
Hugo Fabel, Rafael Vilches, Frank Castell, Eduard Encina y Yunier Riquenes, en el obelisco a José Martí en el cementerio de Remanganaguas.
Hace poco publiqué un artículo sobre la sepultura del Corazón de José Martí en el sitio digital de Cubanet, y Jorge del Río me escribió el siguiente mensaje que quiero compartir con ustedes los lectores de OtroLunes:
Hola Vilches: Muy interesante tu artículo, me pareció un trabajo investigativo muy importante, y copié el texto en la página de Geógrafos Cubanos, tuvo muchos comentarios interesantes, la inmensa mayoría de los cubanos ignorábamos este detalle de la historia.
Algún día a todas estas curiosidades, se le podrá dar un orden en nuestro país y sacar con ellas a relucir la importancia de cada rincón de nuestra isla. Leía tu artículo e imaginaba procesiones de estudiantes y activistas, recordando en una marcha anual al corazón de Martí, imaginaba mucho más y allí también veía religiosos y turistas aglomerados alrededor del mito de las palpitaciones del corazón, es decir veía todo un potencial histórico-turístico en Remanganagua.
Siempre he comparado nuestra isla con otros lugares donde los más inimaginables recursos son utilizados y aprovechados para cultivar todo una economía sustentable alrededor de ellos. Recursos que van desde una tradición religiosa hasta mitos inventados o hechos concretos, pero que todos en general guardan para la población un amor particular.
Un Saludo. JDR
Hagamos votos para que se cree una conciencia lo suficientemente capaz de visibilizar el sitio y su importancia, y se le dé la debida grandeza que merece. Historia que todos merecemos conocer desde que tenemos razón y conciencia. Yo también la ignoraba hasta que el poeta Eduard Encina junto a un grupo de amigos me hizo chocar con el hallazgo. Me gustaría que desde La Habana hasta Remanganagua por toda la Carretera Central y la Autopista se hiciera referencia al lugar donde está enterrado el Corazón de la Patria. Antes los poetas hacían procesiones todos los 19 de mayo hasta la tumba donde se encuentra latiendo el alma del Apóstol. Los niños de todas las escuelas cercanas y los pobladores de Remanganagua iban hasta el Cementerio a limpiar de malezas la tumba y a llenarla de flores. Ahí vibra aún lo más íntimo, hermoso y sagrado de José Martí.
Me estremece pensar, sentir el estremecimiento de los otros la mañana del 17 de mayo, cuando el grupo de artistas y escritores que éramos llegamos a ese lugar sagrado del país, a rendir Homenaje al más grande de los cubanos.
17 de mayo, día hermoso para mí, por ser el cumpleaños de mi madre, el día contra la homofobia, día del campesino. Allí yo era el único hijo de mi madre, un montón gay, casi todos campesinos. Así que el homenaje al Maestro fue todo un rictus de respeto y armonía. Nos acostamos en la tierra frente al Obelisco como antaño lo hacían los caminantes que llegaban en procesión para escuchar latir el corazón del poeta, el patriota, y pedir por y para la Patria toda la luz.
Hay que hacer mucho ruido, el necesario para que este sitio alcance el justo y merecido lugar en la historia de Cuba, para que sea un territorio obligado para el que pase por Contramaestre.
Es el mito de una Nación. La nuestra. Remanganagua, lugar de cita para sentir toda una época, un momento glorioso, único para el cubano.
Cuba es mágica, maravillosa. Y esta no es una historia inventada.
Pronto otros amigos sacarán a la luz pública trabajos haciendo referencia a ella. Este es el mío.
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El corazón de la Patria está enterrado en Remanganagua
A Remanganagua se llega desde Contramaestre por el Camino de la Isla, y nos recibe su Campo Santo. Lugar sagrado para el cubano. Sitio que hace 119 años custodia las vísceras del Maestro.
– Muchacho, ponme un trago, que maté al Presidente, le grita el cubano Chino Oliva al niño de 13 años Jaime Cabó Sánchez, es 19 de mayo de 1895.
Cuenta Daisy Cabó, la nieta de Jaime que su abuelo le relataba que luego por la noche llegaron con el cuerpo inerte de José Martí atravesado en el lomo de una mula.
Por esos días un señor muy alto estuvo grave, y el médico que habían ido a buscar a Baire en cabalgadura, les dijo a la familia: Preparen los servicios funerarios, que aquí no hay nada qué hacer. Pero el hombre se salvó, no quiso morirse, y la familia donó el féretro para enterrar en él a Martí. El carpintero Pedro Ferrán Periche tuvo que achicar la caja, adaptarla a la medida del cuerpo del Apóstol. Ana García la esposa de Periche donó un traje de murato negro para forrar la caja y que no lo enterraran en la tabla pelada.
El apóstol fue sepultado sin ceremonia alguna en la madrugada del 20 de mayo en el cementerio de Remanganagua, donde su cuerpo permaneció seis días. Al cabo de ese tiempo los españoles vinieron con el médico forense que le hiso la autopsia, y dejó en la sepultura las vísceras del más grande de los cubanos, se llevaron el cuerpo vacío, en una mula por el Camino de la Isla hacia la Necrópolis de Santa Ifigenia en Santiago de Cuba, iban huyendo a una columna cubana que se acercaba, para que no rescataran el cadáver del Maestro.
El Primer Teniente del Ejército Constitucional durante la “Republica Mediatizada” Rafael Aguilera desarrolló una ardua acción para levantar un humilde obelisco, que fue inaugurado el 28 de enero de 1942.
Los poetas que visitan el Campo Santo ponen el oído en la tierra para sentir el corazón de José Martí que late para siempre en esta tierra.
El Cementerio de Remanganagua no es Monumento Nacional. No hay señalización que indique el lugar. Los cubanos no saben cómo localizar la Casa del Corazón de Martí. El trazado no contempla calles ni pequeños accesos. Llegar desde cualquier parte de Cuba hasta el obelisco resulta agotador.
El pueblo es una aldea más de la isla. Solo un grupo de poetas, soñadores, hacen lo imposible porque este lugar no siga siendo olvidado y renegado de la geografía cubana. Sueñan con que al menos arda una Llama Eterna, y se levante un conjunto monumentario en homenaje al Apóstol.
Actualmente este sitio sagrado está abandonado, no es debidamente atendido y señalizado. A las autoridades oficiales les importa un rábano. El dinero de las Arcas del Estado no está disponible para honrar, visibilizar, e iluminar el Corazón de la Patria.