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Mi hijo de tres años, fanático de la peli Los Increíbles, y familiarizado acaso prematuramente con el de la Triste Figura por obra y gracia del cuatricentenario y sus consecuencias, llama al héroe manchego Omnijote, combinando el nombre que según Cervantes adoptara el hidalgo con el del Omnidroide, el robot malo del filme de Pixar. Personalmente, me importa poco que mezcle los personajes de dos magníficas historias, y me alegra mucho que con tan corta edad sepa ya de ambas, aunque su resumen de la joya de la literatura castellana no vaya mucho más allá de decir que Don Quijote "es un señor que tiene un caballo que se llama Drocinante y que está un poco loquillo".
Por otra parte, no me digan que el nombre no es todo un hallazgo. Tanto que le da al vago de su padre para enhilar tres ideas y hacer un artículo. Omnijote: o lo que es lo mismo, Don Quijote por todas partes, en todas las pantallas, en todos los rincones. Y eso, ya que estamos, ¿es bueno o es malo?
Nunca he sentido la menor simpatía hacia los festejos institucionales. Si quieres asesinar el entusiasmo de alguien por algo, enfréntale a un ministro o un subsecretario o un concejal que se ponga a exaltarlo con su rutinaria prosopopeya. Y menos aún me gusta esta nueva modalidad que podríamos denominar magnos eventos de movilización general, donde al calor de desgravaciones fiscales, publicidades y subvenciones diversas, se derrochan los euros sin orden ni concierto. Cuántas bibliotecas de las que nos faltan, y que podrían pagarse con el dispendio del centenario, quedarán sin hacer a cambio de una pila de folletos y anuncios y stands que el 1 de enero de 2006 serán en el mejor de los casos un souvenir cutre, como el Naranjito.
En economía se estudia la diferencia entre eficiencia y eficacia: con un misil Tomahawk se puede matar eficazmente a un gorrión, pero lo eficiente es retorcerle el pescuezo. Menos mal que todo este follón ha servido para que mi hijo sepa con tres años de Omnijote. Pero agradecido eso, sigo objetando: demasiado esfuerzo para que todos sepamos este año de un libro, y demasiado poco para que siga habiendo lectores el día de mañana.
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Uriel
Quesada
Con el tiempo y la experiencia he desarrollado cierta habilidad para percibir el momento en que asuntos de género se intersecan con formas de poder, especialmente si en ese cruce saltan chispas de discriminación u homofobia.
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Amir
Valle
Me mira y me dice que su padre murió creyendo que los tiempos de Hitler fueron mejores. Un disparate, piensa ella, y yo me digo, sin comentárselo, que es mucho más que un disparate, casi como una blasfemia, o un crimen. Su padre, confiesa, es uno de esos muchos alemanes y personas de otras partes del mundo que pretenden desconocer el holocausto nazi.
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Alejandra
Costamagna
La compañía catalana del Teatro Lliure acaba de estrenar en Chile 2666, basada en la monumental novela póstuma de Roberto Bolaño. ¿Qué hacer con las 1125 páginas del libro? ¿Cómo resumir las cientos de microhistorias contenidas en las cinco partes de la novela? ¿Cómo trasmitir la perfección que a ratos alcanzan los fragmentos [...]
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Elidio la torre
lagares
Esta novela celebra la muerte y los muertos —y un cadáver es un cadáver es un cadáver— como una inevitabilidad de la vida. Aquí todo caduca: los sueños, la realidad, el amor, el sexo, la vida y los actos.
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Edmundo
Paz Soldán
La filósofa Hélène Cixious intentó capturar la esencia de Lispector a través de comparaciones: "Si Kafka fuera una mujer; si Rilke fuera una escritora brasileña judía nacida en Ucrania; si Rimbaud hubiera sido una madre, y hubiera llegado a cumplir cincuenta años, si Heidegger hubiera sido capaz de dejar de ser alemán… En este ambiente escribe Lispector".
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Ladislao
Aguado
Mi país no existe. Existe, eso sí, una isla llamada Cuba y avecindada en las aguas poco clementes del Mar Caribe. Por lo demás, cualquier trámite no pasa de ser un asunto más entre la geografía y yo.
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León
de la Hoz
Sí, el mundo está de cabeza y en tiempos de crisis —¡santa palabra!— los gobiernos, ya sean de izquierda o derecha, amparan su incapacidad en lo políticamente correcto y demagógico que es "lo social". Sin ir más lejos y salvando las distancias Franco lo hizo en España. En Cuba eso es un dogma y también todo está de cabeza, sólo que desde hace tiempo...