada –. Dos pintores para un empleado público era un golpe bajo para mi padre, ya que era jubilado de Ferrocarriles y no le hubiera gustado tener dos hijos artistas.”
Trabajador de pantalón corto y tirantes
“Las primeras publicaciones que hice fueron como colaborador de un suplemento infantil del diario El Mercurio cuando tenía doce años. Era como un hobby. Quizás eso no tenía trascendencia, pero sí significó que al término de un año me fuesen a buscar para trabajar en otro diario. Así, a los trece años ya estaba trabajando y me pagaban. Y me pagaban muy bien. De hecho, el primer mes que me pagaron lo hicieron de acuerdo a cánones normales del periodismo. Era mucho dinero para un niño… y tuve que ir con mi mamá para recibirlo. El director me dijo: ‘No, no, eso es ucho dinero para un niño, ven con tu mamá’. Yo andaba de pantalones cortos y recibía mi sueldo”.
Si parece un escándalo que a los doce años HERVI ya fuese empleado como dibujante profesional, más escandaloso puede resultar que a esa misma grosera edad, HERVI hiciera parte del taller de Pepo y trabajara como ayudante del creador de Condorito: “Es que para mí todo esto fue desde el comienzo un divertimento… una cosa divertida desde que empecé a trabajar. Comencé a visitar, por ejemplo, los talleres de Pepo, le mostré mis dibujos y a él le encantaron. Entonces al poquito tiempo me tomó como ayudante, primero para pasar la tinta a sus dibujos y luego dibujando historias completas. Con el tiempo ya me sabía Condorito de memoria y le proponía ideas a Pepo.” Miré sorprendida a HERVI: “Entonces, ¿hay dibujos de Condorito suyos?”. HERVI sonríe. “A mi me sorprende la cantidad de reediciones que hacen ahora de Condorito en las que hay dibujos míos. Como te decía, desde el comienzo fue muy divertido. Además, participaba en otros proyectos de la época, como la revista Pingüino y en la revista deportiva El Saquero”.
La caricatura política llega de la mano de la Guerra Fría
La madurez para dibujar caricatura política le llegó a HERVI de tanto trabajar en periodismo. “Se fue dando con el trabajo y junto a eso se fueron acentuando las situaciones políticas en Chile, por lo que estaba pasando en el mundo, la guerra fría. O estábamos de un lado o estábamos del otro. Por supuesto escogí estar del lado de la izquierda. Todo eso se fue arraigando y terminé participando en las tres últimas campañas de Salvador Allende, ya sea como muralista o como dibujante, hasta que sucedió lo que sucedió”, en alusión al golpe.
Sin embargo, HERVI nunca tuvo problemas con los medios para los que trabajaba. A pesar de su confesa tendencia de izquierda, los problemas que llegaron con el golpe y la censura nunca lo atravesaron directamente, aunque tampoco lo dejaron indiferente. “Bueno, problemas directamente no tuve, pero a veces debía ser consecuente. Como cuando trabajé en la Revista del Domingo de El Mercurio, donde era el diseñador gráfico. A mediados de los `60 al director de la revista le pidieron la renuncia porque se había manifestado abiertamente partidario de Salvador Allende. Y con su renuncia todos nos fuimos, por una cuestión de principios”.
“En ese tiempo ya hacíamos la revista ‘La Chiva’, que era financiada por los hermanos Vivanco, José Palomo y yo. Antes trabajábamos en la revista El Pingüino, picaresca y humorística, pero como consecuencia de la polarización política de esos años los dueños de la editorial ‘Lord Cochrane’, nos vieron como un enclave de izquierdistas por lo que despidieron a su director, Alberto Vivanco. Y con él nos fuimos todos”.
Motivación… antes del Golpe
“En La Chiva, estábamos muy influenciados por el dibujante mexicano RIUS (Eduardo del Río) que hacía la revista el ‘Supermacho’, ambientada en un pueblito que representaba a México. En nuestra revista quisimos hacer lo mismo, pero con el barrio ‘Lo Chamullo’, que graficaba a toda la sociedad chilena. Estaba Lo Chamullo alto, Lo Chamullo bajo, etc. Era todo el universo nacional metido en un barrio. Los tres años que duró La Chiva fue una época maravillosa. Nunca hubo coacción. Todo lo que hacíamos por el gobierno popular lo hacíamos por entusiasmo”.
Fernando quiere saber sobre el protagonismo de la caricatura política en Chile antes del golpe y HERVI contesta enérgico: “¡Fue bastante fuerte! La derecha hizo publicaciones bastante siniestras con llamados al golpe, llamados directos que aparecían, por ejemplo, en caricaturas de sables y gorros militares acompañados del texto ‘En sus manos está’. No podía ser más claro”.
