Una característica de esta muestra especial es que también se lee, si se desea, como un solo poemario, de punta a punta: emerge una singular y vibrante arquitectura empalabrada. El criterio de selección ha sido lúdico a la vez que lúcido, y en este serio juego se ha logrado reunir poesía actual, en un fluir sorprendente de meandros, como un río caudaloso con sus raudales y remansos. Son 14 las poetas que, cada una a su libre albedrío, escogieron en su momento unos doce poemas para esta publicación, algunos inéditos para la fecha. „Ordenadas“ únicamente por fecha de nacimiento, las poetas de la muestra varían en sus períodos de publicación, extensión de obra y, naturalmente, en sus apuestas; algunas cuentan con obras que se pueden tildar de completas, aunque siguen produciendo, mientras otras con más breve aunque contundente presencia pública, todas en pleno desarrollo y con distintos premios y distinciones en su haber.
Claudia Sierich
–**–
María Clara Salas
(Caracas, 1947) /
Cerros
el tiempo da vueltas en su cárcel
lentamente las flores se pudren
la luz deja caer silencios y ruidos cotidianos
dentro de las cosas se mueve la brisa
cómo podrán los creyentes volar de su suelo
quisieran postergar el momento de irse
ninguno de ellos recuerda el paraíso
difícil es imaginar cerros más verdes que éstos
la tierra comienza a calentarse
revientan
al caer de golpe
los frutos
–**–
Cecilia Ortiz
(San Casimiro, 1951)
Extravío
Estoy escondida
perdida de mí misma
Es grave descubrirse
escondida
y no poder encontrarse
–**–
Belkys Arredondo Olivo
(Caracas, 1953)
EN UN MAR de vajillas rotas
Encalla un barco
Tiene el fulgor saeteado
Una furia sostenida
Lo transforma en belleza
Y el cuerpo vuela.
La muralla del viento
Lo devuelve al piso
Inútil.
–**–
Yolanda Pantin
(Caracas, 1954)
Canción de cuna a la muerte de Brentano
Sé pequeño
sé un grano en el jardín
el niño con el aro sobre el muro
Sé la fiebre
y la muerte
Ama a tu madre por encima del mundo
pálido y helado
¡Oh bosques! ¡Oh murallas!
¿Habéis visto fuego mayor en el desierto?
–**–
Edda Armas
(Caracas, 1955)
El dedo de oro
El dedo de oro señala la costilla que me duele,
agujero por el que has salido de mi vida.
También la zanja donde habremos de enterrar
algunas cosas, esas que quedan rezagadas
dispersas errantes silentes a la espera
sin lugar quizás donde desatar la furia
aguardan diminutas algunas veces atadas a
la espalda. Cabrían allí mismo, digo ahora,
las cartas escritas nunca enviadas. Bellas
durmientes trajeadas con espinas de lo espeso.
El dedo de oro no lleva anillo
desmiente o afirma, testigo inclemente
como es, de la canción desafinada.
–**–
María Antonieta Flores
(Caracas, 1960)
Holgar
deme usted
la punta de su lengua
palpitación
de su deseo
un leve sangrar en las membranas
que cada latido se detenga en mis labios
en los cuerpos se adentre la noche roja
váyanse las hadas
sólo los encantos habiten los rincones
un sonido mínimo de pequeñas sonajas
deje espacio
cuerpo en cuerpo
que la pulga una las sangres
que la piel desaparezca
mi mano acaricie el agujero de su corazón
arranque los hilos que me sostienen
no diga yo basta ni acabe
seánme despojados los poderes
no arroje más estrellas ni palabras
sólo gima y arda
revelado el nombre a mí y su fuego
hasta que la garganta no tenga sonidos
–**–
Patricia Guzmán
(Caracas, 1960)
¿POR QUÉ EL AIRE está lleno de almas?
Si no me responden voy a arrastrar la flor de lis
Si no me responden voy a arrastrar la flor de lis
Sé que son muchas las formas del enigma
Sé que debo cuidar de lo débil
Cierta vaguedad hay en la inocencia
Los inocentes apuran el sufrimiento
¿Quién les habrá dicho que las rosas crecen, no viven?
Las mentiras deben ser grandes
Las mentiras deben tener la arquitectura de lo sagrado
Así las flores pueden crecer hacia arriba
Así los ojos pueden crecer hacia arriba
Así nos soñamos a nosotros mismos
Canto, canto de augurio
–**–
Sonia Chocrón
(Caracas, 1961)
Laberinto de faunos
Hay luz
agua
y un lecho cálido
pero no hay salida
–**–
Claudia Sierich
(Caracas, 1963)
Inocente
Qué hacemos con lo que a nosotros
regresa como si fuera un recuerdo.
De lo que sabemos, qué hacemos.
Cuando nos damos la vuelta y vemos
y estamos vivos. Para ahuyentar
o con los ausentes. Separar semillas,
qué de palabras, qué haremos.
Y dios llama, lanza llamas,
arde arbustos: miren, crear quiero
algo nuevo emerge ¿que no lo ven?
–**–
Gabriela Kizer
(Caracas, 1964)
Esa tarde
tiraron una piedra al transporte escolar desde la calle.
Te cayó en la cabeza.
Apenas hubo sangre, el chichón en el cráneo
y aquella maestra gritando que pudiste haber muerto.
Quedaban por delante arduos esfuerzos para las matemáticas
y el entendimiento fugaz.
Pero a ella te ha tomado medio siglo comprenderla.
–**–
Jacqueline Goldberg
(Maracaibo, 1966)
La dificultad de la poesía radica en el vientre.
En toda la vejez que cabe en un vientre.
Temprano supe que una masacre me cambiaría la voz,
como ocurre a quienes vislumbran por vez primera la mar:
dulce desquiciamiento.
–**–
Gina Saraceni
(Caracas, 1966)
CUANDO LA NIEVE cae
queda suspendida.
Algo permanece flotando.
Nunca llega a tierra.
Se evapora.
No se sabe
a dónde va ese copo
que se extingue
dejando en el aire
su peso tardo y leve.
Cuando estiras la mano
es el frío lo que tocas:
la lejanía
–**–
Carmen Verde Arocha
(Caracas, 1967)
Arrodillada
creyéndome álamo desnudo
y con el peso del cielo.
Un charco de junio
busca mi rostro,
se burla igual que los muertos
de mis manos.
Una soledad larga y cercana
como una cruz de mayo
es mi adiós.
Estoy sola con mis voces,
con los gestos que viven de lo añorado,
en este barro que me hace feliz.
–**–
Eleonora Requena
(Caracas, 1968)
Las vergüenzas
el sudor sus injerencias los talones crines
moldes para hacer y deshacer genuflexiones flancos entrepiernas
brotes chifladuras y pelajes lunarejos importunos
grietas y candores
leche de astrolabios articulaciones babas
estertores agrio olor de manos
surco anquilosado don de esponja
Todos adefesios de este cuerpo
impune atribulado













