¿Cómo lograr una Revolución?
Puntos para la no violencia

Héctor Darío Reyes

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Gene Sharp

¿Qué tendrán en común Egipto, Serbia y Ucrania con la actualidad cubana? ¿Qué podría enseñar un viejo investigador estadounidense? ¿Cuáles son los primeros pasos para lograr una Revolución? Estas preguntas pueden ser respondidas como una fórmula matemática o como un poema emocional porque –y habría que revisar la historia universal- las revoluciones no deben copiarse para evitar descalabros como en los países europeos del este al oeste de Moscú.

Una revolución política se conoce como el cambio radical, en ocasiones violento en las instituciones que apoyan una nación. Desde la Revolución Francesa en el XVIII, todos los que logran cambios políticos-sociales de una magnitud determinada siempre se proclaman revolucionarios. La Revolución de Washington, la de Louverture, la de Lenin, la de Mao, la de Castro. Pero… ¿realmente lo son? ¿Continuaron revolucionando o simplemente se estancaron? Lo que sí es real es que cada una llegó al poder por diferentes fórmulas de la misma matriz: El conflicto armado. El método guerrerista de las invasiones, el poder de la fuerza y la muerte. Dos de los cuatro jinetes del apocalipsis. Sin embargo, un viejo norteamericano nos presenta una fórmula diferente. Una alternativa expuesta, probada y con resultados.

Gene Sharp, quien en 1953 fue enviado a prisión por rehusarse a ir a la guerra de Corea, comenzó sus investigaciones sobre la temática usando referentes de los pensamientos de Gandhi y Einstein. Este último leyó sus manuscritos y escribió una introducción a los apuntes que 40 años después se convertirían en un “Manual de la revolución”. Un minucioso estudio para comprender la naturaleza y el potencial de las formas de lucha no violentas con que se puede contar para socavar dictaduras.

gene-sharp-2-hector-reyes-otrolunes33De la dictadura a la democracia es, a decir de su autor, “una técnica de combate, un sustituto de la guerra” que ha plasmado 198 métodos de acciones no violentas llevados a cabo en varias latitudes. Traducido a unos 30 idiomas de todos los continentes y descargado cientos de miles de veces, ha dado resultado en unos cuantos conflictos que la prensa cubana nos presenta como noticia, pero no nos profundiza en sus resultados, ni en sus protagonistas. Y es que, por supuesto, ni la TV, ni las revistas especializadas presentarían o explicarían jamás tal tema, tal manual, o tal Sharp.

Sharp, quien según el régimen iraní se convirtió en el teórico de la desobediencia civil y las revoluciones de terciopelo, dejó claro en sus conferencias que la no violencia es lucha armada “nosotros combatimos con armas sicológicas armas sociales, armas económicas y armas políticas, un tipo de lucha más poderosa que la violencia, contra la opresión, la injusticia y la tiranía”

Y mientras Irán lo acusaba de ser agente de la CIA que despachaba directamente en la Casa Blanca, y Chávez, de “líder de una pandilla de gringos que no entiende a Venezuela”; Sharp, hacía caso omiso y recibía en su oficina no subvencionada al sur de Boston, a opositores, y resistentes de todas las latitudes para explicarles o por lo menos guiarles en cómo hacer una revolución.

Él explica que todo movimiento que pretenda ésta debe contar con cinco variables básicas. Amén, -aclaro, de que la principal y fuera de esta fórmula sería la propia ideología, la razón real de porqué  hacer una revolución-. Así, colores y símbolos, carteles en inglés, desobediencia civil y compromiso con la acción no violenta deberían dar al traste con el resultado, la revolución.

Colores y símbolos: la simbología es un tema muy importante que no debe ser descuidado. Desde una banda de Rock hasta una monarquía tiene símbolos y colores que lo representan. Banderas que seguir, escudos que lo definen. Las resistencias armadas clandestinas no pueden portarlos lógicamente, serían la diana para un francotirador, pero un movimiento de cambio ciudadano que use la no violencia como medio, sí.

¿Qué puede pasar en Cuba si se hace? ¿Que prohíban el color o el símbolo? ¿Qué persigan a quien los porte y se los quiten? Eso ya lo han hecho antes, pero ahora sería una ridiculez política y el gobierno no es coprófago, además de haber aprendido de sus errores en décadas anteriores. Un símbolo serio, sencillo y eficaz puede hacer más que mil protestas. Además de desestabilizar al gobierno, conecta a los seguidores de la no violencia. Los hace más unidos. Y si se convierte en moda !Mejor! atraerá grupos no políticos que respaldarán y apoyarán los símbolos y por supuesto, la revolución.