El humor gráfico…
Con la llegada de Allende al poder crearon otra revista: La Firme. “Con ella nuestra finalidad era de divulgación. Por ejemplo, cuando se remodeló totalmente el entonces Parque Cousiño, se hizo una historia sobre eso, pero contada en forma divertida. Se informaba sobre los proyectos que se estaban haciendo y se entusiasmaba a la gente a participar. Otro ejemplo fue cuando se empezó a construir el Metro. Entonces dibujamos historias enseñando qué era y para qué era necesario”.
“El humor gráfico hay que pensarlo sobre todo como una herramienta de divulgación muy efectiva. En aquellos tiempos sobre todo, porque el grado de analfabetismo era demasiado grande, más que ahora. Había gente muy pobre, sobre todo de provincia y de campo, que apenas sabía leer, por lo que le venía muy bien acceder a estas historietas con dibujos que ayudaban a entender las ideas”.
Un buen ejemplo de esta práctica fue la reforma agraria de esos años. “Hicimos un trabajo enorme para el Ministerio de Agricultura, una serie completa de comics para enseñar la reforma, cómo aprovechar la tierra y explotar bien el campo. Había fundos enteros que estaban desaprovechados, abandonados, y la mayoría de la alimentación en el país era importada”.
La sutileza y la dictadura
Nos acercamos a la rememoración de la dictadura. Si bien el recuerdo no logra apagar su ánimo, hay un dejo de tristeza: “Mira, vino el golpe y yo quedé un par de meses mirando al techo, muy desanimado, muy deprimido, con varios amigos muertos y otros exiliados”…
Fernando me ha contado una anécdota mientras nos preparábamos para la entrevista. Hacia 1978 apareció en la televisión chilena un programa de humor que adquirió fama y reconocimiento en el público. Se trataba del llamado Jappenig con ja, cuyo formato se basaba en sketches diversos con personajes que quedaron grabados en la retina de todos los chilenos. Derivado del programa televisivo, surgió una revista ilustrada y Fernando, que aún guarda algunas ediciones, reconoció en esas ilustraciones sin firmar la mano de HERVI. Esta es la ocasión para salir de la duda ¿era HERVI el dibujante detrás de esas ilustraciones anónimas? “Si, era yo y, claro, mi equipo de ayudantes. Como te decía, yo quedé muy deprimido cuando llegó la dictadura y, además, cesante. Entonces volví a la Facultad de Arquitectura. Y surgió la posibilidad de dibujar en la revista del Jappening. Como yo estaba vetado, por eso no firmaba. Fue simpática esa revista, comenzamos a transformar en historietas la serie televisiva”.
“Pero antes, el año 77, colaboré en la revista Hoy, que fue el primer medio opositor a la dictadura gracias, especialmente, al periodista Emilio Filippi que consiguió publicarla tras una larga lucha con el gobierno y el apoyo del periodismo internacional. Yo hice la portada de su primer número”.
Y es que en aquella época, la sutileza, ese humor que está justo en el límite de lo censurable, sin jugar con fuego, fue la maniobra que permitió a HERVI mantenerse vigente, sin verse obligado al exilio durante la dictadura.
“Antes del golpe las cosas eran bastante más simples, uno podía decir y hacer lo que quisiera abiertamente. Después del golpe ya nada estaba permitido. El camino fue precisamente irse abriendo camino a través de la sutileza, hacer casi un humor blanco e ir viendo qué reacción había. Se trataba de ir probando hasta poder dibujar un buen chiste. Una de las cosas que nunca hice fue dibujar a Pinochet en los 17 años de dictadura. Sin embargo, ahí estaba, a través de metáforas, de sutilezas, pero no dibujado. Por ejemplo, dibujaba un edificio con unos globitos de texto que, por la redacción, sugerían que era Pinochet conversando con sus secuaces. Todo esto significó una larguísima pelea. Durante años, cada tres meses se renovaba por decreto de gobierno el estado de sitio y eso significaba censura previa. Había que mandar la revista antes de publicarla y por eso muchas páginas mías no salieron, llegaban tachadas. Luego llegó una época, incluso, en que se prohibieron las imágenes, ya que había muchas más publicaciones opositoras. Por eso, cuando comenzaron a censurar las imágenes fue muy divertido. En esos casos solíamos poner cuadros en blanco que iban acompañados con lecturas al pie que decían, por ejemplo: ‘Aquí vemos al gobernante, su excelencia Augusto Pinochet, con su señora esposa y sus ministros’”.
Le pregunto si tuvo miedo…“Sí – y añade con una confianza y seguridad que sólo se logran con los años de experiencias vividas – Pero mira, el miedo es un buen maestro para hacer muchas cosas…”
HERVI y otros ilustradores…
“Me inspiraron mucho todos los dibujantes de la generación Chumy Chúmez. Él y un grupo de dibujantes sacaron en España la revista Hermano Lobo durante el franquismo, que era de un humor y acidez que estaban a la altura de la situación política”.