Otro lunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Septiembre 2008. Antilde;o dos. Número cuatro

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Datos de la revista, febrero 2009, año 3, número 06
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Hervi, no más

 

por Ximena Jara

Chao no más reúne sus trabajos de la época

Hervi y el humor en dictadura: ''Reírse era una forma de no morirse''

 

Recibió amenazas de todo tipo, se pasaba el día muerto de miedo y hubo semanas en las que no podía publicar un solo ‘mono’ por la censura previa. Durante todo el régimen de Pinochet se dedicó sistemáticamente a hacer humor de resistencia y hoy, todos esos trabajos se publican en una edición de lujo.

 

Primavera de 1988. Era la mañana del 5 de octubre y el extinto diario La Época traía, entre sus páginas, un inolvidable poster dibujado por Hervi que ilustraba una ciudad feliz, en la que todo –casas, pájaros, caracoles, árboles, bicicletas- estaba dibujado en torno a una palabra crucial en ese plebiscito: “No”. Ese dibujo se convirtió luego en un objeto de colección, y estuvo años pegado en la muralla de muchas casas. También en la mía.

Hernán Vidal, “Hervi”, tenía razones para celebrar: había pasado toda la dictadura haciendo humor gráfico desde la oposición. ‘Monitos’ que hacían reír, que funcionaban a punta de ironía, amargura y necesidad de alivio. Pequeñas terapias cotidianas aparecidas en la revista Hoy y el diario La Época y que le valieron más de una amenaza, algunas de personas completamente identificables.

Ahora, todos esos dibujos son recopilados por Aplaplac producciones (Los mismos creadores de “31 Minutos” y “Mira tú”), y publicados en un libro-homenaje de lujo, bajo el título Chao no más. La decisión de la empresa de hacer una ‘trilogía del humor’, con un dibujante por volumen, se inició con Hervi, y coincidió con las ganas del mismo caricaturista de dejar constancia de todos esos ‘monos emblemáticos’. El dictador nunca fue representado directamente, pero sus frases eran reconocibles, así como el edificio desde el que gobernaba: el Diego Portales. Este lugar fue dibujado, a partir de 1985 como un edificio con grietas, cayéndose de a poco. Hervi siente que el incendio que lo calcinó es una coincidencia enormemente simbólica.

 

“Tuve miedo todo el tiempo”

Alusiones a los mundiales de fútbol, al cometa Halley y a diferentes sucesos de la época hacen que uno se sitúe no sólo políticamente en esos días, sino también cultural, social y económicamente. Una experiencia digna del cinto espacio-temporal de Mampato por la que el dibujante y arquitecto deja todo el crédito a los compiladores.

¿Usted les pasó los trabajos, ordenados y clasificados?

¡Noooo! ¡Yo tengo un caos! Si fuera ordenado yo creo que sería millonario, pero es una cosa u otra. Yo tenía algunos originales, que había rescatado de la revista Hoy, todos amontonados, pero ellos hicieron el trabajo. La mayoría de las reproducciones que salen ahí están tomadas directamente de las revistas; para eso fueron a las bibliotecas e hicieron un trabajo de investigación bastante valioso, porque incluso le dieron el tono de reproducción fiel de lo que salió publicado, a veces comparándolo con lo que era un original. Me parece un trabajo muy fino.

Lo primero que sucede cuando uno relee estos chistes que fueron publicados en los años ’70 y en los ’80 es que uno se pregunta cómo se atrevía a hacer ese humor en ese momento.

La verdad es que yo tampoco lo sé. Esto empezó en Hoy, que fue la primera revista permitida –entre comillas- por el gobierno de Pinochet porque hubo una presión internacional muy fuerte. Empezamos, con Rufino, a hacer dibujos muy tímidamente, y yo creo que Rufino fue el que se atrevió con más valentía a empezar a hacer chistes directamente críticos. Yo me fui detrasito de él, y al poco tiempo esto era como esas viejas recetas científicas de ensayo y error. Nos fuimos atreviendo más y más, pero eso iba junto con la madurez política del país, con las protestas. Fue algo generalizado, no es que nos hubiésemos atrevido solos.

Era una manera de irle doblando la mano un poco a la censura.

Claro. Si se fija, todo es bastante hiperbólico, no hay caricaturas de Pinochet, por ejemplo.

Pero está el edificio Diego Portales a punto de caer.

Claro. Y ahora se incendió, casi como una manera simbólica de hacer realidad esto de la caída del edificio.

¿Tuvo problemas, más allá de la censura previa, que impedía que los dibujos salieran?

Amenazas de todo tipo: telefónicas, por carta y directamente, cara a cara.

¿Tuvo miedo, en su minuto?

