José Lorenzo Fuentes o el misterio como leitmotiv

Sobre su vida y obra

Sindo Pacheco

Sindo Pacheco, escritor cubano.

Sindo Pacheco, escritor cubano.

Estaba en un evento de jóvenes narradores en La Habana, a finales de los ochentas, cuando en compañía de Jorge Luis Arzola, llegué al Palacio del Segundo Cabo y allí me encontré a mi amiga, la poetiza Cora Ramírez, que trabajaba entonces en la editorial Letras Cubanas. No recuerdo en qué momento de nuestra conversación salió a relucir el nombre de José Lorenzo, asociado con su libro de cuentos Después de la gaviota, que tanto Arzola —excelente narrador, hoy residente en Alemania— como yo, habíamos leído y por cuyo autor sentíamos una profunda admiración. Para sorpresa nuestra, Cora nos dijo que José Lorenzo era tío suyo y que podía conducirnos a su casa, muy cercana a la de ella, en El Vedado. Le dijimos que hablara primero con su tío a ver si nos podía recibir; pero ella nos aseguró que ya estaba decidido, que pasáramos por su casa, que esa noche nos llevaría ante el escritor.

Así lo hicimos en compañía del poeta villaclareño Juan Carlos Recio. Y por primera vez conocimos al hombre detrás del escritor, que resultó ser un conversador insaciable, idéntico a cada uno de sus narradores, con el misterio flotando en cada una de sus intervenciones. Vivía en un pequeño apartamento, acompañado por su esposa Lida, una anfitriona increíble que, entre tazas de café y copas de vino, no nos dejaba marchar cada vez que el reloj emitía sus urgencias. Entre anécdotas, cuentos, relatos de la vida, y de la literatura sentimos las primeras guaguas del amanecer ronroneando su presencia por las calles habaneras.

Si voy a mencionar algún elemento que unifica la obra de José Lorenzo diría que es el misterio. No importa los temas que aborden cada uno de ellos, si son fabulosos o fantásticos, hay siempre un enigma, un entresijo flotando en el hilvanar de las palabras: el misterio como forma de lo inesperado o de lo predestinado, el misterio como reflejo de la vida misma. ¿Y acaso no es la vida, o lo vivo, el misterio más insondable para el hombre…?

Otra cosa en común de su obra es que el lector no abandonará la lectura hasta el final, cosa un poco olvidada en estos tiempos digitales.

José Lorenzo Fuentes sabe lo que quiere y cómo lograrlo. Envuelve al lector con varias oraciones seductoras, lo provoca con el misterio siempre alrededor, y luego, tomándolo del cuello, lo sumerge en la lectura hasta que, finalmente, lo deposita al otro lado del punto final, pero metido en otra metáfora que ha escapado del relato hasta la imaginación de quien lo lee.

Ahora recordaba que en aquella conversación inicial con el autor allá en La Habana, me había dicho: No escribas cosas tristes que luego te pasan. Y dejó esa profecía misteriosa rondando mi cabeza. Todavía actualmente, cuando voy a abordar algún asunto escabroso, evoco aquella frase como si estuviera conjurando un maleficio. Tampoco he sabido si José Lorenzo es tío o no de Cora Ramírez (se sabe que uno tiene una familia natal, y otra que va haciendo en el camino); y ese misterio, como agradecimiento a mi amiga, también lo dejo en el terreno de lo misterioso.