

Hernán Vidal (Hervi), dibujante de vasta trayectoria, que ha recorrido por más de tres décadas las principales publicaciones humorísticas y políticas de nuestro país, se inició tempranamente en el dibujo profesional acompañado, casi siempre, de su eterno comparsa, José Palomo. Hervi y Palomo. Por los días en que esta entrevista se realizó, Hervi estaba preparando, junto a Fernando Krahn, la exposición "La Memoria Herida" (a propósito de los 30 años del golpe), organizada por la Universidad de Alcalá de Henares, en la española ciudad de Cáceres. Haciendo la selección de ese material, lo sorprendimos en su casa, donde conversó amablemente con nosotros.
EL DISCÍPULO DE PEPO
Ergocomics: ¿Cómo fueron tus primeros pasos en el mundo del dibujo?
Hervi: Se dio en el ambiente. En casa, mi hermano pintor tenía siempre lleno de elementos de dibujo, mucho papel, muchos lápices. Él era cinco años mayor y yo tenía todo el material ahí, a mi disposición. Creo que antes de dibujar yo hice una película de monos animados con él. La verdad es que era de esas peliculitas que se hacían en papel transparente, se dibujaban cuadro a cuadro y después se pasaban por un aparato rudimentario; en el fondo era una historieta proyectada. En la escuela, rápidamente detectaron que yo tenía habilidad para el dibujo y me becaron a una escuela especializada a los 9 años. Entonces, a los trece, ya era un dibujante consumado.
¿Y a esa edad ya recibías sueldo por dibujar?
Sí. Ahí empecé a participar en publicaciones... en un suplemento infantil de El Mercurio, yo hacía una tira cómica que se llamaba "El doctor Jeringotti", con clara influencia de la revista argentina "Rico tipo", donde todos los personajes tenían apellidos italianizados. En ese mismo tiempo, me fui a meter a la oficina de Pepo, para conocerlo. Yo estaba fascinado con las cosas que hacía Pepo, entonces, inmediatamente pase a ser su ayudante, a los catorce años ya le pasaba a tinta "Condorito". Paralelamente, seguía en la escuela experimental artística, o sea era obvio que tenía que aprender a dibujar. Por ese tiempo, también me pidieron una historietita para una revista del arzobispado, entonces yo hice un angelito que tenía cosas muy inocentonas, muy tiernas. Esa publicación fue tomando harto carácter, se incorporaron muchos periodistas que todavía mantienen vigencia... Abraham Santibáñez, Emilio Rojas, Alejandro Magné, en la parte internacional, Guillermo Blanco, etc..., le dieron un carácter más contemporáneo a la revista, que era demasiado religiosa al comienzo. Ahí me empezaron a pedir ilustraciones, caricaturas, humor político y ese tipo de cosas que, como a la fuerza, tuve que meterme a desarrollar, guiado por los periodistas desde luego.
LOS COMPINCHES Y EL TRABAJO COLECTIVO
¿Por esa época conociste a José Palomo?
De hecho, la primera foto donde aparezco en un diario, estoy con el Pepe Palomo al lado. Los dos estudiábamos en la misma escuela, íbamos a dibujar al mismo suplemento, que estaba a dos cuadras de la escuela... en Compañía, El Mercurio y en Huérfanos con San Martín, la escuela. En esa foto salimos haciendo dibujitos.
Después, siendo un joven, formas parte del equipo de la revista El Pingüino.
La verdad es que yo abandoné el trabajo de Condorito después de varios años, después de cientos de páginas de Condorito (llegué a hacer hasta el guión y todo), y es que eso puede llegar a ser una esclavitud horrible, estar encasillado en un estilo puede ser fatal para la creatividad. Empecé a trabajar en las revistas que hacían ellos mismos, en Can-cán, Topaze. De ahí me fui a El pingüino, de la editorial Lord Cochrane, que la había dejado Guido Vallejos. Llamaron a Alberto Vivanco a hacer la revista, entonces, Pepe Palomo, su hermano Jorge, Alberto y yo empezamos a hacer El pingüino. Nosotros cuatro éramos el núcleo principal, desde luego colaboraban muchos más dibujantes... muchos argentinos... Oski. Incluso llegó a hacer guiones H.G. Oesterheld.
¿Cómo fue trabajar tan cerca con autores de esa talla?
La verdad es que yo, personalmente, no conocí a Oski muy en profundidad. Él tenía una personalidad un poquito huraña, no era un tipo sociable, pero era un gallo talentoso y, por lo que me dicen los amigos, también entrañablemente cariñoso, afectuoso... pero había que dedicarse a ser su amigo, no era fácil..., no como Oesterheld que era un tipo absolutamente abierto... él llegaba y a los dos minutos ya eras amigo del alma. Por ejemplo, en ese tiempo era el auge de los Beatles y él era un tipo mayor que, por influencia de sus hijas, se había metido en la música contemporánea, estaba loco con Los Beatles ¡era otro tipo de argentino! Bueno, las dos hijas de Oesterheld también son desaparecidas 1.