¡Todo el tiempo tuve miedo! ¡Me pasé esos 17 años muerto de miedo! Años y años y años de toque de queda, que era obviamente una excusa para poder ir a apresar tranquilos a la gente que estaba en su casa. Vivimos aterrorizados.

¿Cómo puede uno levantarse, al día siguiente de que recibió una amenaza, con miedo, y sin embargo dibujar un monito para hacer reír? ¿Cómo se explica?

Una de las personas que me amenazaron –el señor (Álvaro) Puga, periodista, asesor de Contreras y Pinochet-, me decía “mire, sus dibujos son bastante divertidos, pero uno empieza el chiste de arriba, que es gracioso, y cada vez se van poniendo más amargos los chistes. Al final, el último chiste es amarguísimo”. Yo le decía “bueno, pero qué quiere que haga, si es lo que me pasa a mí: empiezo con buen humor en la mañana a hacer la página, y a medida en que la voy haciendo me empiezo a amargar y amargar. Desde luego que el último chiste es amarguísimo”. Tenían una ironía terrible. Para mí una era una especie de sacar afuera toda esta porquería que tenía adentro, que en el fondo era odio, resentimiento e impotencia. Había que expresarlo de alguna manera, a falta de valentía para expresarlo de otra forma.

¿Era una suerte de válvula de escape?

Creo que sí, y no sólo para mí. Muchos lectores me han dicho que les sirvió encontrarse con esa página y reírse un poco de lo que estaba pasando, a pesar de que era bastante trágico. Reírse era una forma de no morirse.

¿En alguno de esos momentos usted fue consciente de la importancia social o política de sus dibujos?

No, nunca. Esta cosa de dibujar para mí era natural. Empecé desde chico, porque tenía ganas, pero nunca pensé en lo que estaba haciendo. No hice análisis de contenidos, ni de la estructura de esta forma de comunicación. Eso lo he venido a aprender de viejo. Hasta el día de hoy, hago esto tal como camino o respiro.

Un país surrealista

En las publicaciones de esos años hay varios elementos que se repiten, como un elefante, que aparece de la nada, o unos perros raquíticos, o unos buitres... ¿eran un juego?

Eso de los animales fue algo así como un recurso para darle un toque surrealista a la página, porque censuraban todo. Claro, yo hacía chistes de los CNI y eran obviamente CNI: gordos con anteojos ahumados y bigote. Venía la censura, tarjaban las páginas, y hubo una seguidilla de semanas en que censuraban todo, todo, todo. Empecé a hacer cosas cada vez más idiotas, más incensurables. Empecé a meter animalitos, y después de todo este período –que fue estado de sitio, me parece- al final me aceptaron una página que era absolutamente estúpida, donde había puros animalitos, incluso de Walt Disney: estaba el pato Donald, los tres chanchitos, el Lobo Feroz, Batman, y todos hablando estupideces. Eso lo aceptaron y pasó, pero obviamente la gente, ansiosa de reírse de algo, a todo le encontraba una segunda lectura. Empecé a poner animales, como el elefante –volando, o parado en la ramita de un árbol, o disfrazado-, para subrayar el surrealismo en el que estábamos viviendo: era una situación irreal, siniestra, pasaban cosas horrorosas y las explicaciones que daba el Gobierno sobre lo ocurrido eran absurdas.

Hay una crítica muy fuerte a los medios de esa época, como con Tergiversación Nacional, en vez de Televisión Nacional.

El Gobierno dominaba todos los medios, y era absurdo cómo explicaban cosas inexplicables, desde la economía hasta los derechos humanos.

¿Cómo se explica que el régimen de Pinochet haya tenido susto de los dibujos? ¿Qué tienen de corrosivo?

Salvo aquella divertida época en la que censuraron las imágenes, no creo que hayan tenido susto de los dibujos, para nada. Les molestaba que se rieran de ellos, pero eso significaba un barniz democrático frente a la imagen internacional. Era como para decir que no era una dictadura.

El rechazo a las caricaturas no es exclusivo de las dictaduras, ahora hay gente matándose por unos dibujos. ¿Qué le parece?

Esto es el absurdo de los fanatismos, que ven únicamente lo que quieren ver. Eso no es exclusivo de los musulmanes, hay que acordarse de la iglesia Católica, que quemó a tanta gente con su fanatismo. Es la brutalidad de estas formas de pensamiento absoluto.

Los dibujantes están incluso amenazados de muerte.

No es ninguna novedad que estén amenazados de muerte. En la investigación de Jorge Montealegre, aparece que José Miguel Carrera entre otras cosas fue fusilado por las caricaturas que hacía contra San Martín.

O sea que no es un oficio tan gracioso, después de todo.

Sí es gracioso. Pero peligroso en ciertas situaciones.

 

Publicado en El Maestro Chasquilla, en marzo de 2006

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Vasto y golpeado abanico de la «gaycidad»

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