Hace un par de días un amigo a quien estimo mucho, posteó en su facebook este mensaje “la puntualidad es cortesía de reyes, obligación de caballeros, necesidad de hombres de negocios y costumbre de personas de buena educación”
De inmediato, me acordé de mi padre que es adicto a llegar temprano. Desde niña me decía que era muy importante, en especial en el mundo profesional, respetar el tiempo de los demás. “Da gusto reunirse con gente puntual” comentaba con frecuencia. Detesta esas 2 alternativas que se consultan en mi país para cada evento. ¿A qué hora empieza: hora panameña o real? Para él, es bochornoso que a los latinos se nos cataloguen de irresponsables y frescos. “La puntualidad es un valor no negociable” solía decir. Durante mi adolescencia pensaba que era un poco obsesivo, pero sus consejos han sido de gran ayuda en mi vida.
En mi querida tierra, la excusa ideal es “el tranque estaba descomunal” Puedo entender que el día de la reunión que tenías programada, todos los conductores de la provincia conspiraron en tu contra y decidieron pararse justo frente a tus narices para obstruir tu camino. Lo que mi cerebro no logra procesar es que tengas a una criatura de Dios esperándote en una oficina o cafetería y no seas capaz de llamar para notificar tu retraso, a fin de que esa persona pueda determinar si decide esperarte o si invierte en otra actividad, su tiempo y energía. Hago un alto para resaltar estas dos palabras: tiempo y energía. Son activos altamente valiosos que debemos cuidar con diligencia.
Y el ejemplo anterior lo expongo con toda empatía y flexibilidad, porque lo adecuado es incluir dentro de tu itinerario, esos 45 minutos que te absorbe el tráfico y de los cuales depende tu puntualidad.
Hace poco me decía mi socio Eric, que un grupo de empresarios le comentaba que han notado que en términos generales, los latinoamericanos tienden a ser impuntuales, pero que los panameños son “los reyes”. Según ellos, aquí hay personas quienes tienen la convicción de que “es mejor nunca que tarde” pues te dicen “voy en camino” y jamás llegan. No comprenden cómo en Panamá siendo un país bendecido, exista gente que desaprovecha las oportunidades de negocios por pura irresponsabilidad.
Volví a recordar a mi padre y me alegré de que no haya estado presente en esa tertulia. Creo que moriría de un infarto o de pura vergüenza.
Lo grave es cuando ser impuntual se hace parte de nuestra idiosincrasia y se utilizan excusas como “la impuntualidad es parte del folklore panameño”. “Llegar temprano es un acto indecoroso que atenta contra las tradiciones de la nación”…
Mi cuñado, que es de Escocia, me comenta a menudo que su mente no logra comprender esa actitud y menos las respuestas recibidas al momento de concretar una reunión, como por ejemplo: voy a tratar de llegar…si Dios quiere paso a tiempo… y que fue una novedad el hecho de recibir llamadas para confirmar citas. Para él, con tan sólo dar la palabra de hombre, era más que suficiente para estar en el sitio convenido, a la hora y fecha acordadas.
Ahora bien, si llegar tarde es una tendencia en mi país, por nada del mundo sería capaz de generalizar. Es cierto que en incontables ocasiones, he invertido tiempo y energía en personas irrespetuosas e incumplidas, que ni con ujjayi[1] he logrado deshacerme del enojo que me han provocado por su impuntualidad, pero prefiero enfocarme en aquella minoría que está haciendo la diferencia para cambiar la imagen del país.
En mi organización, realizamos una conferencia de liderazgo el pasado domingo 1 de junio a las 3:00 p.m. y rifamos premios entre los más puntuales. A las 3:03 p.m ya había 2 felices ganadores y a las 3:05 p.m arrancamos la actividad. Fue todo un éxito.
En la Fundación “El Arte de vivir” puedo asegurar que la directora es muy puntual y el que llega tarde se pierde del delicioso conocimiento que se comparte con los madrugadores. Seguiría enumerando varias asociaciones que están dando su 100% para mejorar, pero más me vale que me apresure a enviar este artículo para mis queridos lectores, pues no quisiera incumplir el plazo e irónicamente, quedar como la más impuntual.
Annabel Miguelena
[1] Tipo de respiración utilizada en yoga, conocida también como respiración victoriosa o del sonido del mar.
