¿Quiénes escriben hoy en Cuba?

Entrevista al escritor cubano Frank Castell

Rafael Vilches Proenza

Frank Castell (entrevistado) y Rafael Vilches Proenza (entrevistador) en el Cementerio de Remanganaguas, en visita a la primera tumba de José Martí.

Frank Castell (entrevistado) y Rafael Vilches Proenza (entrevistador) en el Cementerio de Remanganaguas, en visita a la primera tumba de José Martí.

 

Cuando conocí a Frank Castell, ya formaba parte de lo que era el quinteto de Mosqueteros de la literatura en Las Tunas, junto a Ray Faxas, Osmany Oduardo, José Alberto Velázquez, y Carlos Esquivel. Aún sigue siendo tan rebelde y honesto como entonces. Es por ello, y por su obra que me siento a conversar hoy con este hermano. Escritor nacido en 1976. Ha publicado los libros El suave ruido de las sombras (décimas, Sanlope), Confesiones a la eternidad (Sanlope), Corazón de barco (poesía, Letras Cubanas), Final del día (décima, Sanlope) y Salmos oscuros (poesía, Oriente). Aparece en las antologías La Estrella de Cuba, Cuerpo sobre cuerpo sobre cuerpo, Los parques, La isla en versos, 100 jóvenes poetas cubanos, entre otras. Ha obtenido premios y menciones en concursos nacionales e internacionales. Es miembro de la UNEAC y de la AHS.

 

¿Cómo y cuándo comenzaste a escribir?

Comencé a escribir cuando estudiaba en la enseñanza secundaria. Comenzaba a descubrir los cuentos de Ray Bradbury y los de Gilbert K. Chesterton y los tradicionales de Conan Doyle. Te imaginarás que mis historias se movían sobre la base de la ciencia ficción y el policíaco. Pero lo que más me motivó a acercarme a la literatura fue el filme El club de los poetas muertos. Estudiaba ajedrez en una escuela de altos rendimientos en Las Tunas junto a mi amigo Isael Pérez (lamentablemente fallecido por causas absurdas). Una noche él me invitó al taller literario que dirigía Alberto Garrido, recuerdo que presenté un poema que al final se quedó en un verso. Fue una experiencia favorable porque comencé a inclinarme por conocer sobre lo que se escribía en Las Tunas (corría el año 1993 y en esa ciudad se organizaban excelentes eventos literarios).

 

¿Qué fue lo primero que escribiste?

Escribía cuentos y con el paso del tiempo apareció la décima, que me ayudó a encontrar la síntesis, comenzar bien y terminar mejor cada texto. Aunque muchos tratan de ocultar los primeros años de escritura, yo los recuerdo como una etapa de formación y descubrimiento.

 

¿De sanar algo, qué sana la poesía?

La poesía salva el espíritu. Es quien mejor recoge el sentir del ser humano. Yo he sobrevivido muchos golpes gracias a la poesía.

 

¿De los oficios que realizas cuál ha aportado más en tu vida espiritual y profesional?

frank-castell-entrevista-2-otrolunes33Es complicado responder esa pregunta porque cada oficio que he ejercido me ha dejado materia prima para escribir mi obra. Fui profesor de Español y Literatura en una secundaria básica donde tuve que enfrentarme a constantes discrepancias con la directora aunque mis intenciones eran la de vincular la cultura con esa institución escolar. Luego trabajé casi dos años en la Editorial Sanlope. Pero también tuve discrepancias con la directora y decidí marcharme, a pesar de que Guillermo Vidal me dijo que diera la guerra, que él me acompañaría. De ahí fui a vivir a Puerto Padre y el panorama se me presentaba gris: sin trabajo, sin ayuda, casi sin amigos y olvidado olímpicamente en Las Tunas durante siete años. Sin embargo trabajar en la biblioteca municipal por un salario risible, apenas 185 pesos al mes, me obligó a escribir para sitios digitales y a buscar alternativas como premios y revistas. Ya en el 2005 comienzo a trabajar como periodista especializado en temas culturales en la emisora Radio Libertad, lo que me aportó en cuanto a la redacción y al olfato creativo. En 2006 paso a trabajar como director de programas de televisión en Canal Azul, lo que me dio la posibilidad de asumir proyectos de índole cultural como la revista Molinos, la realización de vídeo arte y un programa interesante como lo es Del Patio. Todos los oficios me aportan para la realización de mi obra.

