Categoría: La marmita de poesia

Cinco poemas

Como se pierde el viento

En el límite exacto donde empieza la nada
y se extinguen las voces
definitivamente.

Allí donde la luz
va cediendo a las sombras,

donde el tiempo es ausencia
y espuma la esperanza,

te perderás conmigo
como se pierde el viento.

 

Ideario

Mi patria es este cielo azul que me rodea
y me llena de gozo y aviva mis recuerdos,
esta luz del verano y esta lluvia de otoño,
estos recios paisajes que llevo tan adentro.

Y es contemplar el paso de las estaciones
comprobando que el tiempo nos ha pertenecido,
y esperar tranquilamente la mañana.

Mi patria son los rostros y los nombres queridos,
las hermosas palabras,
los pequeños objetos cotidianos
y unas pocas creencias
que siempre me acompañan.

 

Futuro

Este incierto futuro que nos persigue siempre
como amenaza firme o velado temor
no conoce la luz de los días de junio
ni el color de las tardes de otoño.

No sabe de sonrisas ni fija la mirada
en la humilde frontera de la melancolía.

Desconoce la piel abrasada en caricias
y la reseca piel y los labios sellados.

Pocas veces amigo,
espera agazapado y nos sale al encuentro
y nos deja desnudos,
perdidos en la noche.

Carece de memoria
y de ahí su ceguera,
y de ahí su impiedad.

 

Mujer

Te quiero así, mujer, con la firmeza
desde tu piel, con el alma encendida,
dueña de tu destino, soñadora,
gozando plenamente tus edades,
enamorada, tierna, decidida.

Y así eres tú, generosa y abierta,
inagotable fuente de paz y de sosiego,
acogedor regazo de los tuyos,
moldeada con barro, como yo,
y, como yo, esplendor en el tiempo.

¿Quién desata su ira contra ti?
¿quién levanta la mano y te amenaza?
Mujer, esposa, madre, ¿quién te ofende?
¿y quién te desconoce y quién te hiere?
Hermana, amiga, hija, ¿quién te mata?

No hay media humanidad y hay otra media,
no existen dos verdades separadas,
son una sola carne tu mitad y la mía:
yo soy tu padre y he sido tu hijo
y tú eres nuestra madre, nuestra vida.

 

Invierno

Esta oscura presencia que recorre la tarde
me devuelve el invierno que creía tan lejano:
las brumas, el silencio de las noches sin término,
el campo en soledad, los pasos presurosos
que se pierden ajenos a cualquier sentimiento,
la impenitente lluvia, la desnudez del alma,
el aire que congela las miradas esquivas,
el temblor de las horas que se alargan despacio…

Miro a mi alrededor y de pronto comprendo
que es invierno esta tarde, que siempre será invierno.

Poemas

Distancia de una isla

a Marta Frayde

 Estoy sentado en un puente del Sena. A la derecha el Louvre. A mis espaldas otra isla y el regreso del agua en las miradas.

Frente a mí un nuevo barco con su estela de signos a la de­riva. A unos metros una muchacha fija con piedras sus dibujos a la baranda del puente.

(Ahora el olor a perfume de dos damas roza los bordes de la hoja donde escribo). Leer más…