¿Allí empiezan a hacer experimentos colectivos?
Eso fue muy rico, porque la revista que era bastante modesta en cuanto a pretensiones creativas. Empezó a tomar mucho vuelo, estábamos muy influenciados por la revista Mad, hicimos cosas muy divertidas, historietas en conjunto con Pepe Palomo, con Alberto... era un ejercicio bien interesante. Después por desavenencias de, la verdad, no sé qué tipo, le piden la renuncia a Alberto Vivanco y nosotros renunciamos detrás de él en bloque y nos fuimos a hacer una propia revista que era La Chiva. Estuvimos varios años haciendo desde los guiones, los dibujos, la impresión, los textos hasta la distribución, la cobranza, todo... eso pasó a tener un sesgo más político. Era una época de mucha efervescencia política y nosotros ya tomábamos partido en esta cosa bipolar que existió en ese tiempo. Después viene el gobierno de Allende y nos incorporamos a editorial Quimantú.
¿Era respetado el trabajo del dibujante en los 60?
Siempre el dibujante es el que hace los monitos, la magnitud que se le da no es la de un creador, la de un artista, siempre es el que hace los monitos... Desgraciadamente, es así, y no es culpa de la gente, sino del país que es muy chico... Yo he estado en muchas reuniones para organizar un núcleo, un sindicato... en muchas, muchas reuniones, de hecho ya no iría nunca más porque es una pérdida de tiempo terrible... Siempre hay pequeños intereses, un desastre. Creo que hay un ingrediente de sobreestimarse. De repente el dibujante ve que tiene algo en las manos y cree que todo lo que se ha hecho antes no vale... será un síndrome inherente al oficio.
Eso que mencionabas de la efervescencia política del momento... ¿ustedes pensaban que el comic, la historieta, podía ser un elemento comunicador importante?
Yo ni siquiera me lo cuestioné, nunca. Yo sabía, desde que empecé a dibujar, que eso era una herramienta importantísima... con Pepe Palomo nos conocíamos Santiago de memoria... caminábamos mucho por San Diego, las librerías de viejo y conseguíamos bastantes cosas... comprábamos los "Punch", el Saturday Evening Post, Squire... muy interesantes, porque incluían el humor y había artistas fabulosos. No era sólo Condorito. Cuando hicimos La Chiva teníamos mucha influencia de Rius, un dibujante mexicano que, además de contar historias divertidas, eran historias que contaban cosas, más allá de la anécdota... el "Barrio Lo chamullo" tenía un equivalente en "Los supermachos" o "Los agachados" que hacía Rius.
SÚPERCIFUENTES
Después del boom de las revistas, la cosa se torna muy difícil... ¿tú te quedaste acá?
Sí. No me fui a ningún lado, tenía a mi papá viejo... ya viudo. No pensé nunca en irme y tampoco en dibujar porque no podía... No había ningún diario que me publicara los dibujos, ni revistas ni nada. A pesar de que yo había trabajado en Ercilla, estaba todo sesgado por el oficialismo... en la dictadura era imposible, ni siquiera lo intenté.
¿De qué viviste en esos tiempos?
Bueno, me dediqué a terminar mis estudios de arquitectura, el 75 yo estaba titulado y me puse a trabajar en eso... la construcción. Hasta que se pudo publicar en la revista Hoy, desde el primer número yo empecé a dibujar, era exactamente el año 77.
Era una época en que hacer caricatura política te podía costar la vida.
Álvaro Puga era el encargado de las comunicaciones, era el vigilante de las comunicaciones, asesor de Manuel Contreras y de la presidencia. Él hacía un informe diario de las cosas que se publicaban y él me amenazó directamente. Imagínate un tipo que es asesor de Contreras que te dice así en tu cara "¡cuando yo quiera te cago!". De ahí para adelante no sabes si te van a venir a buscar en la noche.
¿Qué te hacía seguir?
¡La rabia! Prender la tele y ver estupideces, los oficiales, los ministros llenos de porquerías, todo era pisotearte cada día... de hecho, cuando hacía la página de la revista Hoy, empezaba a hacerla con buen ánimo, como una cuestión divertida, pero cuando terminaba estaba tan amargado, pero tan amargado. Todo eso sirvió para algo, yo por ahí me he encontrado en mesas redondas con gente que se acerca y dice "no sabe usted lo que nos animaba, para seguir viviendo esta mierda, el reírse un poco".
En los ochenta también colaboras en la revista La bicicleta, donde surge uno de tus personajes, me atrevo a decir, más emblemáticos... Súpercifuentes.
