

En un hecho inédito, al menos para mí, he visto esta noche en el televisor de mi dormitorio la figura reconocida y querible de Hernán Vidal, Hervi, levantarse de su asiento y en medio de los aplausos de una novísima sala construida bajo el palacio del gobierno de Chile, ir en busca de una deuda que su país le debía hace ya mucho tiempo.
Hoy martes 11 de Abril de 2006, Hervi ha recibido el premio Altazor al mejor ilustrador.
Como buen humorista gráfico Hervi no se toma demasiado en serio nada, pese a que cuando reírse de la corte del rey y sus sicarios en el terrible momento histórico en que él lo hizo, bien pudo costarle la cabeza. Muchos bufones (y civiles) fueron guillotinados por menos que eso. Maravillosamente eso no sucedió y hoy puedo verlo en las pantallas de Chile.
De pronto me veo en los 80, en la sala del liceo de San Bernardo en el que curso la enseñanza media junto a mis compañeros leyendo y riéndonos con el Súpercifuentes que Hervi publica en la revista cultural La Bicicleta. Recuerdo haber leído en esa misma sala sus amargos chistes para la revista Hoy. ¡Qué ganas de conocer a este señor!, recuerdo pensar a mi yo adolescente. Al poco tiempo, gracias a mi endémica patudez, comienzo a pedalear en aquel mismo pasquín en que él colabora, pero aún así jamás pude verle la nariz en la redacción. Nunca coincidimos en la escalera de madera al segundo piso de la casa de Fagnano, jamás pude interrumpir una reunión de él con Yentzen, Alvaro o A de la Efe, ni tampoco pude nunca decirle: permiso, adelante, qué bueno verlo, me encanta su trabajo, No. Tuve que esperar casi 20 años para que una tarde de un día cualquiera mi amigo (y también dibujante como él) Christiano me invite a entrevistar a uno de los personajes más influyentes de mi adolescencia. Recuerdo la emoción que siento en el momento en que entro en casa de Hervi y hablamos y hablamos. Recuerdo las miradas que de reojo doy de vez en cuando al escritorio en donde veo reposar descuidadamente, y en medio de papeles, fotos y recortes de periódico, algunos dibujos ¡Originales de Hervi!
Ahora viajo más atrás en el tiempo, el inexorable, y recuerdo en la infancia sus dibujos para Barrabases, voy más atrás y veo a La Chiva, La Firme.
Me siento feliz por lo que acabo de ver en televisión. Feliz por haber reído con sus chistes ora ingeniosos, ora terribles, pero siempre certeros. Creo que ya es hora de que Chile reconozca a sus héroes, más aún si son tan valientes como talentosos, tan geniales como accesibles, tan simples como brillantes, tan como... Hervi.
Está emocionado se ve, agradece a sus pares, recuerda a sus maestros, Pepo, Themo, Nato, nombra a sus cinco hijos e hijas y a quién el mismo bautiza como su regalo más reciente.
Estoy feliz. De pronto extraño a este hombre de lentes, cabello cano y risa fácil, lo imagino ahora mismo abrazado a su familia en medio de las risas. Recuerdo a su hija sólo pocos días antes, en el lanzamiento oficial de Chao no más, el libro recopilatorio de humor gráfico de su padre. Recuerdo cuando ella me comenta informalmente que “Ahora sólo nos falta esperar el Altazor”, me sorprendo de saber que está al menos nominado. Recuerdo los deseos de ella de hacer una gran fiesta sólo para celebrar la exquisita edición del libro que se ha lanzado. “Dile tú a mi papá”, me sugiere, “total ya tenemos la infraestructura”.
Imagino esos deseos suyos multiplicados ahora exponencialmente.
Hoy es una gran noche para la historieta y el humor gráfico chilenos. Este premio es para Nato, Palomo, Themo Lobos, Pepo y un etcétera en el que me atrevería a aventurar que no todos los que son, caben. De todas formas esta noche todo es posible, incluso un infinito etcétera.
Para mí siempre será la noche del encuentro de dos palabras compuestas.
La histórica noche en que un Hervi se regaló a un Altazor.
Publicado en el sitio digital La nueva gráfica chilena, el miércoles, abril 12, 2006: