Raza y otros poemas

Poesía

Octavio Gallardo

octavio-gallardo-poesía-otrolunes33Octavio Gallardo (Puerto de San Antonio, Chile, 1974). Gran parte de su obra poética describe con claridad sutil e intimidad penetrante, el surgimiento y la formación total de un hombre que ha nacido y ha sido criado bajo la dictadura militar. Octavio Gallardo ha sido becario de la Fundación Pablo Neruda, ha sido publicado en diversas antologías, y ha recibido premios e incentivos para el desarrollo de su obra. Destaca su profusa labor de entrevistas a escritores publicadas en distintos medios de su país. Actualmente dirige el periódico Literario Carajo uno de los más importantes medios de difusión literaria chilenos. Ha publicado los libros Octubre, Cordillera y Especies en cautiverio, desde donde se extrae esta selección.

 

Antonia lee poemas de amor

I

Solamente un libro para que lea Antonia
Y celebre su cumpleaños el primero de
Noviembre
Sentada y desolada sobre un bote
Antonia lee poemas de amor el día de
los santos
Y prende velas a la memoria de su autor
Su autor preferido
El mismo autor que soñó con ella todas
las noches de su vida
Soñó con ella y escribió poemas eróticos
sobre la muerte
Antonia dice que los cuervos no tienen
cabida en esos textos
Y hace crítica literaria para no bostezar ni
dormirse.

 

II

Antonia finalmente se durmió
Pero antes abrió su bitácora y narró
Su propia pasión Su agonía Su muerte
La voz de Antonia se oyó en todas las
radios
Tocó cada puerta  Cada corazón.

Antonia narró 30 páginas de una edición
Sin género ni categoría
Permitió que volviera a llover sobre la
literatura.

 

III

Antonia está conciente de sí misma
Piensa en las flores
Su cuerpo se haya extendido Depositado
en un cajón de madera
Rezan por ella todos sus amigos Sus
familiares Sus hijos

La belleza de Antonia es impensable pero
natural

 

*****

 

Raza

Sr. Ud. es un santo
Ud abrió la caja de Pandora
Elevó su corazón a la categoría de un barco
Elaboró una tesis sobre los ausentes
Fue solidario con sus parientes
Creyó en los mimos

Últimamente he hecho algunas apariciones
en el comedor de mi casa
de esa manera anuncio el estado salvaje en que me encuentro
a cada uno de mis parientes.

El fútbol, los asados, la lotería y el ajedrez dominical
son las mejores fotografías que guardo como recuerdos de mi mismo

Pero nada que yo tenga permanece
y es un hecho que duermo más horas de las estrictamente necesarias para olvidar
(ese increíble zumbido que hace el equilibrio en mis oídos
es seguramente, la fuente de todos mis desequilibrios)
Por otro lado la casa es un laberinto
donde se refugian adecuadamente mis imprecisiones
y todas aquellas cosas que realizo diariamente,
se sitúan al margen de la enfermedad que poseo

Fumar por ejemplo, es un rito sagrado, pero al margen
ver T.V. también es un suceso que bordea los espasmos de la oración
¿y la suerte? Es indecible, chispea los dedos o desaparece.

No hay conexión definitiva entre lo aparente
y el gato que me acompaña por las noches
Una luz o un artificio provocan de la misma manera
a mis amados parientes
Al parecer
sólo para mi los artefactos han sido dispuestos
como ilusiones sobre el escenario
y únicamente las moscas poseen un
parecido a mi carácter.

 

*****

 

Leviatán vago

Un ahínco más torcido
en la conjetura de los días
donde yazgo, y definir alegremente la pobreza
que guardo en los bolsillos.
Merodeo la luz que me salva,
y soy incapaz de presentir
la imaginación que falta
en este lugar del paraíso.

Convengo con las moscas en el entre – texto
A ese lugar convido las moscas a beber un poco de té, sólo un poco
Me divierto y hablo – sin hablar – con ellas

(las maravillas del mundo, el asqueroso contexto de la mendicidad)
Los iconos de la ciudad en que vivo son más oscuros cada día
y asomado – como un niño – a ese acontecer, repliego esa cantidad
miserable de certezas a otro lugar. Yo no soy de aquí (supongo) me trazaron (supongo)

Para mejorar la situación una pastilla un candelabro un remezón
el cauce de un río azul que llegue hasta la mar y se regrese.

