Antecedentes de la revolución estudiantil venezolana

Leonel Antonio de la Cuesta

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La heroica conducta de los estudiantes venezolanos que se oponen al régimen espurio y dictatorial de Nicolás Maduro me ha hecho recordar el inicio de la Revolución Estudiantil de 1918, una de las primeras del pasado siglo, junto con la revolución agraria mexicana y la revolución de octubre. Por haberse iniciado en la ciudad argentina de Córdoba se le llama también Revolución de Córdoba, Revolución de la Reforma Universitaria o simplemente la Reforma Universitaria de 1918.

En Hispanoamérica las universidades se fundaron mucho antes que en los Estados Unidos y en su nacimiento se les bautizo como reales y pontificias (es decir, públicas y católicas) en contraste con las del país del norte que fueron (inclusive Harvard) seminarios para la formación de los pastores de diversas iglesias protestantes. La primera de las hispanoamericanas fue creada en 1536 en Santo Domingo con los títulos de Imperial y Pontificia. Dado el letargo en que cayó la isla a partir de esa fecha, no tuvo mayores consecuencias. En 1551 se fundaron las de México y San Marcos de Lima. En Cuba la creación de la primera casa de estudios universitarios acaeció en 1728 con el título de Real y Pontificia Universidad de San Jerónimo de la Habana regida por la Orden de Predicadores (dominicos) bajo cuya dirección se mantuvo hasta su secularización el 7 de enero de 18431.

El advenimiento de la independencia en Latinoamérica no determinó un cambio radical en la orientación académica de las universidades. Inclusive en Cuba a todo lo largo del siglo XIX el liderazgo intelectual de la Isla lo tuvo el seminario de San Carlos y San Ambrosio (donde además de las materias propias de la formación sacerdotal se podían estudiar carreras civiles). De allí salieron figuras tales como el padre Caballero, Félix Varela, Mendive, los hermanos González del Valle, José de la Luz y Caballero y otros dirigentes intelectuales del país.

Antes de seguir adelante es menester definir autonomía. El diccionario de la Real Academia Española la defina como: “Potestad que dentro de un Estado tienen municipios, provincias, regiones u otras entidades para regirse mediante normas y organismos propios”. Sin embargo, es necesario matizar esta definición por su amplitud. En nuestro caso autonomía se entiende como la delegación en una determinada institución de ciertas atribuciones o poderes que anteriormente se encontraban asignados a otros organismos sin que esto implique un rompimiento absoluto. En el caso de la autonomía universitaria hay autores que consideran tres aspectos: el de su propio gobierno, el académico y el financiero. El primero permite a la Universidad organizarse como mejor le parezca, determinando sus autoridades, especialmente el rector. El segundo consiste en poder nombrar y cesar a su personal docente y administrativo según procedimientos determinados por ella, seleccionar a sus alumnos según exámenes que a propia universidad determine, elaborar sus planes de estudio, expedir títulos, diplomas, certificados, etc. Lo más importante quizá sea asegurar la libertad de cátedra, a tenor de la cual no ha de eliminarse sin mayor discusión las doctrinas existentes sobre un tema determinado, por ejemplo: la creación del mundo y del hombre. Finalmente, la libre disposición de su patrimonio y la elaboración de su presupuesto de gastos e ingresos. Las universidades existen para servir a sus comunidades y estas han de prestarles su apoyo moral y material. Ello no implica que la universidad no deba servir también a la comunidad internacional y en especial a la comunidad científica internacional.

En Latinoamérica las universidades –reales y pontificias- no jugaron un papel importante en la consecución de la independencia, ni en el doloroso proceso de crecimiento que sucedió a las luchas independentistas. Aunque los nuevos grupos de poder surgidos en las diversas naciones latinoamericanas se reflejaron finalmente en las universidades. Un papel importante lo jugaron los estudiantes, si bien en algunos casos no hicieran exigencias explicitas. Directa o indirectamente las formas de lucha estudiantil fueron parecidas en todas partes pero con resultados desiguales. Sea como fuere estas luchas son típicas de nuestro continente. Hubo que esperar prácticamente hasta 1968 para tener algo equivalente en Europa. Fue hasta cierto punto como un despertar del nacionalismo latinoamericano inspirado mayormente en las obras de Rodó (en especial en el Ariel), a lo que puede sumarse el desencanto de los estudiantes con los resultados de la Primera Guerra Mundial que destruyó la imagen de una Europa pacífica y ejemplar, capaz de propiciar un desarrollo económico apto para redimir la pobreza de las masas campesinas y obreras del Nuevo Mundo y el escepticismo que después generarían las revoluciones mexicana y rusa.

