El himno renovado de Elena Medel

Sobre Chatterton, de Elena Medel

Jorge de Arco

Chatterton
Elena Medel
Visor Poesía, Madrid, 2014

 

elena-medel-librario-otrolunes33Tras ocho años de silencio, Elena Medel da a la luz, “Chatterton”, poemario galardonado con XXVI Premio Fundación Loewe a la Creación Joven.

Esta cordobesa del 85, que alcanzo amplio eco con sus dos libros anteriores, Mi primer bikini (2002) y Tara (2006), se vale para esta entrega de la figura de Thomas Chatterton (1752 – 1770), aquel joven romántico de la Inglaterra del siglo XVIII, que alcanzó fama gracias a su precocidad y a su habilidad para el embuste literario. Puso fin a su vida con tan solo diecisiete años y dejó a sus espaldas una obra sorpresiva y original. “Mi juventud es un mortal incendio”, escribió en uno de sus cuadernos.

Al hilo de los nuevos versos de Elena Medel, he recordado esta frase, pues el discurso de la poeta andaluza ha girado y madurado hacia un horizonte donde el desasosiego, la sombría realidad, cobran candente protagonismo, y donde los años cumplidos no son una ventaja, mas sí un latente privilegio para poder contemplar un hoy que aturde y que provoca cierta desesperanza, “Después de crecer/ mi hogar lo levantaré sobre las ruinas”.

Su primer apartado, “Luna llena en la primera casa de la identidad”, se abre con un poema revelador, donde el yo lírico confiesa la verdad de ir dejando atrás la edad juvenil, el entusiasmo, la inocencia…, y se ve impelido a enfrentar el corazón a un presente desilusionante: “Madurar era esto:/ no caer al suelo, chocar contra el suelo, contemplar el pudrirse de la piel/ igual que un fruto antiguo (…) Nadie me avisó de madurar así, junto a la vida y el frío/ en el cajón/ de la fruta que se pudre”.

En su segundo apartado, “Nueva vida cotidiana”, Elena Medel regresa hasta un espacio y un tiempo pretéritos, mas familiares, y pretende reiniciar desde la ácida actualidad una aventura por la que merezca de nuevo existir, por la que poner en orden los días del calendario, las fechas y cimientos de la esperanza. No en vano, su “Canción de los adultos con responsabilidades” pareciese un himno a esa renovada y necesaria piel con la que despertar, otra vez, a cuanto queda por saber: “Te han preparado los domingos y te han espabilado/ con dulzura para que apenas notes el contraste./ Tu mullido aterrizaje: te comerás el mundo”

A pesar del tono de desencanto que abriga la mayor parte del conjunto, cabe también la ironía y la parodia a la hora de retratar los temas y protagonistas que desfilan por estas páginas. La última parte del libro es una coda con título contradictorio, “Cuando me preguntan si escribo, respondo que ya no”, y la que abre el poema, “Chatterton”, que da título al volumen,  con verso narrativo y directo: “Mentí durante diecisiete años. Mentí después/ en todos mis poemas. He mentido durante los diez/ años siguientes. Acércate, soy/ como tú. Escucha cómo late mi corazón/ perverso (…) Pero todo acabó ¿Quién soy ahora?”.

Sin duda que, desde esa honda cuestión, a través de tan compleja tesitura, irá cimentando Elena Medel su  futura obra. Despojada, pues, de aquellas expectativas incumplidas, de aquella citada juventud chattertoniana a modo de “mortal incendio”, de las luces y sombras que pesan sobre sus veintiocho años, sabrá cómo remontar el vuelo lírico y orillar su decir desde la atalaya de la edad y de la conciencia tan personales que encierra su cántico: “Es noviembre. Es miércoles. Al menos/ todo en orden: hace/ frío”.