Las recientes elecciones europeas en España han sido un revulsivo social u político. Los partidos tradicionales de la derecha y la izquierda, el PP y el PSOE, han sufrido una convulsión con su sangría de votos que han ido, mayoritariamente, hacia otra izquierda. La monarquía, por temor a unas próximas elecciones con un resultado más adverso para sus intereses, ha acelerado su proceso de renovación y Juan Carlos ha pasado de ser rey a ciudadano. Los politólogos no acaban de comprender el fenómeno político mediático de estas elecciones. El voto de la rabia y de la indignación. El voto del asco hacia las artríticas instituciones del estado. Podemos. Un movimiento, que no partido, nacido de la protesta del 15M, con un presupuesto inferior a los 200.000 euros y una campaña centrada en la aparición de su líder en los platós televisivos, ha obtenido la nada despreciable cifra de 1.250.000 votantes, cinco diputados y convertirse en la cuarta fuerza política de España. De la nada al todo.
El discurso político de Podemos es muy simple: la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Constitución Española. ¡Fíjense qué radical mensaje! Una y otra parecen ya subversivas tal como anda el capitalismo rampante sin freno ni control en la vieja y decadente Europa. Y el éxito, aparte del desgaste de los dos partidos mayoritarios que se han turnado en la gobernabilidad de España, radica en buena parte en la juventud y el carisma personal de su jovencísimo líder político que encarna el desespero de la población: Pablo Iglesias, sí, como el fundador del PSOE del que se sentiría muy avergonzado si éste emergiera de su tumba y levantara la cabeza.
Desde la derecha se ha tratado de desprestigiar a Podemos diciendo de ellos que son la extrema izquierda, que reciben dinero del presidente Maduro de Venezuela o que están bien relacionados con los ayatolás de Irán. Que hablen de uno, aunque sea mal, pensarán los voceros, que no dirigentes, del movimiento social que se ha presentado a las urnas y ha arrasado en este primer match electoral. Son frikis y utópicos. Frikis son los partidos podridos hasta el tuétano que ya no se representan más que a sí mismos, y de utopías andamos sedientos.
Seguramente Podemos será un sueño más, como lo fue el ya lejano Mayo del 68. Seguramente, en cuanto tengan poder, se corromperán a pesar de su virginidad y su juventud. Pero déjennos soñar un instante, por favor, con un mundo mejor que el que tenemos y sufrimos. La vida es sueño.
