

“¿Supiste la última? No. Yo tampoco”. Así de fácil. Hay libros que existieron mucho antes de ser publicados y que permanecerán muchísimo tiempo después. Los dibujos de Hernán Vidal, Hervi -que aparecían mal que mal en la revista Hoy en los ’80- fueron censurados de las maneras más insólitas, pero resistieron de lo más bien, y no porque el humor fuera tolerable: a veces por ser demasiado inteligente. El censor encargado era un estudiante de periodismo, lo que añadía humillación a la humillación. A veces hacía una línea roja sobre la página, otras veces exigía la incomprensible omisión del texto dejando el globo en blanco. En la vida real, la gente seguía riéndose con el humor triste de los desesperados, pero no domesticados.
Ejemplos al vuelo. Al fondo de una playa con las típicas bañistas de Hervi, un globito dice: “Estúdiame la posibilidad de poner un solo anteojo ahumado encima de toda esta playa”. Lo más subversivo que está pasando junto al mar que tranquilo te baña es que un tipo se está forrando, porque ha tenido la delicada idea de vender el pescado envuelto en diarios extranjeros.
Desde un colegio se oye la voz de una profesora: “La protesta costó 40 millones de pesos. Un submarino cuesta 25.000 millones de pesos. ¿Cuántas protestas cuesta un submarino?” Hay edificios que se hunden y otros que se levantan en la ciudad de papel de Hervi. Desde uno de los nuevos se escucha: “¿Dónde queda Uruguay?”.
Gran documento. A veces el dibujante no podía con su carácter y citaba dibujo por dibujo a Alicia en el País de las Maravillas, en una traducción tan próxima y demencial que mareaba. Todo era reconocible. Al final, debajo de Alicia encerrada en el maravilloso país, decía: “Ojalá que continuará”.
Era todo un territorio vedado el que los dibujantes del anciano régimen tenían en sus tableros. “Aló? Espere un momento. Buscan a una tal ‘Democracia Ahora’, ¿tú la conoces? No. Aquí no es. Que pida ‘Larga Distancia’. Se equivocó de país”.
“¡Jefe! ¡Los comerciantes bajaron las cortinas! ¡DESCUEVE! Justo queríamos comprar nuevas, ya nos aburrieron las del melocotón”.
No se vivía mejor en dictadura, pero estaba Hervi, su valentía y su capacidad estupenda de capturar al vuelo el lenguaje agudo y brutal de los chilenos. Un humorista británico decía “me río sólo cuando me duele”, y Hervi fue muy británico en esos años. Total las mentiras se desmienten a sí mismas:
“Comunicado de prensa: ‘Personeros representativos de la ciudadanía tuvieron una reunión con su excelencia (en minúsculas) en la que se trataron importantes asuntos de interés nacional. Esta once se repetirá próximamente...’”.
Al lado, otro globito: “¿Cómo quedó?”
“Monono”.
El libro es caro pero bueno. Después cuento otro.
“CHAO NO MÁS”, Hervi, Santiago, Chile, 2005
Colección Dibujantes Chilenos
Producciones Aplaplac
Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.
Publicada en La Nación digital, el Sábado 1 de abril de 2006