Jardiel Poncela, poeta

Sobre Poesía completa, de Enrique Jardiel Poncela

Carlos Murciano

Poesía completa
Enrique Jardiel Poncela
Hiperión, Madrid, 2013

 

jardiel-poncela-librario-otrolues33La poesía de Enrique Jardiel Poncela nunca hasta hoy había sido reunida y difundida como tal. Una selección de sus poemas apareció en sus Obras Completas (Barcelona, 1973), hoy descatalogadas; a esos poemas ha añadido ahora Enrique Gallup Jardiel los publicados en diversas revistas humorísticas de la primera mitad del pasado  siglo, algunos integrados en sus obras teatrales, y los inéditos conservados en la colección personal de sus herederos; la ordenación de todos ellos, ha permitido a Gallup, colocar al frente de este volumen, sobre un dibujo del propio Jardiel, esas dos palabras –Poesía Completa-, que tan atractivo lo hacen.

Enrique Jardiel Poncela (Madrid, 1901 – 1952) fue, además de un humorista de amplio eco, un escritor prolífico, que tocó todos los géneros y que, pese a su corta vida (él dijo en un soneto titulado precisamente “La vida”: “por lo breve, es el tiempo de un respiro:/ un relámpago; el cruce de una estrella; un parpadeo; un goce; una centella; una germinación; un beso; un tiro”), dejó tras de sí una obra ingente, capaz de asombrarnos, que Gallup resume en su prefacio: noventa y cuatro comedias largas (estrenadas o no), más de cuarenta piezas teatrales de menor duración, veintitrés guiones cinematográficos, treinta y nueve novelas cortas, diez tomos de ensayos, veinticinco conferencias, libros de aforismos, cartas numerosas e incontables artículos periodísticos.

Su inclinación a la poesía y su dominio de las más diversas  formas le vienen de su juventud, pues sus “Gacetillas rimadas”, se insertaban diariamente en “La Correspondencia de España”, cuando el escritor tenía veinte años. El hecho de que sólo sus obras teatrales más conocidas estén escritas en verso (Angelina o el honor de su brigadier y El seso débil ha hecho gimnasia) se debe, según Gallup, a que “los públicos de su tiempo asociaban la forma rimada al teatro post-romántico decimonónico del que Jardiel quería alejarse totalmente”.

El volumen que comento, líricamente bien nutrido, pues que supera las doscientas páginas, abre su selección con un sorprendente “Autorretrato”, que alcanza los 364 alejandrinos; no creo que haya en toda la poesía, no ya española, sino  universal, un poema de esta índole con tal extensión: “Nací armando el jaleo propio de esas escenas;/ me bautizó la Iglesia con el nombre de Enrique/ y Aragón y Castilla circulan por mis venas,/ sin que haya aún encontrado a nadie que me explique/ a quién debo mis risas y a quién debo mis penas,/ pues realmente no es fácil resolver el misterio/ de cuál de esas regiones pesa en mi corazón; tal vez pesa Castilla cuando me pongo serio,/ y cuando estoy alegre, tal vez pesa Aragón”.

Pienso que Aragón pesó más en su escritura, aunque uno sepa por experiencia propia que, alegre, se pueden escribir versos tristes y trascendentes; y, serio, espinelas jocosas. Por ejemplo. Mas lo cierto es que centrándome en el libro que ahora mueve mi pluma, creo un acierto su edición, aunque su responsable diga que “la poesía de Jardiel podría asemejarse sólo a la pariente pobre que buscara modestamente una existencia apacible en su vertiginoso mundo creativo”.

Bien por Hiperión, y por el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes, que ha subvencionado la publicación.