Una marca blanca desde la que abordar el terror

Sobre la novela Una joven ahogada, de Caitlín R. Kiernan

Rubén Sánchez Trigos

La joven ahogada
Caitlín R. Kiernan
Valdemar (Insomnia), 2014

 

Caitlin-R-Kiernan-librario-otrolunes33Con la acepción del vocablo “siniestro” expuesta en su influyente ensayo de 1919, Sigmund Freud entregó a la intelectualidad (pero también, con el tiempo, a cualquier forma de crítica cultural) una marca blanca desde la que abordar el terror eludiendo la siempre problemática cuestión de identificar aquellos aspectos que delimitan un género. De igual forma que, por otros medios, ha terminado ocurriendo con lo gótico, con frecuencia se suelen calificar de siniestras novelas, películas, series de televisión, videojuegos y, en general, cualquier obra artística con vocación más o menos oscura o en la que se sugiera la presencia de alguna forma de mal. Como resultado, cada vez resulta más difícil encontrar narrativa que evoque un efecto genuinamente siniestro entre la que se vende como tal. Por este motivo, es de celebrar la publicación en España de una novela como La joven ahogada. En primer lugar, porque es, fuera de toda etiqueta, una excelente narración, y en segundo lugar porque resulta uno de los acercamientos más precisos al vocablo popularizado por Freud que recuerda quien firma este texto.

La joven ahogada relata en primera persona (a excepción de puntuales fragmentos) el descenso a los infiernos mentales de India Morgan Phelps, una artista esquizofrénica cuya enfermedad devastó también a su madre y su abuela. El punto de inflexión de este viaje a la locura tiene lugar cuando, una noche, mientras conduce, India recoge a una misteriosa autoestopista desnuda y empapada a un lado de la carretera. A partir de este instante, las elucubraciones e investigaciones por parte de la protagonista acerca de la verdadera identidad de la joven anónima a la que subió a su coche ese día la conduce, a ella y al lector, por un juego de dobles y triples reflejos en el que se mezclan recuerdos soterrados de la infancia, leyendas locales acerca de sectas y aparecidos en el río y, finalmente, la propia obra de ficción generada por India. Es en esta confusión consciente donde, precisamente, Caitlín R. Kiernan explota hasta (casi) sus últimas consecuencias todas las posibilidades que lo siniestro como efecto puede ofrecer a un autor. Si lo siniestro constituye, en palabras de Schelling, aquello que, debiendo permanecer oculto, ha llegado a manifestarse, La joven ahogada parte de un anécdota biográfica mínimanente desarrollada (un cuadro que la protagonista contempló en la infancia y cuyo recuerdo revive el encuentro con la autoestopista) para desarrollar una historia de fantasmas en el sentido más amplio de esta palabra, no tanto como monstruos sino como anomalía: lo importante no es si la joven desconocida es real o no, ni siquiera de quién se trata, sino el efecto que su presencia tiene en la mente de India.

Mención aparte merece la cuidada edición que Valdemar, dentro de su colección Insomnia, ha deparado a este título: empezando por la traducción, que supone, por momentos, un reto en el que la veterana editorial vuelve a demostrar su solvencia y amor por la narrativa de genero (atención a los capítulos seis y siete, en que la mente de India se dispara, y con ella su escritura). Su inclusión en una colección expresamente dedicada al terror contemporáneo, así como el premio Bram Stoker que este libro recibió en 2012, además, invitan a reflexionar sobre las muchas formas en que los nuevos autores están dinamitando las convenciones que caracterizan (que no acotan) los diferentes géneros, en este caso el terror.