 

B)

¡Sólo las moscas faltaban para decorar las nimiedades del espectáculo
¡- esas pequeñas cosas que suceden sobre las calles, durante la tarde –
¡De manera que los artificios de la ciudad deriven en literatura,
¡o provoquen amor entre los espectadores que leen en lo oscuro y simultáneamente

Algunos seres transitan de una manera semejante a las luciérnagas,
reconozco el sol que anduvo en ellos (el sol – dicen – es una bola
amarilla que reboza sobre las espaldas). Llueven artefactos, además.
Y las moscas me coronan.

 

Bb)

Dulce alegoría, donde se percibe el espantoso sonido de la geometría subiendo.
Los edificios escalan sobre sí mismos, el enjambre donde se percibe la dulce alegoría.
Ser el ademán que hacen los temerosos insectos para declarar su estadía, ver mil veces.
Exactamente, la misma escena sobre las tablas del escenario. Me conmueven los adelantos.

 

*****

 

Una fogata protege del frío a los pequeños pájaros de la noche

Él nunca se miró a los ojos, trabajó.
Urdió por debajo el paraíso y troqueló por encima
la estancia de sus hijos

Sin embargo recibió caricias

Sus hijos soñaron junto a él:
una juguera en la cocina,
una radio en el estar

Mi padre salió del barrio, sólo él:
así medimos el tiempo. La partida y el regreso del padre al mismo punto. Un
sillón levita y decora.
El padre se ubica en paralelo a los sucesos. Desde allí mira el horizonte, conoce
más.
Únicamente él ha visto la ciudad y se comunica con las negras urracas
al otro lado del río.
Él desata avatares. Es mudo, es avispa, escorpión desierto.

El padre determina la urdimbre, abre las manos y ofrece sus asuntos. No hay
méritos.
Aprieta los dedos en el sofá, escribe sílabas, almuerza la escasez, predica el
arrebato, se suma a las sombras de su basta inflexión por las rodillas.

Sin embargo enciende
una pequeña fogata en la orilla del río. E ilumina la noche.

La noche es naranja.

– Yo nunca pensé que moriría después de comer junto a nosotros en la mesa.

 

*****

 

Un animal ha muerto

Yace sobre el prado
El mosquerío observa y merodea
Nadie llora en la ciudad

Crucé la línea que limita la comarca
– Una noche ardiente de verano negro –
Y caminé entumido, sobrio, deshuesado
Me di un tiro entre los matorrales
Y volví a aproximarme a la ciudad
Ya sólo
Sin la muerte.

 

*****

 

La bella hegemonía

En cuanto a los hechos: no hay explicación razonable
Aún yazgo aterrado en un rincón de la memoria, no brotan
palabras de amor, brotan signos que caen con un peso indescifrable
sobre la pobreza.
Un niño que llora fonemas en abstracto, eso!

Pero la lluvia
consuela
y alimenta.

Mi madre lanzó un dardo concretamente hacia el infinito
Luego congeló su sonrisa un flash un segundo
Recuerdo que la miré largas horas La vi llorar
Vi que lloraba a mares sobre el rictus congelado de la risa
Ja Ja ella está llorando Y yo que me muero de la pena

Mi madre ese día La memoria imperfecta

(Soy ese niño que corre a esconderse bajo las faldas de su madre.
Esa leche caliente el almíbar de la especie la protección
contra la muerte todo el ademán de pertenecer
La unidad el torrente la concentración la saciedad

Dijo que uno es una curva imperfecta que se aletarga
Al anochecer pero con hegemonía
sobre las cosas Uno se extiende con exacta precisión
y se derrama Uno convive
y se desplaza con sigilo entre los peces)

Ella me consiente.

Mi madre es un hecho abstracto que ahora duerme
la siesta. Supongo que imagina que juego en el jardín
con los insectos de la tarde Pero no pienso en mi
pienso en el aire caliente de la tarde y recuerdo el día en que la vi
llorar a mares sobre el rictus congelado de la risa.

 

*****

 

Tendedero de otoño

Ella cuelga de abril
como de las hojas cuelga el viento
ella cuelga del viento
como de mis dientes cuelga el amorío
ella cuelga del amorío (y se balancea)
como cuelgan sus calzones en el tendedero
Ambos colgamos del tendedero
y reímos del frío que nos produce
la brisa colgando de abril.