No es de extrañar que en la Argentina que tanto retardó su decisión de declararse independiente, la Universidad siguiera los cánones de la educación colonial después de su definitiva separación de España. La Universidad de Córdoba, fundada en dicha ciudad en 1610 por la Compañía de Jesús es la más antigua del país y la cuarta más antigua de Latinoamérica. En 1622 el rey Felipe II le dio el título de real ratificando el breve del papa Gregorio XV. En 1820 la administración de esta casa de estudios pasó a la jurisdicción provincial2. En 1886 pasó a ser regida por el Gobierno nacional.

Desde principios del siglo XX los estudiantes universitarios argentinos venían organizándose en asociaciones estudiantiles y en abril de 1918 se creó la FUA (Federación Universitaria Argentina), que respondía a los intereses de los alumnos de las universidades entonces existentes. A finales de 1917 por una decisión de las autoridades universitarias se dispuso la supresión del internado en el Hospital de Clínicas, dependiente de la propia Universidad. Esta decisión fue mal recibida por el alumnado quien solicitó la revocación de dicha resolución. Las autoridades pertinentes denegaron la petición estudiantil y ante la obstinación de estas, los estudiantes declararon la huelga general y se lanzaron a la calle. Claro que en este caso, a diferencia del venezolano actual no se trataba de una cuestión política. El Gobierno para acallar el movimiento decidió convocar a una asamblea general encargada de resolver el conflicto en la que se delinearon dos grupos: uno que apoyaba a los estudiantes y otro a las autoridades. En esta asamblea solo participaban los profesores. El candidato apoyado por los sectores tradicionales de la Universidad, Antonio Nores, miembro de la ultraconservadora asociación llamada Corda Frates obtuvo la mayoría de los votos pero no la mayoría absoluta. Hubo otras dos votaciones e inclusive una tercera en la que volvió a triunfar Nores, aunque todavía sin mayoría absoluta. Al proclamársele vencedor por tercera vez los estudiantes ingresaron en la sala y alegaron que las elecciones habían sido manipuladas por los jesuitas que de hecho controlaban la Universidad. Los estudiantes descontentos tomaron la Universidad apoyados por los partidos políticos populares y los sindicatos. Nores intentó apoderarse del rectorado con el apoyo de grupos conservadores. El 17 de junio los estudiantes contestatarios publicaron el documento llamado Manifiesto Liminar redactado por un estudiante llamado Deodoro Roca3. Ante la actitud de los estudiantes Antonio Nores se retiró del rectorado. La reforma se extendió a las restantes universidades del país: Buenos Aires, La Plata y Tucumán, y más tarde a la Universidad del litoral. Las reformas se oficializaron mediante un decreto del presidente Hipólito Yrigoyen de fecha 12 de octubre de 1918. Un resumen de las disposiciones de dicha norma son las siguientes:

1.- Se decretó la autonomía universitaria, es decir, la autoridad de cada institución universitaria para publicar sus propios estatutos y reglamente, aprobar y organizar carreras, disponer y administrar sus bienes y rentas, organizar sus servicios administrativos, nombrar y cesar a su personal docente y administrativo a tenor de las leyes y reglamentos apropiados. Todo ello iba destinado a asegurar el blindaje de las presiones ejercidas por grupos extrauniversitarios.

2.- Ingreso libre. Se garantizaba a todo ciudadano el derecho a la educación superior y restringía los exámenes de ingreso de carácter eliminatorio.

3.- Acceso de los docentes a sus cargos por concurso de méritos públicos y ejercicios de oposición por un periodo establecido.