De repente me encuentro con gente que uno ni se imagina que hayan leído una historieta en su vida... y lo único que recuerdan es el Súpercifuentes, y yo he hecho montones de otro tipo de historietas, pero se acuerdan de esa. Tal vez sea que eran jóvenes cuando leían La bicicleta. Yo estuve haciendo nuevos capítulos de Súpercifuentes cuando cayó preso Pinochet en Londres, porque eso fue realmente una fiesta (risas), ¡un pastel de fresas después de haber pasado un hambre caballa! Esos capítulos salieron publicados en el diario "El mostrador".
¿Nunca has tenido la inquietud de hacer un libro recopilatorio con el personaje?
Sí, pero sabes lo que pasa, es que en este país significa un esfuerzo personal tan grande, que no sirve para nada más que para darse un gusto. De repente uno se pone a hacer otras cosas... de hecho podría hacerlo... una recopilación, una re-edición del primer álbum, más otras cosas nuevas además La actualidad da para más capítulos, es un personaje vigente... la vida diaria te lleva a postergar ciertos proyectos.
Editaste un libro con Grijalbo
Sí, bueno, por ejemplo ese libro yo jamás lo hubiese hecho si no viene Grijalbo y me dice... "¿quiere hacer un libro?"... ¡bueno, ya, poh! Sobre tales cosas y listo. Por eso lo hice. Tiene cosas antiguas y otras páginas hechas especialmente, porque es una recopilación de humor sobre la corrupción. Lo hilé con un poquito de historia... desde la edad de piedra para adelante, se llama El pequeño corrupto ilustrado.
Hablando de aspecto técnico... ¿qué materiales usas para dibujar y colorear?
Uso tintas "Windsor y Newton", también pluma y rapidograph.
Respecto a la entrega diaria, ¿deshechas muchas cosas antes de llegar al chiste definitivo?
No, generalmente me siento y lo hago, no más. Por ejemplo, antes de que llegaran ustedes, hice el dibujo para el diario de mañana, no me paso todo el día pensando qué voy a hacer. Obviamente, antes de eso leo el diario, veo las noticias o escucho la radio.
¿Cómo ha sido la experiencia en el diario La Tercera?
Es buena, no tengo ningún problema, de hecho no tengo ningún contacto... trabajo aquí y lo mando por mail, ni siquiera voy a cobrar, porque me depositan en una cuenta el sueldo, ni tengo ningún tipo de feed-back de si les gusta o no les gusta. Supongo que si no les gustara, ya me habrían dicho. Sucede a veces que alguien de más arriba, que ni siquiera está en el diario, llama y dice "oye, sabes que no me gusta esa huevá, ¡córtala!", y no necesariamente tiene que ver con cuestiones ideológicas, de repente a alguien no le tinca o lo encuentra fome.
¿Hay una tendencia a igualar el humor gráfico con el humor escénico, con el show en vivo?
De hecho, cuando a uno lo entrevistan piensan que va a ser como el Coco Legrand, o el Álvaro Salas, que va a tener la talla a flor de labios, y nada que ver... el caso que les contaba: Oski podía aguarte una reunión, siempre enfurruñado y con un gesto huraño, no decía medio chiste nunca. Sin embargo, al leerlo era un tipo divertidísimo.
EL HUMOR TELEVISIVO Y EL HUMOR CIVIL
¿Nunca incursionaste en un trabajo que no fuese humorístico, alguna vez?
Sí, muchas veces, hasta historietas de vaqueros hice. En Zig-zag hice un par de historietas completas de vaqueros, no me acuerdo ni como se llamaba, yo tenía 18, 19 años, hacía 32 páginas a la semana, porque pagaban por página hecha... creo que hice una de selva también. En la revista Hoy, hice muchas ilustraciones de fascículos de distinto tipo, unos eran con los testimonios del "Gato" Gamboa (periodista), otros eran crónicas policiales... esto de los psicópatas de Viña. Más adelante, sobre las fosas de Lonquén. Obviamente, eran un tipo de crónicas que era demasiado tétrico ilustrarlas con fotografías y, además, seguramente, las fotos se iban a repetir por lo que, gráficamente, era muy estático, entonces esto de dramatizar las situaciones era un aporte a la crónica.
¿Eres colaborador de un sindicato gringo?
Yo trabajo para el C.W.S (Cartoonist and Writers Sindicate) que distribuye material en todo el mundo, pero se demoran en pagar, entonces he perdido un poco el entusiasmo. He mandado de repente y yo sé que los publican, han salido cosas en el Newsweek y se hacen como los tontos, a veces mando cosas como para estar vigente en el ámbito internacional, pero la verdad es que no es muy gratificante. En la revista española El Jueves" me pasó más o menos lo mismo, había un agente que se comprometió a meter mis dibujos en España y en Italia y efectivamente lo hizo, publiqué en El Jueves, en el Playboy italiano, Playboy español, también pasó lo mismo... se perdieron todos los originales, la plata llegó la primera vez y después nunca más, ¡un desastre!