Tigres amaestrados

Sobre La Enfermedad del Bronce, de Irela Casañas

José René Rigal

La Enfermedad del Bronce
Irela Casañas
Ediciones La Luz, Cuba 2015

 

Hay libros que rebasan los límites de la confesión. La Enfermedad del Bronce, Ediciones La Luz 2015, es un auténtico confesionario. En él Irela Casañas vierte con denuedo su visión actualizada de la vida, del entorno y sus circunstancias. Busca respuestas al dolor desde el dolor. Aboga por la existencia auténtica del ser como modo de evasión a dogmas impuestos por la filosofía del pensamiento. Es una batalla desde lo interior y contra lo exterior. Un libro que refleja el rigor poético desde el primer golpe de vista, y nos lleva de la mano, página a página, en una cabalgata sin final, como queriendo arrancarle a cada letra el sello más profundo de la confesión. Es diálogo vivo. Una denuncia de cuanto sucede en el silencio. Es lucha contra lo real desde el sueño, con la esperanza de que un mundo mejor nos habite definitivamente en el pecho. Un discurso genuino, práctico, listo a romper lanzas que laceran desde la escena triste que nos transita y dialoga. Poesía fiel a sus orígenes y convicciones. Crítica, rebelde, digna representante de la irreverencia e inconformidad de nuestro tiempo.  

En el libro resuena la dureza de los tiempos, la infelicidad, la sumisión, el grito de espanto cuando los demás callan, las indefiniciones de quienes se esconden detrás de la sonrisa cuando la casa se derrumba. La muerte, lugar donde se confunden todos los colores, y los anhelos terminan frente a la opción de sobrevivir en intramuros. Poesía que se caracteriza por la búsqueda incesante de respuestas a toda clase de arbitrios, al margen de las buenas intenciones que debieron florecer y después de tantos años comenzaron a apagarse.

Es el fruto de un diálogo intenso de la autora con todo cuanto le rodea, con toda suerte de acontecer. La realidad es quien determina el sentido del poema, pero es la poetisa quien determina y nombra su propia realidad.

Un libro que invita a una lectura, ante todo, de visión, y después de comprensión. Entonces, ¿por qué no permitir que las letras pequeñas intenten decir lo mismo que las grandes? Sucede que la palabra en sí es toda una concepción de lo humano y la poetisa se alimenta de esa realidad; realidad que es igual a nombrar la vida de la manera en que se ha vivido.

Después de leer de tapa a tapa La Enfermedad del Bronce, nos queda la sensación de que hemos andado por un mundo irregular, donde vida y muerte se toman de la mano, y el alma de los buenos se vende como pieles de tigres amaestrados.

En fin, un libro hecho para meditar, para descubrir que la poesía ha venido a acompañarnos desde siempre como un ensalmo íntimo, como fuego que germina atravesando los muros desafiantes de la realidad.

Por esa realidad, que es esencia y sentido del texto, y a la que con tanto énfasis nos hemos referido, dejamos a la consideración de los lectores, el siguiente compendio:

Algo que debería calmarnos ya no está. Empezamos a sentir ese temor por lo que puedan decir nuestras bocas y lo que puedan ver nuestros ojos si finalmente la lluvia los aclara. Un gato sigiloso nos observa, le ofrezco nuestras sobras. Le digo frases suaves como si fuera un hijo. Deseo que obedezca, que dependa de mí. ¿Por qué ese impulso de amansar a los seres distantes? Hay quien no expresa nada antes que el ancla rompa. Mariposa viajera sin bosque protector. Mariposa monarca no soy más. Soy el pez primitivo dejando el humedal. Bautizar un bote para el mundo hecho de teca o algarrobo. Romper una botella contra la proa. Dejar que el barco llore. Dejar que el hijo zarpe. Hace ya tiempo no merecemos la sombra de los árboles que los ancestros plantaron para hoy. Casi llego a creer que el horizonte es árido como la piel añosa de los castigadores. Casi pido perdón por desear. Ignorar el dolor es necesario, así es la vida cuando es dura. Que los muertos les sirvan a los vivos. A pagar todos el precio por estar todavía. Si te castigo hoy solo es por tu futuro, si te interrogo cada día es para que no te olvides de quien eres. De nada vale el grito si los demás callan. Paciencia es la clave. Come, descansa, infórmate y que pasen los días. Yo desconfío de Ellos con sus definiciones. Ellos, tanto en el cielo como en las piedras de la noche ocultando el camino y también el atajo, celebrando sus grises como tronos flamantes. Si me vieras bailar al ritmo de sus golpes, solo será plantada sobre algún zinc caliente como los osos amaestrados del viejo circo ruso. Ciudad completa imaginándose, no sobre esterilla, sino sobre la alfombra voladora, marchándose muy lejos hacia una nueva patria, tan parecida a la que queda atrás…excepto por la falta del sueño recurrente de escapar. Reverencié al árbol que me amparaba y no al leñador que por monedas no hubo de talarlo en la luna conveniente. Asentí cuando el patriarca dijo que me contaba entre sus posesiones. Hoy reverencio al bosque y no a los coronados que sueñan la obediencia del grano de maíz. Toda la película esperando que el final sea mejor que lo ya visto. Todos los habitantes diciendo que la culpa es de otro. Toda la noche sabiendo que va a amanecer y no amanece. Quienes bajaron diccionarios sin el significado de vivir quemaron la soga de la horca y luego se durmieron”.