 

¿Cuál de ellos exige más de ti?

La televisión es muy difícil cuando hay tantas limitaciones materiales y tantos prejuicios a la hora de enfocar la realidad. Creo que desde mi ética he cumplido de la forma más honrada posible con mi tiempo y sobre todo con los proyectos culturales, a veces ignorados.

 

¿Qué significado tienen los premios en tu vida?

Los premios son importantes porque ayudan por lo general en lo relacionado al tema económico. No concurso mucho porque considero que en la actualidad hay demasiado asunto extraliterario, mucho cabildeo. Por lo tanto prefiero no concursar pues lo que escribo no está en el interés o molesta.

 

¿Qué importancia tiene para ti el lenguaje?

El lenguaje es primordial para intentar asumir el largo y tortuoso camino de escribir. Es la herramienta que nunca podemos perder. Guillermo Vidal me decía lo que una vez asimiló de su maestro Soler Puig: “El lenguaje es como un potro al que debemos guiar con mucha precisión”.

 

 

¿Crees que el poeta es un artesano de la palabra y que es un ser importante?

Sí. Aunque la realidad a veces tienda a invisibilizarnos, el poeta es cronista de un tiempo que muchas veces difiere de quienes escriben la historia porque el poeta tiene un compromiso mayor y puede entregar hasta su vida por la verdad.

 

¿Cuál es la postura crítica de Frank ante la sociedad en que vive?

Desde que comencé a escribir lo he asumido con total libertad. Escribo lo que siento y padezco. Sé que por eso no gano premios ni soy de la gran escena que representa a Cuba ante el mundo. Cuando escribo lo hago por mí y por los que no pueden llevar a la página en blanco su vida. Cuando presenté mi libro Corazón de Barco, en la Feria del Libro de La Habana, en 2007, se me acercaron dos personas y me dijeron que en esos poemas que había leído estaban ellos, un señor con un bastón y una mujer que lloraba. Hasta el día de hoy cada vez que leo ante público sucede algo parecido y eso me reconforta. El escritor es una piedra en el zapato y su visión es más comprometida porque hay algo que se llama trascendencia. Siempre habrá quien cuestione su trabajo. Pero eso no puede detener su ejercicio de ver las luces y las sombras de un país.

 

¿Crees que el escritor debe  escribir las cosas que piensa, siente y cree?

Ante todo debe prevalecer lo artístico y no la rabia. Se puede ser crítico con elegancia, con ironía, con profundidad. No es ser crítico por conveniencia. Eso lo aprendí con los clásicos. Mi enfoque de la realidad responde a que el dolor es universal. Quien pretenda entender quién es Frank Castell debe leer mis libros.

 

¿Cuál es la ética del escritor?

La ética de la verdad. Aunque se construyan historias con elementos de ficción y realidad, hay un elemento que debe marcar a ése escritor: no mentir en su postura ante la vida. Eso es parte del ABC.

 

¿Crees que es necesaria la lectura para poder escribir o crees que el talento es suficiente para lograr una obra literaria?

La lectura es indispensable para no repetir lo que otros crearon. A veces es complejo leer cuando hay tantas limitaciones básicas. Trato de leer lo más que pueda. Pero ahora priorizo más la escritura porque no sé cuándo llegará mi final y tengo un compromiso muy grande con Cuba.

 

¿Qué es lo más importante para un escritor que comienza, y algunos consejos que quisieras darles a los más jóvenes?

Mi primer consejo es la lectura y la disciplina para no quedar en el camino como muchos. Hay que beber de las fuentes que la historia de la literatura ha decantado. Eso es indispensable, saber que el arte tiene mucho de subjetividad y eso deja abierta la puerta al pensamiento divergente.

 

¿Opinas que para lograr una buena promoción de la obra el escritor debe congraciarse con el poder político?

Eso es un asunto complejo. Hay quien lo hace y le sale bien y recibe los beneficios. Ese es su problema. Yo escribo lo que pienso y el hecho de no estar en el saco de los vencedores me confiere la ventaja de concebir una obra libre que se sale del guion tradicional. Por eso tengo el privilegio de leer lo que me dicta la conciencia. Por eso duermo con la conciencia tranquila y la gente me respeta por lo que digo.

 

¿Cómo es tu proceso de escritura, tienes un método específico?

