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Uno siente una sana envidia hacia Lorenzo Silva, con el que departí muy breves palabras en la terraza del Parador Nacional de Gijón, en medio de una Semana Negra, entre café y café, hace ya algunos años; porque el, relativamente joven, escritor madrileño es un trabajador infatigable que ha tocado todos los palos de la literatura, lo ha hecho con inusual fortuna y es de los que tienen la cabeza sobre los hombros sin que el éxito lo haya cambiado un ápice.
Este madrileño, que vive en Getafe e impulsa, desde la periferia de la capital de España, ese novísimo acontecimiento negrocriminal conocido como Getafe Negro, es un abanderado del policial en España, lo que no le ha impedido cultivar todos los géneros que imaginarse puedan ─ la novela histórica enEl nombre de los nuestros, una crónica del desastre de Annual que es, al mismo tiempo, el reencuentro del autor con el escenario bélico que pisó su abuelo, y en Carta blanca; el libro de relatos enEl déspota adolescente; el reportaje periodístico enLíneas de sombra; la novela experimental con el concurso de los lectores enLa isla del fin de la suerte; la literatura de viajes enViajes escritor y escritos viajeros, Del Rif a Yebala yEn tierra extraña, en tierra propia; el género juvenil en Algún día, cuando pueda llevarte a Varsovia,El cazador del desierto yLa lluvia de París, trilogía sobre Getafe, la ciudad en donde este autor vive; y hastaha escrito libros infantiles comoLaura y el corazón de las cosas, Pablo y los malos y una adaptación deLa isla del tesoro de Rober Louis Stevenson ─, ha sido unánimemente bien tratado por la crítica, ha visto traducidos a multitud de idiomas sus libros y ha cosechado dos de los premios más importantes del panorama literario español: Nadal y Primavera. Teniendo en cuenta que varias de sus novelas han sido llevadas al cine, poco le queda ya por conseguir a este autor de paso seguro y ascendente.
Noviembre sin violetas, editado en la desaparecida Libertarias en 1995 y reeditada posteriormente por Destino, de cuya escudería forma parte, fue su debut literario. Y no es una casualidad que fuera una novela policíaca. Desde entonces Lorenzo Silva ha incidido una y otra vez en el género, aunque sus dos siguientes publicaciones fueran un homenaje literario a Franz Kafka, La sustancia interior (Huerga y Fierro, 1996), para muchos una de sus mejores novelas, y La flaqueza del bolchevique, un hermoso título, que quedó finalista del premio Nadal y fue llevada al cine, en donde describe, con humor y amargura, la pasión de un maduro por una nínfula.
Pero es dos años después, cuando publica en Destino El lejano país de los estanques, el momento en que Lorenzo Silva pone en circulación, en el imaginario literario policial español, a dos guardias civiles que le van a acompañar a lo largo de otras muchas peripecias: el sargento Bevilacqua y la número Chamorro. Y esa extraña pareja, insólita en el panorama literario español de novelistas negros ─ si exceptuamos a García Pavón que utilizó al policía municipal Plinio en sus investigaciones costumbristas por Tomelloso─ poco proclives a magnificar a las fuerzas del orden porque tenían in mente sus desmanes durante el franquismo ─ mientras Vázquez Montalbán optaba por un desencantado detective ex agente de la CIA llamado Pepe Carvalho, y Juan Madrid optaba por Tony Romano, buscavidas y ex boxeador, sólo Francisco González Ledesma se atrevía con un policía chusco y resabiado, su inspector Méndez, más próximo a los perdedores que a los ganadores aunque él no lo sepa ─ va a calar tan hondo en sus lectores, como la inspectora Petra Delicado de su colega Alicia Giménez─Barlett, y le va a dar a Silva sus mayores alegrías, entre otras un Nadal en el 2000 en una intriga titulada El alquimista impaciente, curioso nombre para una novela negro criminal, que se va a convertir en su titulo más reeditado y vendido. Y volvería con su singular pareja de investigadores en La niebla y la doncella, Nadie vale más que otro y La reina sin espejo.
Y mientras idea otra intriga para sus guardias civiles ─Chamorro ha ascendido a cabo ─publica El blog del inquisidor, una novela experimental.
Creo que la principal virtud de Lorenzo Silva, aparte de su excelencia literaria, es su capacidad de indagar y aventurarse por caminos menos trillados, y su espíritu poco acomodaticio. Podría vivir, perfectamente, de Bevilacqua y Chamorro, y, sin embargo, se adentra, con fortuna, por territorios diversos e ignotos cual explorador, porque en la aventura, en lo inesperado y bien hallado, se encuentra siempre el mejor gozo literario.
Es escritor. Su última novela es El mal absoluto (Algaida, 2008). En 2009 aparecerá El corazón de Yacaré (Imagine Ediciones).
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