Dos acercamientos a una novela

Sobre la novela Caballeros en el tiempo, de Armando de Armas

J. A. Albertini
Luis de la Paz

Caballeros en el tiempo
Armando de Armas
Atmósfera Literaria, 2014

 

Primer acercamiento

Armando de Armas: Permanencia del tiempo y evanescencia de los caballeros

 

 

El individualismo imbíbito en nuestra raza
hace a cada uno quijote de su propia aventura.

Jorge Mañach.
Del ensayo: La crisis de la alta cultura en Cuba.

 

Foto: José Armando Rodríguez

Foto: José Armando Rodríguez

Armando de Armas, escritor y periodista cubano, es autor de los libros de relatos Mala jugada y Carga de la caballería, así como de la novela La tabla y los ensayos Mitos del antiexilio y los Naipes en el espejo. También, a su quehacer creativo, se suman cuentos y cultas reseñas literarias e históricas que han visto la luz en medios de prensa de países hispanohablantes y de otras lenguas.

Y en esta oportunidad, Armando de Armas,  bajo el sello de la editorial Atmosfera Literaria, nos entrega una obra escrita en Cuba hace más de dos décadas pero de  publicación reciente: Caballeros en el tiempo, novela corta donde se aprisiona una intensidad de vida que desborda los límites de la existencia, dejando en el lector el regusto de lo que fue; el regusto de lo posible junto con la certeza que el tiempo, una y otra vez, vuelve con escenarios engañosos en los que se impone la imagen  del Primer Monicongo y la ineludible corte de monicacos que Jorge y Amadís, desde todos los periodos de la Isla, combaten, cada cual a su estilo, para obtener la libertad. Primero la personal y familiar; luego la de los demás sin llegar a la colectivización de la violada y usada palabra, con sabor a promesa meliflua de texto bíblico y figura de meretriz digna y jamona que, se dice, mora en el confín de las esperanzas.

Jorge a punto de desembarcar en la Isla Prodigiosa, intuye que sus hombres no confían en él y vuelven al intento de motín que se conserva en las brumas de una madrugada de octubre de 1492, en la que el almirante Cristóbal, desde el puente de la carabela La Santa María, cavila lo mismo que Jorge, pero no con la determinación del isleño que añora sus pisadas en tierra propia porque: un hombre en el exilio era un hombre en dos mitades, un estar sin el estar, un transcurrir sin transcurrir…  

Amadís, por su parte, proxeneta exitoso, ratón de bayú, en lapso único, enrevesado y retornante que gravita sobre la Isla; digno caballero jodedor de coyunturas, gracias a las enseñanzas sociales y humanas aprendidas durante su trayectoria chulesca y al disfrute espiritual y carnal que las pupilas le han proporcionado, horrorizado con la matanza que genera la Guerra Civil Española decide, como buen cubano, aportar su granito de arena para, empleando el goce siempre creativo, único e irrepetible de los orgasmos femeninos y las eyaculaciones masculinas, contribuir al fin de la contienda fratricida y así finiquitar, de una vez y por todas, con el rígido y falso sentimiento religioso de las ideologías que indefectiblemente desembocan en exilios forzosos, prisiones, torturas, paredones de fusilamientos y solitarios tiros de gracia.

Y Amadís se va a España, en la que un Jorge que viaja a lomo de épocas lo ayuda en el empeño pacificador y altruista de las vulvas húmedas y las vergas lácteas para, acto seguido, en un presente de caballeros siempre evanescentes que pactan una batalla, avanzar en medio del bramido de cañones de siglos en pos de la Isla. Ínsula que en el recorrido del cronógrafo, en algún intervalo, emergerá  ataviada de Palma Real que  imbuida del tributo de sus vástagos, orgullosa y serena terminará con la leyenda del Primer Monicongo. Todos los monicongos y sus monicacos.

Quien busque simple entretenimiento en la lectura de Caballeros en el tiempo no lo hallará. La novela es una narración de contenido intenso, uso magistral del tiempo, la historia y el idioma; elementos que Armando de Armas amalgama y cubre con  la patina de su ingenio creador. Además, considero que para comprender la intención plena del autor es recomendable leer la totalidad de su producción literaria y conocer sobre la azarosa existencia que el escritor experimentó en su Cuba nativa en la cual, desde muy joven, por cuestiones de libre albedrío sufrió marginación, hostigamiento y detenciones.

Sin embargo, a pesar de múltiples inconvenientes y llegar a sentir, en tierra propia, el zarpazo discriminatorio de la ideología espuria, Armando de Armas comenzó a hilvanar historiasdesde el latido de su independencia; independencia individual, acosada y a veces lacerada, pero no obstante propia y genuina que lo convierte en una especie de quijote que, armado de pluma y papel, arremete contra molinos de aspas utópicas por medio, casi siempre, del terco Amadís, personaje que en los relatos que integran el volumen de Mala jugada y la novela La Tabla aparece una y otra vez, como una suerte de  Amadís de Gaula tropical, admirador de los barcos camaroneros y la siempre luna del malecón cienfueguero, a cuya luz cabalgó a mujeres como Oriana y la Pía, invariablemente ataviado con su armadura de ensueños refulgentes.