Mi proceso es lento porque mi vida avanza en cámara lenta y tengo que trabajar fuera de la obra para alimentar a mis hijos. Escribo la poesía cuando el espíritu me llama. Es lo que más hago porque me siento con más oficio en ese género. La novela y el teatro la enfoco cuando dispongo de tiempo y puedo crear un mecanismo para no perder el tono. Si tuviera algo de economía asumiría esos géneros porque siento que puedo asumirlos con solidez.

 

¿Qué crees de la proliferación de los blogs literarios, ayuda o va en detrimento de la obra literaria?

Eso propicia que la obra se conozca más. Es una gran ayuda contar con ellos porque el sistema editorial cada día responde más al “mercado” y publicar se convierte en un asunto complejo. Gracias a los blogs mis poemas se leen en el mundo. Si se asume con seriedad es de gran ayuda.

 

¿Trabajas tus textos hasta la saciedad?

Trato de que estén a la altura de lo que quiero decir. No soy tan exquisito. Sé que es necesario trabajar los textos con rigurosidad, pero hay autores que limitan el elemento espiritual por una perfección a veces cuestionable.

 

¿Cuáles fueron y son tus deseos y aspiraciones como intelectual y como ser humano?

Quise ser un ajedrecista de éxito y no lo pude cumplir por razones extradeportivas. Quise ser un profesional para cumplir con el sueño de mis padres y eso lo logré. Quise ser una mejor persona y eso traté y trato de cumplirlo todos los días. Creo que lo más importante es el intento, tener convicción de que un artista puede transformar la vida de muchas personas.

 

¿Se cumplieron de alguna manera?

Muchos no los cumplí. Hoy soy cabeza de familia. Trato de darles a mis hijos lo que no pude tener. Pero quisiera dedicarme únicamente a la literatura o, por lo menos, tener cierta tranquilidad económica. Creo que todavía tengo metas muy elevadas. Quiero que mis hijos estén orgullosos de mi trabajo.

 

¿No crees que una escritura ágil y ligera, puede estar muy cerca de lo superficial?

Como van las cosas aquí ese tipo de escritura se impondrá. Eso es lamentable. Yo tengo mis razones para continuar defendiendo otro tipo de escritura más comprometida, más visceral. No como la que se abre paso ahora mismo en Cuba. Desconfío mucho de su autenticidad.

 

¿Tu  mundo literario es algo personal? 

Sí. Pero también puedo decirte que asumo la  voz de otros que no pueden decir lo mal que están.

 

¿Cuál crees sea el talón de Aquiles de la literatura escrita hoy en Cuba?

Hay buena y mala literatura hoy en Cuba. Pero considero que su talón de Aquiles está en la espera de que las instituciones se hagan cargo de la divulgación. También hay una literatura oportunista que se roba el espacio de una poética muy interesante que está de forma subterránea.

 

¿Las grandes obras de la literatura nacen en el aislamiento creativo de una habitación, y no bajo los flashes de la vida mundana?

Eso es relativo. Hay quien necesita aire para escribir y lo hace en lugares increíbles como en un bar o en un parque. Pero hay quien lo hace en solitario y de la manera más chocante. Ejemplos hay de sobra. Yo escribo en ambas situaciones porque a veces la vida me obliga a sobreponerme de un número considerable de obstáculos.

 

¿Sientes el desencanto de haber pertenecido a una generación con una historia trágica y retorcida por la dictadura del poder?

Todo tiempo siempre es difícil. A mí me tocó pertenecer a una promoción que nació torcida, con ventajas y desventajas. Me tocó escribir hasta el momento sin más compromiso que conmigo y mi verdad. No me interesa agradar. Por eso mi obra no es amable. Por eso voy como un paria por las calles. Soy único aunque digan que soy de la generación cero o zero.

 

¿Por qué sientes la necesidad de escribir?

Porque todos los días pienso como escritor y eso me concede el privilegio de llevar a la página en blanco mi obra. Escribo para no morir.

 

¿Qué autores o libros te formaron?

En el plano universal está César Vallejo, un poeta que me enseñó que el poema tiene sangre, víscera, mundo. En el plano más cercano está Guillermo Vidal, mi padre, a quien respeté y respeto por su altura moral y por su valentía a la hora de asumir la literatura.

 

¿Cuál es tu antología personal de autores y  libros?