Sharp propone que los carteles que se lleven a las marchas deben ser en inglés. Él asume que esa marcha será reportada por las grandes agencias de noticias que llevarán las imágenes, el espíritu y la razón de la marcha a la opinión pública. Y cuando esta opinión pública se manifiesta sobre algo, estamos dejando por sentado que es así. Es correcto el plan. Sobre todo para países árabes, asiáticos o con idiomas locales, como Serbia. Pero la revolución ciudadana que se persigue en Cuba no será resuelta por la opinión pública internacional, sino por la de nuestro pueblo que no necesita carteles en inglés, sino carteles “a lo cubano”. Y ese se entiende del Bravo a la Patagonia; de Nueva York a Miami y de Madrid a Sídney, donde quiera que haya uno de nosotros.

Pero no solo con estas variables se resuelve todo. Otras son tan importantes, pero deben ser menos evidenciadas. Son como el guión emborronado de la obra que se estudia y trabaja antes de llevar a cabo la puesta en escena. Pero del que no se muestran sus tachaduras. De cómo se organiza el guión depende el resultado de la obra.

Para Gene Sharp todo inicia con “identificar las fuentes de apoyo de un gobierno, como la legitimidad, el apoyo popular, el apoyo institucional, entonces se sabrá de qué depende la existencia de esa dictadura. Solo hay que reducir ese apoyo, esa legitimidad, esa obediencia y el régimen terminará debilitado. Si se eliminan esas fuentes de poder, el régimen caerá”

La planificación de la estrategia, es crucial, dice Sharp, mientras deja claro que la improvisación solo llevará al fracaso. Y recuerda que los acontecimientos en la plaza Tia Nam men en la China de 1989 fracasó porque los estudiante estaban desorganizados y se dedicaron a improvisar sobre la marcha. Esto le hizo comprender –in situ– la importancia de la planificación y la estrategia. “la idea de que la improvisación –dice Sharp- te proporcionará un gran éxito es absurda, es exactamente lo contrario, si no sabes lo que estás haciendo, lo más probable es que te metas en graves problemas”

Otro punto de la estrategia es superar la atomización. Y atomización no es otra cosa que cada individuo sea aislado en cuanto a opinar sobre un tema político imperante. De esos Marcos Pérez, en Cuba, tenemos miles. Porque, son públicos los problemas que existen a nuestro alrededor, tanto de corrupción, como logísticos, presupuestarios e ideológicos. Pero, evidenciarlos, señalarlos, criticarlos es cosa de locos o de disidentes según la opinión generalizada. Gran parte del pueblo prefiere manifestarse  por los Cinco, que por un problema serio, cierto y evidente en su comunidad. Por no buscarse problemas, dicen. ¡Y eso también es oportunismo!

Otra variable son los pilares de apoyo institucional, los cuales según Sharp deben ser socavados lentamente. Y Cuba tiene un  pilar de apoyo en cada organización de masas, desde los CDR hasta la AHS están pensadas para mantener la atomización del individuo sea este vecino, religioso o artista. Pero un pilar mucho más poderoso es la Policía Nacional Revolucionaria, y aunque no se crea es socabable.

Una anécdota de S. Popovich, líder de la resistencia serbia y discípulo de Sharp, resume que “la policía no es propiamente el enemigo. Todos son víctimas del mismo sistema. Es absurdo librar una guerra entre víctimas, aunque uno lleve uniforme azul y el otro jeans. No deben luchar entre ellos. Tanto así que cuando el pueblo serbio arremetió contra el edificio donde Milosevic intentaba amañar las elecciones del año 2000, ni la policía ni el ejército actuaron en su contra. Esa táctica funcionó también en Georgia, en Ucrania y en muchos otros lugares. Tomen nota.

Resistir la violencia es una variable primordial. Y llevarla a cabo en una isla donde los peloteros se fajan por un error de pitcheo y los comentaristas justifican que es por la sangre caribeña es difícil. El resistirse a la violencia es un tema bastante polémico. Grupos activistas del cambio llevan años entrenados en esa disciplina. Pero quien va a conseguir el cambio no es ninguno de los grupos, movimientos o partidos que se denominan disidentes. El cambio lo conseguirá el pueblo. El mismo pueblo adoctrinado, temeroso, uniformado. El mismo pueblo amigo, familiar, vecino y violento será quien lleve –o no lleve- a cabo acciones violentas contra la revolución no violenta. ¿Se entiende eso?