4.- Reconocimiento oficial de las asociaciones de estudiantes organizadas democráticamente. Esta representación estudiantil permitía la participación directa de los mismos en la vida académica.

5.- Cogobierno de la institución con la participación activa de los estudiantes y su representación con voz y voto en los organismos de gobierno universitario. De esta manera la Universidad era regida por la participación de tres estamentos: docentes, estudiantes y graduados. Esto aseguraba la participación de todos los elementos de la comunidad universitaria así como el diálogo entre ellos. Este debate de ideas implantaba el consenso en sustitución del autoritarismo hasta entonces vigente.

La reforma se extendió a varios países del continente. En Perú fue apadrinada por Víctor Raúl Haya de la Torra, fundador del APRA. Allí se organizó el Primer Congreso Nacional de Estudiantes donde se aprobó la creación de las universidades populares, elemento esencial de la unión de estudiantes y obreros.

En Cuba se inició alrededor de 1923 pero se diluyó dentro del llamado Movimiento de Veteranos y Patriotas en el cual la participación estudiantil fue harto limitada. Volvió a aparecer con fuerza en las luchas contra la dictadura de Gerardo Machado. En los primeros años de gobierno de este todo pareció indicar que las relaciones entre Machado y la Universidad serían excelentes. En el plan de obras de este presidente se incluyeron varias edificaciones encaminadas a aumentar el ornato de la Universidad, única hasta entonces. De hecho el 31 de mayo de 1926 Machado recibió el título de Doctor en Derecho Público Honoris Causa. Sin embargo, las ambiciones políticas del doctor Machado (hombre por cierto de muy escasa cultura) determinó que muchos profesores y estudiantes organizaran grupos de oposición activa dedicados a derrocarle. Con todo, la idea de la reforma universitaria fue una más dentro del programa revolucionario. Tal como aparece en el libro de Roberto Padrón Larrazábal,  Manifiestos de Cuba. (Sevilla, publicaciones de la Universidad de Sevilla, 1975), donde en las páginas de la 100 a la 105 no se mencionan las demandas de la revolución cordobesa. De pasada algo aparece en el manifiesto del Directorio Estudiantil Universitario de 1933 donde se consigna en el acápite H: “implantar la reforma universitaria sobre la base de una autonomía y mejorar la educación nacional en todos sus grados” (página 162). Donde sí aparecen estos extremos es en el Manifiesto Programa del Ala Izquierda Estudiantil de 1931 en el cual se dice que: “…3. el Ala Izquierda luchará contra el carácter feudal burgués de nuestra Universidad y hará todo lo posible por establecer una estrecha ligazón con el Movimiento Estudiantil Revolucionario Internacional. El Ala Izquierda luchará por la completa autonomía de la Universidad, por el derecho de la juventud a participar en la lucha social y política, por la participación de los estudiantes en el gobierno de la Universidad, contra la expulsión, por la restitución de todos sus derechos a los estudiantes expulsados, por la creación de la Federación Estudiantil. 4. El Ala Izquierda se pondrá en estrecha ligazón con las organizaciones obreras, las ayudará a organizar escuelas, universidades populares, etc.”. Al final del documento aparece: “¡Viva la lucha revolucionaria de los estudiantes en estrecha unión con la clase obrera!” (página 116).

Como se ve la Reforma Universitaria se incorporaba a la ideología de izquierda entonces muy en boga. Curiosamente otra referencia a la Reforma Universitaria apareció en el manifiesto del ABC fechado en 1932. En contraste con el Ala Izquierda de claros tintes marxistas, el ABC era una organización tildada de fascista por los comunistas y organizada como una entidad celular y secreta. Dentro de un amplísimo programa político, social y cultural apuntaba entre las muchas medidas destinadas a nacionalizar la cultura en Cuba: “autonomía universitaria”. Sin ofrecer mayor explicación (página 151). También el Directorio Estudiantil Universitario proponía entre sus fines inmediatos “implantar la reforma universitaria sobre la base de su autonomía, y ordenar la educación nacional en todos sus grados” (página 162), sin tampoco entrar en detalles.