Me pones en una situación difícil, pero trataré de responderte con la mayor eticidad. La Biblia, Martí, la poesía de César Vallejo, El guardián en el trigal, de Salinger, El extranjero, de Camus, 1984, de Orwell, El túnel, de Sábato, la generación perdida, Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño, Kavafis, Poe, Miguel Hernández, Ángel Escobar, y muchos más que si te digo serían unas cuantas cuartillas.

 

¿Sobre qué le interesa escribir a Frank?

Me interesa escribir sobre los conflictos del ser humano. Sobre todo la soledad en la que vive uno y sobre la capacidad de resistencia desde el poema.

 

¿Qué te parece las nuevas formas que tienen los más jóvenes de escribir sus poemas?

Respeto lo que escriben los más jóvenes porque también pasé por esas rupturas. Considero que se precisa tener madurez para asumir las nuevas tendencias. Pero existe sobredimensionamiento de algunas voces de la poesía cubana actual. Me parecen autores de poses que, muchas ocasiones ven en ellos a lo único bueno que se escribe en Cuba. Hablar de los contemporáneos es un riesgo. Prefiero dejar que el tiempo pase. No olviden que en Cuba hubo modas que quedaron luego en eso: vacío.

 

¿Hasta dónde es capaz de implicar el escritor su vida en la literatura que escribe?

Hasta los límites más insospechados. En cada obra está de una forma u otra la filosofía del autor.

 

¿Es tu obra una obra de denuncia?

Mi obra refleja quién soy, qué pienso. Lo otro se lo dejo al lector. Cada lector es un mundo aparte. Hay quien comparte lo que digo y quien no soporta mis razones. Nadie, si se respeta, escribe por gusto

 

¿Cuándo te dispones a escribir te sientas a inventar tu propio mundo?

Cuando uno está frente al espejo puede percatarse que el “otro” es diferente. En la poesía existe un universo mayor desde la vivencia. En la narrativa y el teatro, aunque enfocan también la realidad, se le añade algo de ficción para que el lector asimile el discurso. Como decía al principio, soy un escritor comprometido con mi verdad.

 

¿Qué acontecimientos, y lecturas, te marcaron?

Muchos. Además de las lecturas me marcaron mis dolores, carencias, incomprensiones y silencios. La separación y la muerte están en mi obra como un tema fuerte, serio. Gracias a la poesía puedo asimilar mejor tantos desafíos.

 

¿Qué significan para ti la amistad y los amigos?

Los amigos son la tabla de salvación. A ellos me debo porque me acompañan en momentos difíciles. En la actualidad me comunico mucho con Carlos Esquivel, José Alberto Velásquez y Jorge Luis Peña porque estamos, desde la literatura, sobreviviendo con honestidad y rebeldía. Ellos saben que son mi familia y sus dolores y éxitos también me pertenecen porque hemos formado una familia. Ray Faxas está fuera de Cuba y de manera esporádica intercambio correos. Con Osmany Oduardo perdí el vínculo por razones que él algún día tendrá que responderse. Guillermo Vidal es mi padre espiritual y en la obra, y Argel Fernández y Antonio Borrego son amigos que respeto y admiro.

¿Escribir te ha cambiado en algo como persona?

Sí, en absoluto. Soy otro desde que decidí entregarme al oficio de la palabra difícil.

 

¿La gran obra literaria no reconoce fronteras nacionales y nace siempre de profundas crisis personales que contribuyen a que uno pueda entender la tragedia colectiva?

La  literatura está para dejar testimonio de una forma u otra. Ella marca el latido del corazón de una época.

 

¿Asumes la escritura como un compromiso o es un juego para escapar?

La asumo como un compromiso y una necesidad. Me libera mucho escribir. Es mi válvula de escape, por eso dejo la piel en cada texto.

¿Qué criterio tienes de los críticos y la crítica literaria en Cuba?

En Cuba hay de todo un poco, buenos y malos críticos. Por lo general la crítica literaria se mueve por zonas diversas. Cuando un crítico arremete con lo establecido genera una explosión que estremece un poco la vida cultural. Pero casi siempre están los críticos que se pasan la vida celebrando y hablando de proyectos culturales de bajo valor, pero que gozan del apoyo de sectores poderosos. Entonces sucede que la obra auténtica, revolucionaria, valiente, queda reducida a unas pocas líneas en algún sitio.

¿Por qué crees que han cedido terreno en el mundo editorial la poesía y el cuento ante la novela?