“Cuando la gente es golpeada y masacrada, ello genera un proceso que yo llamo Jiu-jitsu político en el que la fuerza del adversario se utiliza para socavarlo, para hacer que caiga” dice Sharp acerca de la quinta variable que como estrategia es buena porque consigue un efecto de contragolpe en regímenes brutales y logra que grupos e instituciones dejen de cooperar con él para desobedecerle y hacer que otros se unan a la resistencia, aislándolo así del apoyo y logrando que otros pasen a formar parte de la resistencia activa.

El Jiu-jitsu es un arte marcial japonés que emplea la fuerza del contrario para lograr el objetivo de someterlo. Un combate de estrategia. Y ciertamente el jiu-jitsu político es una estrategia pensada, puesta en práctica, con resultados reales pero que implica dentro de la variable un dato muy caro “gente golpeada y masacrada”. Implica cabezas de playa para tomar la posición, para penetrar tierra de nadie y hacerse con el resultado final de la batalla. Y… ¿Quiénes serán esa gente? El pueblo mismo, el pueblo amigo, familiar y vecino.

El gobierno cubano, que parece haber leído algún momento algo de esto tiene otras fórmulas. Y entre estas, recordando la máxima del Cesar para con Roma creó el “efecto olla de presión”. Mientras más duro se pone la situación, ellos aflojan por un lado, quitan la válvula, dan un chance pá que todos resuelvan. Y el efecto es parecido pero en sentido contrario. Y no lleva gente golpeada y masacrada. En ese juego el gobierno lleva unas carreras de ventaja.

El método en sí no es complejo. Lo complejo es llevarlo a cabo. Es lograr que once millones se unan bajo otro símbolo, bajo otra ideología que no es la que conocen hace más de cincuenta años.  Personalmente no creo que funcione, pero Cuba es más pequeña que Egipto, Serbia y Ucrania y allí funcionó, así que….

No obstante la eficacia o ineficacia del método, se ha aplicado en  más de una decena de países, escenarios de la acción no violenta política significativa. Tiene –a mi entender- tres grandes resultados que por sí solos demuestran que la teoría funciona. El derrocamiento de S. Milosevic, en Serbia, La Revolución Naranja en Ucrania y la Revolución Verde en los países árabes evidencia resultados.

Sin embargo, otros sitios donde se aplicó, tanto el método violento, como la fórmula de Gene en su estructura no dieron al traste con un significado positivo, pero sí plasmaron en la historia que puede aplicarse, sino con un resultado, por lo menos marca una pauta de cómo no debe hacerse. Y es que no es la carta bajo la manga para ningún revolucionario sharpiano. Birmania, Venezuela, Colombia, Australia y Siria son ejemplos sí, de su puesta en marcha, pero no de resultados eficaces.

Como quiera que sea Egipto, Serbia y Ucrania lograron efectos positivos, o al menos consiguieron un propósito. Realmente lo lograron en un periodo bastante ágil. Y eso también es importante, porque en días de encuentros de propuestas de paz entre las FARC y el gobierno colombiano, recuerdo que la guerrilla ballenata lleva en la selva desde 1952 y no han logrado nada por la lucha armada… aunque tampoco con el método Sharp.

Los opositores, disidentes, movimientistas o resistentes cubanos llevan intentando el cambio desde hace décadas. Intentando desde acciones no violentas de desobediencia civil, hasta libelos como este que usted lee. Protestas, anécdotas, sacrificios y nombres, miles; resultados, minúsculos para las expectativas creadas.

Espero que el libro de Gene Sharp, los testimonios de la historia reciente y hasta los materiales fílmicos que los presentan constituyan una guía para lograr la post-revolución; porque aunque las revoluciones no pueden ser copiadas, el saber cómo hacerlas sí debe ser transmitido, copiado y estudiado. Ahí lo tienen, de tarea.

 

 

 

Del Autor

Héctor Darío Reyes
Licenciado en Periodismo por la Universidad de la Habana en 2009. Ha trabajado como realizador de video, redactor reportero, profesor de español y literatura y Free Lance para revista culturales y sitios web dedicados a músic y cine. Varios de sus cuentos han sido publicados en diversas publicaciones y antologías de la isla. Entre 2013 y 2014 ha sido redactor del periódico independiente Mensajero Cubano X, Editor de periódico y revista independientes adjuntos a Producciones Nacán y creador, diseñador, redactor y editor del periódico Asterisco: una alternativa de prensa.