Fiel a su línea de enriquecer continuamente el catálogo con los más variados perfiles temáticos, la editorial Verbum, de Madrid, ha tenido el acierto de publicar una antología de relatos dedicados al fútbol. Y yo agradezco a los editores por haberme dado la oportunidad de ser uno de los primeros lectores de los textos, algo que me ha hecho doblemente feliz. Doblemente, sí, porque amo los mundos que conviven en el libro, el de la narración literaria y el del fútbol, dos actividades humanas que comparten mucho más de lo que a primera vista podría parecer. Ambas son un reto, una conquista y un premio, y ambas requieren de quien las practica enormes cuotas de sacrificio y amor, además de un poco de talento y mucho de pasión. Porque el fútbol practicado sin pasión es casi tan inane como la creación literaria pergeñada sin una verdadera vocación, sin ímpetu ni ardor.
Por todo ello he leído con sumo placer la antología Cuéntame un gol, publicada por Verbum. Lo primero que quiero reseñar en este libro es la edición, elegante y sobria, con una imagen de cubierta realizada por Diego Jiménez y verde como un campo de fútbol, una puerta de entrada que hace honor al libro e invita a conocer los veinte relatos que conforman la selección. Son textos que se leen con la alegría de quien va una tarde de domingo al estadio para ver un partido disputado por su equipo del alma. Yo diría incluso que se leen con la misma alegría con la que fueron escritos en su día.
Algo que me ha llamado atención en la mayoría de los relatos es el oficio de sus autores. Como debe ser cuando se trata de arte literario, las historias son interesantes no solo por lo que ellas cuentan, sino también por la forma en que se cuentan. Algunas evocan experiencias de la infancia de los héroes en el trasfondo de acontecimientos futbolísticos importantes. Otras, en cambio, se acercan al alma de los protagonistas mediante puentes tendidos como trampas para engancharnos a una historia de valor esencialmente humano. Algunos de los relatos se desarrollan en la actualidad, mientras que otros nos transportan a tiempos ya idos. Hay relatos en los que el fútbol es el objetivo; pero también los hay en que este no pasa de ser un mero pretexto para llevarnos tangencialmente hasta un conflicto existencial.
No sé si será casualidad, pero es interesante comprobar que el número de relatos escogidos para la antología es el de veinte, exactamente el mismo número de equipos que participan en la primera división de la liga española de fútbol, que es, vale recordarlo, una de las mejores del mundo, si no la mejor. Pero aquí los autores no compiten entre sí, sino que se complementan unos a otros con sus argumentos, sus búsquedas y sus diferentes modos de presentarnos los hechos fabulados.
En este feliz torneo de tramas y estilos solo hay un campeón: el público lector, que es quien habrá de anotarse los goles, quien tendrá el placer de ir de un cuento a otro, de un sitio a otro donde se juega al fútbol, donde se sufre, se evoca o se habla de goles y balones. Estos sitios pueden ser la cancha, pero también el vestuario; o la tranquila sala de estar de un apartamento donde dos enamorados ven juntos un partido de fútbol durante el campeonato mundial. Esos lugares también son un restaurante en Asturias, una calle de Madrid o una grieta en la que varios chiquillos conversan subidos a las ramas de un pino. Y, cómo no, la fría sala de consulta de un enigmático personaje capaz de detener la sequía de un goleador con la ayuda de fuerzas de muy oscuro origen. Y así, con cada historia contada asistimos a un drama de diferente signo. Por otra parte, las narraciones ocurren en cualquier sitio de la geografía española o hispanoamericana. Y esta es otra de las virtudes del libro: nos muestra una buena representación de escritores de diversos ámbitos de nuestro entorno lingüístico, cada uno con su habla local, con su manera de ver el fútbol y de exponer las motivaciones y vivencias de los protagonistas, ya sean jugadores, árbitros o aficionados de cualquier edad.
La compilación de estos relatos demuestra una vez más que la Literatura –o, más exactamente, la materia para crearla- se encuentra en cualquier recodo del camino. Solo hay que tener ojos para verla, talento para escribirla y sentido de la oportunidad para convertirla en un buen libro, como es el caso de los cuentos recogidos aquí.
Como sucede siempre con las antologías, es probable que no todas las piezas del libro gusten por igual a todo el mundo. Pero la calidad media de la muestra es alta. Y además, cada una a su manera, todas las tramas desarrolladas aquí son capaces de emocionarnos gracias a los conflictos humanos que subyacen en ellas. Yo diría que en cada uno de los cuentos hay una historia digna de ser contada, una ficción que enriquecerá sin duda el mundo interior de quien la lea.
Esta crónica se haría innecesariamente larga si pretendiera resumir los veinte relatos que conforman la antología. Como es natural, a mí unos me han gustado más que otros. Quiero, sin embargo, obviar las diferencias y resaltar lo mucho de bueno que hay en el conjunto. Si tuviera que escoger alguno me vería en un aprieto, no ante el lector de estas líneas sino ante mi propia sensibilidad. Porque, como he dicho antes, los veinte cautivan y despiertan emoción en quien los lee. Lo que sí me atrevería a afirmar es que nadie se verá decepcionado con la lectura de este libro. Mi enhorabuena a la Editorial Verbum y, sobre todo, a los lectores de Cuéntame un gol.
