Volví a México después de muchos años. Nada era igual. Volví a Santiago de Chile. Hace unos días tomé un bus en la ciudad sin destino determinado. Caminar frente a un parque al lado de un río de aguas servidas repleto de basura en una población perdida me hizo sentirme en México de nuevo. Nada es igual. Cuando llegué a Santiago la primera vez volví a Chile después de muchos años. Cuando volví a México volví a la población donde crecí. Las poblaciones en Chile son los lugares de los más pobres. Yo era pobre. Yo soy pobre. Ya no vivo en ninguna población. Los pobres son los más ricos. Siempre. La población donde crecí en México es insignificante. Yo soy insignificante. Homero era insignificante. Odiseo no lo era. La insignificancia radica en la geografía. En algún punto de la historia Nueva York fue insignificante. Mi población es insignificante. Por eso no la nombro. México es insignificante. Incluso nombrándose. Quizá la geografía sea la insignificante. Latinoamérica no es geografía. Los lugares de dónde venimos son insignificantes para el resto de nosotros. Volver insignificante el mundo se trata la poesía. Quizás. La poesía es insignificante. Nada era igual. La poesía nos hace insignificantes. Volver y no volver. Defender sin defender. El poeta es insignificante. Dios es insignificante. Cuando veo la ciudad veo lugares. Veo sitios arrumados al azar. Cuando veo la incompletitud de Santiago veo también mi población. La población es el lugar de los pobres. Todos somos pobres en Santiago. Santiago es incompleto porque no tiene el lugar donde yo crecí. El lugar donde nací es insignificante porque es el país más pequeño de América. Centroamérica y Norteamérica y Sudamérica juntos. Yo contengo esos tres espacios geográficos. Los contengo en la sangre. Los contengo en la piel. Los contengo en el corazón. Yo soy insignificante. Volví a México. Volví a San Salvador. Volví a Santiago. Volver es la verdadera ubicuidad. Eso lo sabía Whitman. Whitman era un hijo de puta racista. Vallejo lo describió perfectamente en los “Heraldos negros”. Hay golpes en la vida. Vallejo era igual de insignificante que Allende la tarde que bombardeamos La Moneda. Borges era otro insignificante en su biblioteca. Cantó a Buenos Aires cuando no se le decía Baires. En ese entonces Baires era insignificante. En Chile la poesía es tan insignificante que no hay poetas. Todos los poetas chilenos son un poeta. Valparaíso es el mejor poeta chileno. Volví a México después de muchos años. Volví insignificante.
Lo insignificante
Antonio Cienfuegos