En el manifiesto de la agrupación Joven Cuba, inspirada por Antonio Guiteras, no se mencionaba la expresión reforma universitaria pero sí se hablaba de otorgar matrículas gratis, especialmente en las facultades de Ingeniera y Agronomía, así como la asunción por parte del Estado de los gastos de vivienda y transporte de los estudiantes pobres. Los sindicatos quedaban a cargo de proponer los nombres de los beneficiados con estos privilegios, los que debían escogerse entre los hijos de los trabajadores y guajiros pobres (página 187). Estas medidas no contempladas en la Revolución de Córdoba de 1918 eran especialmente relevantes en una situación como la de Cuba donde la única Universidad existente se encontraba en la parte occidental de la Isla con lo cual se privaba de hecho de su actividad docente a los estudiantes menos afortunados del centro y oriente del país.

Aparte de la aparición de los textos ya mencionados en los manifiestos políticos de la época, la Reforma Universitaria se manifestó de otras maneras.

El 4 de diciembre de 1922 el doctor José Arce, rector de la Universidad de Buenos Aires, visitó Cuba y pronunció un discurso sobre la Reforma cordobesa. Muchos consideran que con este discurso se inicia en Cuba el Movimiento cordobés.

Un año después, el 3 de diciembre de 1923, el líder peruano Víctor Raúl Haya de la Torre pasó por Cuba e inauguró la Universidad Obrera José Martí. A finales de ese año (24 de diciembre) un decreto presidencial disolvió las asociaciones de estudiantes. El 7 de septiembre de 1926 se impuso la militarización de los planteles de enseñanza secundaria. Sus estudiantes debían vestir uniforme castrense y había un supervisor militar en cada escuela de ese nivel.

Los estudiantes se pusieron al frente de la oposición a la prorroga de poderes de Gerardo Machado. El 30 de marzo la Policía invadió el recinto universitario y el 7 de abril se constituyó el primer Directorio Estudiantil, llamado posteriormente del 27. En vista de la actitud de los estudiantes se suspendieron los estatutos de la Universidad y se clausuró el curso el 28 de mayo.

A pesar de las tensiones entre el Gobierno y los estudiantes se terminó la construcción de la escalinata monumental de la Universidad, edificación que ha subsistido hasta nuestros días. Sin embargo, el 11 de abril de 1928 se volvió a ocupar militarmente el recinto universitario.

En vista de la aprobación por la Cámara de Representantes de la prórroga de poderes el 30 de abril de 1930 se constituyó el segundo Directorio Estudiantil Universitario, llamado del 30. Se generalizaron, casi diariamente los mítines estudiantiles llamados “tanganas” y se hicieron frecuentes las explosiones de bombas en lugares públicos. El 17 de noviembre la Universidad no comenzó sus cursos y los estudiantes de los institutos de segunda enseñanza también se negaron a concurrir a clases. El claustro de la Universidad se solidarizó con los estudiantes, por lo que el 15 de diciembre el Gobierno cerró la Universidad y ordenó su ocupación militar. El 3 de enero de 1931 se constituyó entre los estudiantes el Ala Izquierda Estudiantil, de tendencia marxista. Muchos de sus integrantes fueron detenidos por la Policía. A esto siguió el 2 de febrero de 1931 el cierre de los seis institutos de segunda enseñanza. Este cierre se extendió a las escuelas normales con fecha 4 de julio del propio año.

Las distintas agrupaciones estudiantiles a que se ha hecho mérito contribuyeron al derrocamiento de Machado, acaecido el 12 de agosto de 1933. El 6 de octubre se concedió la autonomía universitaria y se anuló la militarización de los centros de segunda enseñanza.

Pero con la concesión de la autonomía no terminó la lucha por extender los principios del Movimiento cordobés. La participación de los estudiantes en el gobierno de la Universidad no fue aprobada y muchos de los profesores maculados permanecieron en sus cátedras. Además, en marzo de 1935 se clausuró nuevamente la Universidad, la cual permaneció cerrada hasta 1937 en que fue reabierta y ratificada su autonomía. Esta pasó a ser parte del texto constitucional en la Constitución de 1940 (art. 53).

