La joven ahogada
Caitlín R. Kiernan
Valdemar (Insomnia), 2014
Con la acepción del vocablo “siniestro” expuesta en su influyente ensayo de 1919, Sigmund Freud entregó a la intelectualidad (pero también, con el tiempo, a cualquier forma de crítica cultural) una marca blanca desde la que abordar el terror eludiendo la siempre problemática cuestión de identificar aquellos aspectos que delimitan un género. De igual forma que, por otros medios, ha terminado ocurriendo con lo gótico, con frecuencia se suelen calificar de siniestras novelas, películas, series de televisión, videojuegos y, en general, cualquier obra artística con vocación más o menos oscura o en la que se sugiera la presencia de alguna forma de mal. Como resultado, cada vez resulta más difícil encontrar narrativa que evoque un efecto genuinamente siniestro entre la que se vende como tal. Leer más…