Ahora se habla de mercado en Cuba cuando nunca lo hubo. La poesía es un género de trascendencia. En las editoriales se sigue publicando poesía aunque se evidencia un descenso en comparación a años anteriores. Las editoriales se convierten en empresas y buscan alternativas para autofinanciarse. Considero que más que géneros y competencias se debería mejorar el sistema promocional. Eso vendería el libro.

 

¿A tu juicio está en lo que escribes la memoria histórica de la Cuba de hoy?

La memoria histórica de un país está en el arte. Creo más en el arte que la historia misma. Es un tema harto conocido y debatido.

 

¿Crees en los talleres literarios, los grupos y las generaciones?

Cada uno tuvo y tiene objetivos bien definidos. Los talleres contribuyeron a la formación de muchos escritores, grupos y promociones. A mí me aportó hasta que encontré otro camino. Agradezco a los años en Las Tunas formando parte del taller literario municipal Cucalambé.

¿Es para ti la nostalgia una conducta para poder  escribir?

La nostalgia acompaña al ser humano en gran parte de la vida. Sobre todo al escritor. Quiero terminar una novela sobre el ajedrez que tengo detenida hace tiempo. Quiero escribir sobre la infancia. Es un tema que no se debe desechar.

¿Sufres ante la página en blanco o es una necesidad escribir? 

Me horroriza la página en blanco. En 1998 me sucedió que no me salía ni una coma. Entonces escuché un tema del trovador Norge Batista “Réquiem por la soledad de un ángel” y recuperé el alma. Cada libro puede ser el último y eso preocupa y obliga a trabajar.

¿Has dejado de escribir en algún momento?

Tuve un período en mis primeros años en Puerto Padre. Luego supe  que Guillermo Vidal estaba preocupado por mi silencio. Pero salí, gracias a Dios.

¿Te ha dado alguna satisfacción la literatura?

Sí. La satisfacción de ser la voz del que no tiene.

¿Tienes algún compromiso como escritor con la sociedad o la política?

Tengo compromiso con el futuro porque el presente no me pertenece. No me interesa la política, ni mucho menos ejercerla. Soy un poeta.

¿Cuál es el último texto que has escrito?

Mi último texto se titula Mutis país.

¿Cuándo estás escribiendo te entierras vivo en casa?

No puedo enterrarme vivo en casa porque tengo que trabajar. Pero trato de hacerlo con mucho rigor.

¿Cuál es para ti el mejor editor?

Para mí el mejor editor es el que busca la perfección y se conecta con el espíritu del libro.

¿Cómo escritor cuál es la experiencia más excitante y liberadora que hayas vivido?

Presentar mi libro Salmos oscuros en Remanganagua, hace apenas unos días, donde está el corazón de José Martí, el corazón de Cuba.

¿Puedes hablarme de los proyectos en los que trabajas ahora?

Tengo una novela que me quita el sueño y espero terminar pronto. Hasta el momento me siento atraído por ella. También tengo un poemario en pleno proceso y un libro de teatro que tengo que revisar.

¿Cuál es para ti la diferencia entre la literatura escrita en Cuba y la escrita en el resto de América?

Se me hace difícil confrontar con autores de América. Me gustaría estar al tanto de lo que se escribe. Pero siempre la maldita circunstancia de las conexiones.

Para concluir, sé de tu amistad con ese magnífico escritor que es Ángel Santiesteban. Él ahora mismo se encuentra cumpliendo una condena. ¿Cómo catalogas la actitud de la intelectualidad cubana ante este hecho?

Mira. Ángel es mi amigo desde hace años. La última vez que coincidí con él fue en Manzanillo, en una feria del libro, en 2007. Teníamos amigos en común, entre ellos Guillermo Vidal y ya eso nos unía. Ángel siempre fue respetuoso conmigo y con mi obra: estuvo en la presentación de Corazón de barco en La Habana en un gesto hermoso. Pero también después de la muerte del Guille, vino a una feria del libro a Las Tunas y entregó su pago íntegro a Solangel, la viuda del más grande autor que ha dado esta provincia porque Ángel es así. Desconozco las razones por las que está preso, pero sí he leído algunos trabajos sobre él. Solo espero que esté bien. Puede Angelito estar seguro que aquí tiene a un amigo. No culpo a quienes le han dado la espalda porque cada quien responde a sus intereses. Yo pongo la amistad por encima de todo. Desde mi humilde obra le envío un abrazo.