La autonomía pareció reforzarse con la aprobación el 22 de noviembre de 1949 de una ley que autorizaba la fundación de otras universidades estatales: la Universidad Central Marta Abreu, con sede en Santa Clara, Las Villas; y la Universidad de Oriente con sede en Santiago de Cuba.

Desgraciadamente el hecho de haber blindado la Universidad de la Habana a la intervención de la Fuerzas Armadas en su recinto permitió el desarrollo de grupos gansteriles que florecieron en el gobierno de Ramón Grau San Martin y en menor grado en el de Carlos Prío Socarrás. De esos caldos de cultivo surgió Fidel Castro Ruz. Al llegar este al poder en 1959 se produjo la toma de la Universidad a través de tres hechos fundamentales: la elección a la presidencia de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) de Rolando Cubelas, comandante del Ejército Rebelde4. Después vino la militarización de la Universidad mediante la creación de las milicias universitarias, formadas por 300 alumnos de los 20000 matriculados. Finalmente el 15 de julio de 1960 se destituyeron a las autoridades universitarias legítimas y se constituyó un gobierno servil a los intereses del Gobierno. El 80% de los profesores se vieron forzados a abandonar sus cátedras5. El 30 de julio de 1971 el periódico Granma hizo saber que de entonces y en lo sucesivo la Universidad quedaba reservada, únicamente, para los revolucionarios. Era el epitafio de la Revolución cordobesa en Cuba.

La actual actitud de los estudiantes venezolanos surge en condiciones muy diversas a las argentinas de hace un siglo y se parece más a las de Cuba en los años treinta de la pasada centuria. Les deseamos de todo  corazón un triunfo total. ¡Qué así sea!

Notas del artículo

  1. Para más información, véase “La Universidad de Berriel”, un ensayo de Elías Entralgo publicado Lecturas y Estudios, en 1962 en La Habana por la Comisión Nacional cubana de la UNESCO, pp. 96 ss.
  2. Recordemos que las provincias argentinas como las canadienses son en realidad Estados federados aunque conserven por razones históricas la denominación de provincias.
  3. Deodoro Roca (1870-1942) pertenecía a la burguesía surgida de las emigraciones europeas del siglo XIX, educadas gracias a las leyes nacionales que establecían una educación universal y gratuita. Entre dichas leyes es de destacar la Ley 1420 y la llamada Ley Láinez. Roca se graduó de abogado y ejerció también el periodismo. Fue director del periódico Flechas y la revista Las Comunas. Su casa entre los años veinte y treinta se convirtió en un centro de ideas progresistas por lo que se le conoció como el Sótano de Deodoro. Fue fundador de la Unidad latinoamericana, junto con José Ingenieros, así como del Comité Pro presos y exiliados de América, del Comité Pro paz y Libertad y de la Liga Americana por los Derechos del Hombre. La mayor parte de sus escritos fueron publicados en Las Comunas. Como se ve fue un líder provinciano que casi no aparece en los libros de historia.
  4. Curiosamente Cubelas fue después condenado por conspirar contra la vida de Fidel Castro y tras varios años de prisión acabó en el exilio.
  5. Para una explicación pormenorizada de ese proceso recomiendo el artículo “Cómo cayó bajo el comunismo la Universidad de La Habana” de Andrés Valdespino Godínez, exprofesor de la Facultad de Derecho, publicado en la revista miamense Cuba Nueva, vol. I, Núm. 2, pp. 18-24.

Del Autor

Leonel Antonio de la Cuesta
Profesor universitario en los Estados Unidos durante cuatro décadas. Dirigió durante dieciocho años el Programa de Formación de Traductores e Intérpretes de Florida International University. Está acreditado por la American Translators Association y es uno de los principales analistas de Derecho constitucional cubano. Ha publicado varios libros, entre ellos Constituciones Cubanas desde 1812 hasta nuestros días y Cuba. La patria grande. La patria chica, editado por Aduana Vieja, Valencia, España, 2013.