El mismo Amadís tomador de ron que no eludía una pelea pero evitaba caminar descalzo por aquello de que los parásitos entran por la planta del pie y que ahora en Caballeros en el tiempo recordando a los guayabitos franceses que intentaron secuestrar la soberanía de San Isidro se une a Jorge en la intemporalidad de la literatura que se hace leyenda para con determinación de dados, que muestran las caras en el tapete verde, discurrir con aires de Tenochtitlán: Vivir en el ademán del Gran Cortés en la quema de las naves… subsistir en el ahora, en un eterno despedirse de las gentes y las cosas, no echar ancla en puerto alguno, posponiéndolo todo para el después libertario…     

 

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Segundo acercamiento

El caballero Armando de Armas en su tiempo

(Palabras de presentación de la novela, Miami 2014)

 

armando-de-armas-2-librario-otrolunes33Cuando me aprestaba a escribir estas líneas me preguntaba qué podía expresar sobre Armando de Armas que ya no haya dicho o escrito en otras oportunidades. Señalar que es un excelente escritor es redundante… reiterar que es uno de los escritores cubanos más importantes, es una realidad tangible que no debo expresar en voz alta, pues hay que contribuir a mesurar el ego de los amigos… manifestar públicamente que tiene un alto concepto de la amistad y la lealtad, añado sorprendido, a pesar de ser Republicano, es algo que debo expresar con satisfacción, más cuando otros que creí que lo eran me han traicionado.

Mientras pensaba estas notas sobre la amistad, recordaba la canción Las malas compañías de Joan Manuel Serrat:

Mis amigos son unos atorrantes.
Se exhiben sin pudor, beben a morro,
se pasan las consignas por el forro
y se mofan de cuestiones importantes.

Mis amigos son unos sinvergüenzas
que palpan a las damas el trasero,
que hacen en los lavabos agujeros
y les echan a patadas de las fiestas.

Una canción que retrata un poco al amigo Armando de Armas, y a otros también de armas tomar, que hoy no mencionaré por no restarle protagonismo al centro de esta jornada cultural, que es Armando y su libro Caballeros en el tiempo.

Armando irrumpe en la literatura cubana del exilio con Mala jugada. Recuerdo, la lectura de esa colección de relatos, que me dio la medida del talento del escritor y de su actitud ante la vida, a través de una serie de referencias que se leen en el libro. Esa imagen de escritor desenfadado, irreverente, con una voz fresca y despojada de prejuicios y de ataduras, me hizo identificarme plenamente con el escritor. Luego lo conocí personalmente. Un tipo vestido todo de blanco, contrastando su indumentaria con una chillona corbata roja. Se desplazaba por el salón de actos con una sonrisa permanente, dominando la escena con una gestualidad barriotera, intentando a su vez ser elegante, pero siempre alerta a su entorno, presto a sacar… como el mítico Pedro (o el no menos legendario Alberto Yarini), la navaja del gabán para imponer el orden. Así lo vi y lo imaginé durante la presentación de Mala jugada. Mientras hablaba con la cabeza levantada, como implorando algo al cielo, sus palabras reflejaban un tipo severo, irreconciliable con el medio social que le había tocado vivir y que intentaba robarle su libertad… y digo intentaba, porque quien haya leído los tres libros escritos por Armando en Cuba y sacados clandestinamente de la isla, Mala jugada, La tabla y esta pieza que hoy se presenta en este foro, Caballeros en el tiempo, comprenderá que este hombre nacido en 1958, que vivió y creció bajo el castrismo, siempre fue allí, y mucho más acá, un hombre libre.

Tiempo después, cuando leí su novela La tabla, comprobé esa libertad interior. La tabla es una novela monumental, escrita como un torbellino, un texto de gran aliento, de lucha humana ante las vicisitudes, pero también llena de ansias de vivir. Un retrato que juega con el tiempo, tejiendo en sus páginas el desastre de una sociedad bajo el totalitarismo y de un hombre ante ella. En esa misma corriente se inserta Caballeros en el tiempo, un libro del que apunté en una reseña que aún está por salir en El Nuevo Herald, que se trata de “una fábula sobre el tiempo o los tiempos, donde el presente se funde en una mixtura para crear una nueva realidad (desde luego siempre posible) sobre la base de hechos históricos (toma de La Habana por los ingleses, por ejemplo y sus protagonistas), montando una alucinante ambientación sincronizada de eventos simultáneos que se fijan a la hiperrealidad que propone Caballeros en el tiempo. Es una especie de mundos paralelos que se interceptan para refundar una nueva realidad”.

Pero de este libro nos hablará la escritora María Elena Cruz Valera, otra mujer que estuvo a la altura de su tiempo, y que sufrió acoso, cárcel y tortura por defender su libertad. Para mí es un honor estar con ustedes dos aquí esta noche… y con ustedes  también. Muchas gracias.